miércoles, agosto 28, 2013

Lugares secretos - Dinosaurios en el parque de diversiones

El Spreepark de Berlín
Muchos parques de diversiones son temáticos. Eso es lo que atrae a niños y familias enteras. Los juegos mecánicos también. Pero este, el Spreepark en el viejo Berlín del Este, no tiene ni juegos mecánicos ni es temático, es un parque que vive de su pasado.

La hija de los dueños, Sabrina Witte, da la bienvenida. La llovizna de este día de verano hace parecer como si fuera un bosque lluvioso.

El caer de las gotas corta el eco de la voz de Witte. Ella explica que a diferencia de otros parques de diversiones, éste se visita de manera guiada. No hay otra forma.

El Spreepark está cerrado desde hace poco más de una década. Su decadencia comenzó con la caída del Muro de Berlín.

Ubicado en el lado Este de Berlín, lo que en tiempos del Muro era la vieja República Democrática Alemana, el Spreepark era el único centro de diversiones por excelencia de los berlineses socialistas.

Era simple. Tenía de base lo que casi cualquier parque de diversiones: una rueda de la fortuna, montaña rusa, un río salvaje con sus lanchas enrieladas, ratón loco y hectáreas de áreas verdes, entre otras cosas. El Spreepark llegó a ser el parque más grande y moderno de Europa, incluso. Pero de unas semanas a otras se convirtió en lo que es hoy, un lugar que se está comiendo la naturaleza.

Estamos parados en la cabaña que albergaba las lanchas que salían para el río salvaje. Sabrina Witte habla: “este fue uno de los juegos más modernos. Lo hicieron en Francia. Ahora es una de nuestras mayores atracciones por cómo se ve con el lago que lo rodea”.

Dentro de la cabaña, entre los tubos que señalaban la fila de espera de los siguientes aventureros, se ven algunas lanchas volcadas. Están en la penumbra, el detalle se desvanece.

El canal por el que salían las lanchas está seco. Se ve como un tobogán que serpentea entre árboles y sobre el estanque que antes le daba un ambiente de lago, hoy se ve como un pantano.

“Reconstruir todo tomaría años y requeriría millones de euros, y no hay quien los quiera invertir”, dice Witte.
De acuerdo con los planes de inversión, que durante años se han presentado y ningún inversionista se ha animado a hacerlos, el parque requiere más que de poner nuevos juegos.

Las decenas de kilómetros de cables tendrían que hacerse subterráneas. Los tubos de agua y desagüe también deberían ser cambiados. Se requeriría de un estacionamiento más grande que, al menos en la superficie, no se podría hacer porque el parque natural del derredor es área protegida.

“No nos queda más que vivir de los tours que hacemos”, dice Witte.

En la actualidad el Spreepark sólo hace deudas. Cada año se tienen que pagar cientos de miles de en seguridad (no menciona la cifra exacta) y la única forma en que se amortiza es con las visitas guiadas y una feria instalada a la entrada al parque. No atrae a hordas de gente pero cada fin de semana tiene sus visitantes.

Algunos conciertos como el festival “Night + Day” que organizó el 18 de mayo pasado el grupo británico The xx, podrían ser una solución. Una especie de mini Woodstock con varios escenarios (esta vez hubo uno de DJ), pero por alguna razón no hubo más en este verano.

Sabrina Witte es la hija de Norbert Witte, el dueño del Spreepark. Ella, junto con la mamá Pia y la abuela son las que están sacando adelante el parque. Sabrina hace visitas guiadas, la mamá y la abuela atienden puestos de comida en una pequeña feria instalada ahí para atender a los visitantes que van de tour.

La familia Witte ya había comenzado a hacer deudas con la caída del Muro de Berlín. El parque de diversiones en Berlín Oriental ya no era una atracción más. Un mundo occidental se había abierto por completo.

El papá y el hijo Marcel, intentaron comenzar a traficar cocaína. ¿Su método? Transportarla en los juegos mecánicos.

Un día varios de los juegos mecánicos fueron enviados en contenedores a Perú. Empleados y otras personas pensaron que sería para reparación. Pero uno de ellos regresó con unos 167 kilos de cocaína. Marcel, el hijo, fue arrestado en Perú y se encuentra en una cárcel purgando una condena de 20 años por delitos contra la salud. Norbert Witte fue arrestado en Alemania y cumplió su condena de 7 años en presión. Ahora se dedica a la administración de las deudas.

Esta historia la cuenta Sabrina Witte de manera histriónica frente a la gran rueda de la fortuna que corona el parque, con la que mezcla la historia: “La vida de los Witte es como la de la rueda, estuvieron arriba y ahora les toca estar abajo”.

La rueda de la fortuna ya no se mueve. Y a su lado hay tres dinosaurios de fibra de vidrio caídos. Se ve como el fin del mundo. Pero los Witte quizás lo ven de otra forma.


4 comentarios:

Enrique G de la G dijo...

Chida la historia, ya había leído en otro blog sobre este parque pero... Jajaja... Tanto ella como tú cuentan la historia de la decadencia del parque como si fuera por la caída del Muro cuando, en realidad, fue por narquillos. Creo que te tragaste su versión.

Y un detalle: no cualquier parque de diversiones tiene hectáreas de áreas verdes ;-)

Anónimo dijo...

Conmovedor texto, las fotos son muy buenas tambien. Recuerdo cuando me platicaron de ese parque ,justo así lo imaginé.

Yaotzin Botello dijo...

Bueno, yo conté las dos versiones. Y de hecho traté de hacerlo cronológico para no priorizar ninguna versión: las consecuencias de la caída del Muro (entrar a un mundo capitalista fue uno de los acaboses) y luego lo de los narquillos. Eso fue lo más duro. Claro.

Wiebke dijo...

@Enrique

Me acuerdo muy bien como después de la caída del muro ya nadie quería ir al Spreepark. Era sólo una cosa vieja más, que queríamos dejar atrás.

Ahí empezo la decadencia, y no había salida, con o sin cocaína, creo.

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