martes, diciembre 18, 2012

¡Santos zorros y murciélagos rabiosos en Berlín!



En mi pueblo era normal ir al médico si un perro te mordía en la calle. Había más probabilidades de contagiarse de la rabia. Vacuna y listo. Pero en este pueblo berlinés no habría visto razón para ello… hasta que un perro me mordió.

Ahí en ese barrio de cepa izquierdista-turística llamado Friedrichshain vi un Jack Russell. El pobre estaba atado a su correa afuera de un supermercado. Y digo “pobre” porque ya había caído la noche invernal. El perro temblaba de lo que yo diría era frío e incluso levantaba una pata trasera, como para –yo diría—evitar tocar el suelo congelado. Todo el tiempo veía hacia adentro del súper en búsqueda de su dueño. Yo diría. Me dio tanta lástima que quise acariciarlo para tratar de transmitirle calma y calorcito. Ajá. ¡Error! El mostro me soltó dos mordidas, una que no le atinó a mis dedos acariciadores y otra que dio en la espinilla. En realidad no dolió, sólo fue el susto de ver cómo un pobre perrito podría transformarse en el mostro más grande del mundo.

En la noche me comenzó a doler un poco más la herida. Preocupación. Internet. Dos, tres lecturas. La rabia puede manifestarse hasta meses o años después. Una vez los síntomas, no hay vuelta atrás, muerte en un 99 por ciento. La única posibilidad: vacuna en las siguientes horas después de la mordida.

La Organización Mundial para la Salud de los Animales declaró a Alemania libre de rabia en 2008, eso fue lo que leí en internet. Pero ¿cómo estar seguro? ¿qué tal que el perro era importado? ¿o andaba de turista? ¿o acababa de contaminarse? ¿qué tal vivir por meses o años con la idea incubada de que la rabia afectará mi sistema nervioso en algún momento? La Wika se súper alteró y de una patada me sacó de la cama a la una de la mañana para mandarme al hospital.

El médico que me vio, como tres horas después (eso de “urgencias” es un pleonasmo en Berlín y en el resto del mundo) ni se inmutó. Lo primero que hizo fue preguntarme por la vacuna del tétanos; lo segundo fue navegar en internet e imprimirme una hoja donde dice que “la Organización Mundial para la Salud de los Animales declaró a Alemania libre de rabia en 2008”, o sea lo mismo que yo había leído; y lo tercero fue decirme que la única forma de contagiarse de rabia en Berlín es por medio de murciélagos y, más remotamente, por zorros. ¡Murciélagos!

Esta ciudad se está poniendo cada vez más gótica. Mientras tanto en el patio de mi casa merodean unos zorros. La idea de la rabia me persigue.

Buena idea proteger a los animales de abuso sexual, aquí un post en otro blog al respecto.

jueves, diciembre 13, 2012

Ultras alemanes reniegan el futbol "moderno"


El silencio de los fans duele mucho más que mil palabras, algo que los alemanes han podido comprobar en los estadios de futbol con una singular protesta conocida como "12:12".
 
Y es que la fanaticada ultra de Alemania está molesta. La política quiere instalar más seguridad en los estadios. Con ello el futbol alemán se estaría convirtiendo en un futbol "moderno", sin ambiente en los estadios, casi como en tenis.
 
“Quieren que prácticamente seamos un público como en el tenis, callados y viendo el balón de un lado a otro”, dice Philipp Markhardt, vocero de la iniciativa "12:12", que lleva el lema "Sin voz, no hay ambiente" (Ohne Stimme, keine Stimmung).
 
Todo comenzó por una propuesta de la Confederación Alemana de Ministros de Interiores que busca lograr más seguridad en los estadios de futbol de Alemania y que fue aprobada por la Primera y Segunda División de la Bundesliga este 12 de diciembre (por eso lo de 12:12).
 
“Además de la policía, los clubes deben de tener la responsabilidad completa de la seguridad en un estadio durante un partido de futbol”, señala la propuesta llamada “Experiencia segura en los estadios”. Con esto se daría a los policías mayores atribuciones y las barras verían reducidas muchas ventajas que tienen hasta ahora.
 
Por ejemplo, con el nuevo concepto de seguridad un fan podría ser desnudado en la entrada para evitar que pase objetos filosos, cristal, fuegos artificiales, o banderas con asta muy larga, entre otras cosas. Los policías también podrán vigilar los estadios con cámaras de seguridad y tendrán en general más "poder".
 
Además los clubes deberán de reducir los boletos en contingente para las barras así y comenzar a reducir las áreas donde se está de pie en un estadio, poniendo asientos con boletos más caros.
 
“Esto va en contra de los derechos y el valor humano de los fans. Ni los clubes serán verán beneficiados con ello. Y si un club reniega de las medidas, le comenzarán a quitar ganancias de sus transmisiones en televisión”, señala Markhardt.
 
Las autoridades se escudan en el hecho de que el futbol alemán está en peligro. Más de 11 mil aficionados serían violentos. En un año las agresiones habrían aumentado un 17.5 por ciento.
 
El experto en futbol alemán, el periodista Daniel Martínez, ve en la justificación una exageración. Las cifras estarían siendo manipuladas para "crear miedo en búsqueda de medida coercitivas".
 
“(Los 11 mil fans agresivos) no conforman ni siquiera la quinta parte de todo el aforo del Allianz Arena en Múnich (...) pero sin duda no hay que mirar a otro lado cuando los neonazis utilizan las tribunas de los estadios para su propaganda, tampoco se debe tolerar la agresión física, verbal o moral contra las aficiones contrarias”, dice Martínez en su blog Futbol Alemán.
 
Por ello, los ultras alemanes han anunciado que seguirán con la protesta del 12:12, que ya venían surtiendo efecto en los jugadores. La protesta tiene el objetivo de callar los primeros 12 minutos y 12 segundos. Originalmente era algo que sólo harían los ultras, las barras bravas, los fans de corazón, pero en realidad se fueron sumando todos los fans de los diferentes estadios de la Primera y Segunda División. Tribunas calladas, sin ruidos ni cantos. Sin ambiente.
 
¿Cómo actuar de cara al futbol vigilante, sigiloso, "moderno"?

viernes, diciembre 07, 2012

Burocracia: Alemania vs. México

 
 
La mujer es determinante: la carta que quiero obtener del Deutsche Bank me cuesta 42 euros. Se trata de una hoja con un párrafo donde se lea que la institución asegura que alberga una cuenta a mi nombre, acompañada de dos firmas.
 
Estoy en una sucursal del Deutsche Bank en Berlín. Por mi pregunta, la mujer tuvo que recorrer dos oficinas y hablar con cuatro personas. Todo el banco se enteró que un mexicano quería una carta donde se confirmaran los datos de su cuenta.
 
Después de unos minutos, la mujer llegó de nuevo a su púlpito de servicio al cliente. Sacó unos papeles, eran una especie de manual de uso. Encontró un párrafo, se ajustó los lentes a la punta de la nariz y me leyó en voz alta: “el costo de un documento expedido por el Deutsche Bank para confirmar datos personales es deeee… -deslizó el dedo hasta el extremo derecho del párrafo-- …de 42 euros”.
 
Me la quedé viendo. Le arqueé mis cejas y le mostré toda la órbita de mis ojos. ¿En serio? Le pregunté. ¿42 euros por una carta que me pueden hacer en dos minutos? Le dije. Ella se reajustó sus lentes, me miró y me dijo, claro, mire, se trata de una carta… ¡hay que escribir algo y eso no lo hace una máquina! Además, ¿sabe?, una vez escrita hay que buscar, no sé, una, seguramente dos firmas. ¡42 euros se justifican! Me replicó.
 
En un nivel un poco más humano, la mujer me preguntó para qué quería esa carta, si para entrar a mi país o para qué. ((¿¿¿¿¿?????)) Y procedí a contestarle, pues mi respuesta era mucho más surrealista que su pensamiento:
 
Mire, le dije, como podrá notarlo, soy extranjero, y trabajo como periodista para medios de mi país. En estos ocho años que llevo en Alemania me ha ido bien con mis colaboraciones, últimamente con el tema de la crisis financiera. Pero ahora colaboré para una nueva editorial que para pagarme me pide no sólo los datos de mi cuenta en el extranjero, sino que una carta del banco al que pertenece esa cuenta para confirmar que ésta está a mi nombre.
 
¿Capito?
 
Ahora ella me arqueó sus delgadas –o pintadas- cejas y me enseñó el lado lunar de sus órbitas oculares.
 
La extrañeza por mi explicación nos unió y ambos pisábamos ahora el mismo suelo. ¿Qué, de verdad le piden eso? Me dijo, y continuó: Pues dígales que esa carta le cuesta 42 euros y que con eso usted perdería una gran parte del pago que espera. Muéstreles un estado de cuenta, ahí viene su cuenta, su nombre y nuestro logo, agregó. Y paso siguiente: me imprimió un estado de cuenta (sin costo alguno).
 
Entregué mi estado de cuenta a esta editorial mexicana para gestionar mi pago y les dije lo que esta mujer me recomendó. Y en la editorial no me hicieron más preguntas… de ese tema. El siguiente correo electrónico fue para pedirme mi número de impuestos (que no sirve para nada en un pago de México a Alemania).
 
El tercer correo fue para decirme que quieren un comprobante oficial donde se diga que se me asigna ese número de impuestos.
 
Mein Gott!

sábado, diciembre 01, 2012

De cómo un aguacate del narco podría llegar a Berlin



“Cuidado, ustedes podrían ser clientes del narco mexicano”, dice Ana Lilia Pérez a un público alemán en Berlín. La periodista y escritora mexicana no se refiere a que los jóvenes pudieran hacer algo tan obvio como fumar mariguana o inhalar cocaína. No. Se refiere al consumo de productos de los que –por su clasificación como productos básicos, quizás- no hay una conciencia de la proveniencia que pudieran tener, como el aguacate.

Ana Lilia Pérez está en una ponencia en la fundación Heinrich Böll, un “think tank” del partido político alemán Los Verdes. Es sábado por la mañana, el primer día de presidencia de Enrique Peña Nieto, pero el segundo día del congreso llamado “México: ¿Estado de Derecho?”, un congreso realizado justamente para pensar en lo que conlleva la transición de poder en México.

Además de la lapidaria frase sobre el primer día del nuevo presidente de México, que golpea a los mexicanos presentes, Ana Lilia Pérez hace que los berlineses presentes también se acomoden mejor en su silla al mencionar el posible clientelismo de alemanes que ayudaría a alimentar alguno de los varios negocios del crimen organizado mexicano.

“En Michoacán, la tierra de Felipe Calderón, el cártel de La Familia tiene dinero en empresas que venden minerales a Asia y en agropecuarias que venden frutas y aguacates a todo el mundo”, dijo Ana Lilia Pérez, mostrando documentos del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en donde se ve una relación de los cárteles con las empresas mexicanas o estadounidenses con las que están ligados.

La periodista advirtió: “Así que cuidado con comprar aguacates de México la próxima vez, porque podrían ser de una mafia”.

El ejemplo de los aguacates es solamente uno. En Estados Unidos hay varias empresas que están acusadas penalmente de comprar hidrocarburos ilegales. Estos hidrocarburos son robados por los cárteles –Los Zetas y el del Golfo—y vendidos a las empresas estadounidenses. Los cárteles pasarían hasta centenas pipas cargadas de hidrocarburos por la frontera mexicano-estadounidense. Para muchos alemanes esto suena a ciencia ficción, pero Ana Lilia Pérez lo documenta todo en su libro “El cártel negro”, uno de los libros que han materializado sus investigaciones de 12 años sobre las ligas de corrupción de la paraestatal mexicana Petróleos Mexicano, PEMEX.

Entre las empresas acusadas penalmente la periodista mexicana encontró a una alemana, BASF. Ella muestra el documento de la demanda penal en una corte de Texas y dice que la misma empresa, como las otras, habrían admitido estas compras. Esto llevaría a pensar que tanto los productos de BASF como de las otras empresas estarían siendo fabricados con productos del crimen organizado mexicano.

“Y atrás de cada acto ilegal de los grupos organizados hay decenas de secuestros, torturas y muertes”, dice Ana Lilia Pérez.

Lo que dice la periodista mexicana la ha llevado a tener persecuciones y amenazas de muerte, por lo que ahora vive temporalmente en Alemania. Y sin embargo esto no es nuevo en el mundo. El Libro Negro de las Marcas, hecho por dos periodistas alemanes, documenta cómo organizaciones transnacionales --como Nestlé-- se hacen de materia prima con métodos ilegales y que atropellan los derechos humanos. El Choco Milk no sabe de la misma forma después de leer este libro.

Quizás el caso más ejemplar y actual es también el de los teléfonos celulares. Hechos con coltán, entre otros materiales, los teléfonos celulares de ahora tienen la base en un mineral que se consigue sobre todo en la República del Congo y que ha llevado a la pelea entre mafias, a la explotación de personas y a la muerte de muchas otras.

“En la reciente visita de Enrique Peña Nieto a Alemania como parte de su trabajo de transición, vino a hablar de dos temas con la canciller Merkel: uno es el mencionado acuerdo de seguridad entre los dos países, pero el otro es el de la posibilidad de invertir en PEMEX. Y los alemanes ya deben de saber cómo funciona la paraestatal”, dice Ana Lilia Pérez.

Habrá que mantener un ojo abierto en la próxima Fruit Logistica en Berlín, la feria de productos agropecuarios del mundo, donde están presentes muchos de México... y de Michoacán.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...