martes, noviembre 15, 2011

El escape de los poetas mexicanos al narco literario


El poeta mexicano Luis Alberto Arellano
Foto: Instituto Cervantes Berlín

En la literatura, el narcotráfico ha ganado por años un terreno: la glorificación. Y por eso un grupo de poetas mexicanos está creando un decálogo con el que se busca franquear ese terreno y poder describir una realidad que afecta a millones de mexicanos.

El poeta mexicano Luis Alberto Castillo (1976), nos cuenta unas impresiones: “Hay que combatir la glorificación del narco. Las primeras novelas del narco, hechas ya hace unos 10 años, han tomado esa postura. Difunden una cultura del narco”.

Él estuvo en Berlín junto con otros poetas mexicanos y latinoamericanos como parte del Sexto Festival de Poesía Itinerante “Latinale”, del que ya mencioné en una pasada entrada uno de los lugares donde se presentaron, el Eis 36 de Kreuzberg.

Este decálogo del que hablo no se trata de un conjunto de reglas escritas en piedra, sino que son protocolos hablados con otros colegas mexicanos y que han ido evolucionando de manera constante. Eso sí, la regla principal, según el poeta mexicano, es “evitar dos cosas, la ambigüedad y tomar posición”. Después hay que evitar limitar los textos al imaginario del narco; no nombrarlo directamente; y no hacer apologías.

“En suma: no hay que hacer una fiesta del fuego y la sangre que se vive en el país”, dice Luis Alberto Castillo, quien para sacar este decálogo se ha reunido, entre otros, con los poetas mexicanos reconocidos Julián Herbert y Sergio Ernesto Ríos. Pero también lo ha hablado con los participantes en el Latinale, Benjamín Moreno, Maricela Guerrero y Minerva Reynosa.

Como ejemplos de novelas que han caído en la glorificación del narco está la de Balas de Plata, de Élmer Mendoza. El caso contrario, alguien que ha sabido franquear bien el terreno, sería para el poeta mexicano el escritor connacional Yuri Herrera.

“Es muy fácil caer en la glorificación. Somos un país con poco respeto al Estado porque, cuando no es por el descuido hacia la ciudadanía, es la violencia la que toma lugar. Y siempre tendemos a apoyar a quien se le opone, como el narco”, explica el poeta mexicano.

La violencia no sólo es la guerra contra las drogas y el narco, sino que el mismo espacio vital que el Estado le va quitando a sus habitantes. Con esta idea se refiere al hecho de que uno deja de visitar festivales, ir a ciudades y compartir, en suma, la cultura. En Ciudad Juárez, según cuenta, la actividad cultural está “reducida a cero”, “y es muy violento que en un país se te reduzcan esos espacios”.

Luis Alberto Castillo escribió ya un poemario que nombró Bonzo, como los monjes budistas que se inmolan, pero que todavía está esperando editor para ver la luz (ái por si alguien se apunta).

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