sábado, septiembre 14, 2013

100 años de puro baile: Clärchens Ballhaus


La primera vez que fui al Clärchens Ballhaus fue hace 11 años, durante mi primera visita a Berlín. Una colega que me quería mostrar Berlín me invitó a bailar tango. Yo no bailaba y mucho menos tango, pero estaba ávido de conocer Berlín en cada esquina.

Al llegar, lo primero que vi fue un edificio en ruinas. Era de noche, pero estaba iluminado. Podría haber parecido más un monumento a un edificio derruido que otra cosa. Ahí íbamos. Al entrar había vida. Se veía como un restaurante viejo con una pista de baile al centro. Música de tango. La gente estaba bailando, los meseros sirviendo comida y cervezas. Mi amiga traía una maleta como las que llevan futbolistas o basquetbolistas. De adentro sacó zapatos de tacón y unas prendas que se fue a poner al baño. “Observa”, me dijo.

De pronto estaba ella bailando con una pareja. Era una clase de tango. Cada quien ya sabía con quién debía bailar. Yo me quedé probando la cerveza oscura del lugar. Muy buena, por cierto. La cerveza o lo aburrido del tango de principiantes me hizo observar el lugar. Una bola de baile colgando al centro del techo. Mesas viejas de madera, cuadros con ilustraciones del caricaturista alemán Heinrich Zille y tiras de papel metálico colgando de las paredes. Viejo, kitsch, pero con mucha vida.

El Clärchens Ballhaus cumplió el 13 de septiembre 100 años de crear un ambiente de baile en el barrio de Mitte, al mero centro de Berlín. Creado cuando estaba comenzando la Primera Guerra Mundial, el Clärchens Ballhaus sobrevivió la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y, hasta ahora, los embates del capitalismo. En 2005 tuvo que cambiar de dueños por el alza de las rentas, que justo en esa época empezaban su auge en el centro de la capital alemana.

Pero el ambiente de baile se mantiene vivo. Cada día de la semana se ofrecen distintos bailes: un día es swing, otro es salsa, otro es chachachá, otro es tango y otro vals. Una hora primero como clases, luego con pista abierta para los que acaban de tomar su clase y para quien quiera. Todo esto mientras los meseros corren y corren llevando pizzas, Schnitzel (milanesas) y litros de cerveza espumosa.

El gran amigo y colega Enrique G de la G tuvo el acierto de describir este lugar como una “gran boda mexicana”, donde viejos y jóvenes, clases bajas y altas, bien y mal vestidos, se juntan mientras las mesas están llenas de comida y bebidas. Los domingos por la tarde también está la gente con sus zapatos de charol.

En definitiva, un lugar para no perderse. Aquí abajo dejo un extracto de una entrevista que hizo el diario FAZ con uno de los empleados más viejos del lugar, Günter Schmidjte, quien trabaja en el guardarropa, le ha dado trancazos a los que se pasan de listos y piensa seguir trabajando hasta que “tenga culo boca arriba”. Aquí la liga en alemán: Artículo en alemán.

-Qué tal señor Schmidtke, qué bueno que pudimos hacer la entrevista.
-‘pera, contigo no hablo.

-¿Por qué?
-Me llamo Günter o “Piernita“, nada de “usted”.

-Desde hace 46 años que estás en el guardarropa del Clärchens Ballhaus, ¿nunca te pareció aburrido?
-En tiempos de la RDA era aburrido, la música y todo lo demás. Pero ahora tá bien. No me caen bien los gringos, pero la música en inglés como AC/DC, Shakira, y la abuela Cher sí. Sólo Madonna me parece muy ordinaria. Se rasca ái el chisme en el escenario, sabe qué es lo que quieres. Eso no lo aguanto.

-Pues en cuanto a la etiqueta, antes también era mejor en el salón de baile, ¿no?
-Antes todos estaban bien vestido. Hasta los años 80 todos llegaban en traje y corbata. Después también con Jeans, pero no rasgados como ahora. Eran faltas de valores después de la guerra haber dejado pasear a sus hijos con hoyos en los pantalones. Y ahora la gente se compra Jeans ya rotos, sólo porque está “in”. Eso no es normal, es enfermo.

-¿Le pones tache a la gente que viene ahora?
-Vienen a bailar tango en shorts, tatuados, cosas en las mejillas y cabellos como de orangután. No puedo ver eso. Yo aprendo tango así: camisa blanca, pantalón oscuro, zapatos oscuros. Debe de haber un poco de estética, también entre los jóvenes.

-Aun cuando la gente se vestía bien en tiempos de la RDA, siempre hubo tiempos salvajes. Los berlineses del Oeste decían que el Clärchens Ballhaus era la “cueva de la gonorrea”.
-No es cierto. Nunca lo fue. Claro que había mujeres fáciles, pero nada de putas. Aquí siempre hubo buena administración. Lo demás son tonterías. En el Oeste siempre dijeron mierda del Este, como si fuéramos subdesarrollados. Y eso sigue sin cambiar.

-Ya llevas mucho tiempo aquí, aunque el Clärchens Ballhaus es un poco más viejo que tú. ¿Cuáles son tus primeros recuerdos?
-En 1945 la guerra estaba acabando. Yo crecí aquí a la vuelta y en un ataque quedé entre los escombros. Después de seis horas me sacaron y desde entonces no soporto ver a mujeres y niños gritar. Una parte del Clärchens también fue bombardeada. Aquí sólo había ruinas alrededor y los rusos tenían a sus caballos aquí en el patio. Dormían en el piso de arriba. A los niños nos daban de comer, ellos eran buenos con nosotros. Sólo cuando estaban borrachos uno tenía que huir. Al día siguiente había de nuevo tocino y pan con hongos. No había nada, pues.



El resto de la entrevista está buena, y los que no hablen alemán, pues con el Google translator: Artículo en alemán.

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