lunes, mayo 09, 2011

¡Silencio!: más cumbia, menos balas

Pocas veces he visto la Calle del 17 de junio, la Straße des 17. Juni, tan silenciosa como este domingo 8 de mayo.

En ese tramo que ocurre entre la Columna de la Victoria (Siegessäule) y la Puerta de Brandeburgo, me ha tocado vivir ruidosas protestas, como la última contra el uso de la energía nuclear. También he visto conciertos, como el Live 8; he seguido escandalosos maratones, como en el que participó Roberto Madrazo; y he visto desbordes nacionalistas por el tercer lugar de la selección alemana en el mundial del 2006. Gritos, pujos, emociones, saltos, chiflidos. Pero este 8 de mayo la historia fue diferente.

Un grupo de unas 250 personas, en su mayoría mexicanos, salió a marchar en solidaridad por el movimiento por la paz en México. Una marcha que fue en silencio, un silencio de 250 personas que se hizo apabullante en un lugar donde el ruido es lo más presente. Y no fue fácil. Por momentos parecía que no podría durar, pues silencio poco dura, el silencio molesta, incomoda, y se rompe muy fácil. 

La policía bloqueó uno de los carriles de esta calle (que es más avenida que calle, como originalmente dice su nombre), en el tramo que va de la Columna de la Victoria a la Puerta de Brandeburgo. En un día normal, cualquier peatón recorre ese tramo en unos 10 o 15 minutos. Este domingo fue una hora. Una hora de 500 pies uniéndose a la marcha que se hizo en México y en otras ciudades, una hora de silencio que tomó el significado de tres palabras en español o en alemán: no más sangre, kein Blutvergiessen mehr. Amarradas a esas palabras estaba el pesar de los amigos degollados de una calaca marchante (la de la foto), o los sustos de un michoacano que escuchó, sintió, vivió el granadazo de Morelia aquel 15 de septiembre, o el sufrir de los familiares de una nayarita que, de milagro, sobrevivieron a un fuego cruzado.

Pero esta marcha no sólo es para el gobierno de México, sino para todos los mexicanos que están atrapados en una parálisis accionaria. Y aquí retomo las palabras de una colombiana que participó: “Me recuerda mucho a mi país. Con tanta violencia uno llega a acostumbrarse y se pierde el valor de la vida. En México son 40 mil muertos y no hay que quedarse con los brazos cruzados”. 


© Alejandro Moncada


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