jueves, mayo 12, 2005

* Música en las calles

Algo raro está pasando en Berlín. Y vaya que ya es raro que algo raro pase.

Cada día que me subo al metro o al tren suburbano hay un grupo de músicos que entran a los vagones a pedir dinero. Y sí, es raro porque eso no pasaba aquí y porque no es un tipo tocando cualquier instrumento y pidiendo dinero, sino son cuatro o cinco.

En casi cualquier línea aparecen estos individuos que por su fisonomía podrían ser turcos, pero que por alguna razón empiezan diciendo alguna frase en español como "que dios los bendiga" u "hola, hola amigos" con un acento de otro país. Los turcos no tienen ninguna relación con el español y en todo caso en una ciudad como Berlín un extranjero hablaría primero inglés.

Todo esto pasó de un día a otro como si un líder de los pobres, como sí pasa en México, les hubiera dicho "ándenle güevones, a trabajar que si no no se ganan su pan del día". Y ahí los tienes, cantando en los vagones de los trenes y molestando los castos oídos de los alemanes. Y es que no se trata de que ellos toquen música mala, porque con todo y su desorganización un poco de violín o de buena música del este de Europa (así como Traband o la música de Underground) pueden sonar bien, pero es que los viejos alemanes no están acostumbrados a dos cosas: ni a dar dinero en la calle a sus pobres, ni a tener un ruidero en los vagones que no les permite leer.

Pero eso sí, hay que decir que esos pequeños grupos pronto se van a ir a la quiebra. No es tanto porque los alemanes no los aprueben y se quejen de ellos, porque seguramente ya hay miles de quejas en las oficinas de la empresa que administra el Metro y el Tren Suburbano, sino que estos extranjeros pasan a pedir limosna en grupos de cuatro o cinco personas.

¿Cuándo se ha visto en un país de América Latina que más de dos personas pidan limosna en conjunto? sólo cuando hacen un acto circense en la calle y uno de ellos se adelanta con la lata de monedas, pero de ahí en fuera no se necesitan tantas personas para pedir un euro o unos centavos en un vagón.

Yo les recomendaría a esos pordioseros mexicanos que tienen un acordeón colgando con una armónica atornillada a la altura de la boca, un vaso monedero de un lado y un pandero del otro.

Para pedir, las clases están en mis tierras.

Yaotzin.

miércoles, mayo 11, 2005

* Toman neonazis poder

El 4 de mayo pasado fue condenado a siete años de prisión Martin Wiese, un alemán identificado como neonazi, por haber planeado un ataque contra la comunidad judía en Munich en 2003.
Aunque podría parecer un hecho aislado, éste es uno de los pocos triunfos del actual gobierno alemán contra la extrema derecha.

Este domingo 8 de mayo se celebran los 60 años del fin de la Segunda Guerra Mundial y los grupos de extrema derecha tienen programado hacer una marcha de protesta; pero las autoridades no la pueden prohibir, como tampoco pueden prohibir a esos grupos, pues sólo están facultadas para castigar a las personas que están vinculadas con actos violentos.

Y ése es el caso de Wiese. Los jueces en Munich decidieron que este joven de 29 años de edad era el líder del plan que llevaría a estallar una bomba al momento de cimentar la primera piedra de un nuevo centro para la comunidad judía el 9 de noviembre del 2003.

Para sustentar su acusación, la corte le imputó “portar” signos prohibidos como la cruz esvástica y una leyenda de “heil Hitler” que llevaba tatuados, y también lo vinculó al grupo Kameradschaft Süd (Compañerismo Sur), señalado por el gobierno como un grupo que atenta contra el sistema democrático alemán.

“Cualquier grupo que viole la constitución o atente contra el sistema democrático puede y debe ser prohibido de realizar actividades”, afirmó el investigador de los movimientos de extrema derecha, Rainer Erb.

Pero los principales grupos en que se organiza la escena ultraderechista del país, el NPD, Partido Nacional Democrático de Alemania, y el DVU, Unión del Pueblo Alemán, no han podido ser eliminados del panorama porque en sus estatutos de partido no hay preceptos claros que vayan en contra del país.

En la acción, miembros de estos partidos son protagonistas de protestas, marchas, ataques a extranjeros, ataques a centros judíos y enfrentamientos con otros grupos, algunos de los cuales son arrestados y se desvinculan de sus organizaciones.

Entre el 2000 y el 2002, el gobierno federal siguió un proceso contra el NPD para tratar de desacreditarlo como institución política pero por falta de pruebas, con todo y el análisis de cada uno de los discursos de los líderes del partido, el Tribunal Constitucional paró el procedimiento.
Los partidos en el gobierno, el SDP y los Verdes, así como el poscomunista Partido del Socialismo Democrático (PDS), han pedido en fechas recientes que se abra un nuevo proceso contra el NPD, pero el gobierno federal no quiere otra derrota. El canciller alemán Gerhard Schröder dijo a un periódico judío-alemán que quiere persistir pero que esperará el momento adecuado para poder demostrar que el partido de ultraderecha no debe de existir.

“Estoy consciente de que el hecho de prohibir o no al NPD no resolverá los problemas de neofascismo y seguirá existiendo el peligro de un socavo de los derechos básicos”, apuntó el ex miembro del NPD y DVU Jörg Fischer, quien escribió en 2001 el libro Das NPD-Verbot (La prohibición del NPD).

En lugar de ser desaparecidos del mapa, los partidos han obtenido escaños en parlamentos estatales y han anunciado una gran coalición para las elecciones federales del 2006.
En septiembre del 2004, en las elecciones al Parlamento de Sajonia, el NPD consiguió un 9.2 por ciento de las votaciones, y al de Brandeburgo, la DVU logró entrar de nuevo con un 6.1 por ciento de los escaños totales.

Por ello, inmediatamente la ultraderecha acordó formar el “frente popular de ultraderechas” para las elecciones del 2006, con las que pretenden colarse al Parlamento Alemán que se encuentra alojado en el edificio del Reichstag en Berlín.

“Es todavía incierto si ambos partidos para los próximos años pueden ofrecer una plataforma sólida. Además, su alianza está sólo firmada en papel”, cuestiona Rainer Erb.

Y podría tener razón porque cuando la DVU obtuvo su mayor éxito en las elecciones regionales de Sajonia Anhalt en 1998, llegó a 12.9 por ciento de los votos, pero los diputados se hundieron en una lucha fraticida en lugar de mantener el poder.

El presidente del NPD, Udo Voigt, ha confirmado a la prensa y en sus pocas apariciones en la televisión, que estaba planeando incluir en sus filas a neonazis como parte de sus líderes para atraer a jóvenes hacia el partido: “es hora de que estas personas que se divierten en la calle participen en el proceso político”.

El gobierno mantiene un ojo en estos partidos políticos a través de la Oficina para la Defensa de la Constitución, donde se tienen identificados a los principales líderes, sus actividades y discursos para que, en días clave que suelen aparecer como el 20 de abril, cumpleaños de Hitler; 1 de mayo, Día del Trabajo; 8 de mayo, aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial o en la apertura o velación de monumentos ofrendados a los judíos, los miembros del NPD o DVU sean tomados in fraganti y arrestados para ser juzgados, poco a poco, como Martin Wiese.

Yaotzin.

lunes, mayo 09, 2005

El miedo cruza la ciudad

Manifestación de neonazis en Alexanderplatz
Era el 8 de mayo. Domingo, el día en que Alemania celebró 60 años del fin de la guerra. De la guerra mundial.

La ciudad vaticinaba un caos. Los grupos de neonazis 'agendaron' su marcha, los de izquierdistas también, otros ciudadanos salieron a ver que pasaba. Y 8 mil policías con todo tipo de vehículos estaban en las calles.

Era como un set de película.

Los rapados querían manifestarse para que Europa no celebre la "liberación" de los rusos. Ellos claman que no hubo tal y que el Holocausto nunca existió. Los izuiqerdistas, si bien están en contra de ellos, son unos punks que no dejan de ser un grupo de extremistas.

Yo llegué en metro a Alexander Platz, el punto de encuentro. Me quedé de ver con otros periodistas. Cuando salí del subterráneo, todo estaba inmóvil. Sólo llovía un poco. La gente se refugiaba bajo cornisas, las tiendas que están en la plaza o el reloj mundial que está también por ahí. Un par de helicópteros sobrevolaba la zona. Los policías estaban formados en cada orilla de la plaza y sus tanquetas de agua estaban listas para chorrear a la gente.

El ambiente estaba tenso, si se puede decir. Faltaba que se oyera algo más que los helicópteros o el motor de las tanquetas para hacer estallar el movimiento de los policías. Mis colegas y yo apenas hablábamos, cada cuchicheo se escuchaba en esta plaza que normalmente se encuentra atestada de gente.

De pronto, por donde estaba la entrada del S-Bahn, el tren suburbano que pasa por la superficie, se escuchó algún ruido y varios policías empezaron a ir allá, así como otros curiosos. Nosotros no alcanzamos a llegar. Tampoco nos interesaba. Teníamos los ojos en los grupos de neonazis que estaban frente a nosotros, pasando el puente del S-Bahn, frente a la Alcaldía de Berlín, la llamada Rotes Rathaus.

Mientras Francisco y yo observábamos a lo lejos, un viejo pasó y nos agarró de los antebrazos. Nos apretó fuerte y se retiró por entre nosotros. Después de un rato regresó e hizo lo mismo desde atrás. No se quedaba en un lugar, sólo veía a los del NPD, los miembros del partido de ultraderecha, y volteaba la mirada y caminaba para otros lugares, hasta que por fin, se nos acercó y estalló en lágrimas.

Kurt Gutman es un sobreviviente de ahora 78 años de aquella guerra. Su familia no. "Mataron a todos", nos dijo, "a todos. Qué bueno que ustedes están aquí". Y se fue de nuevo.

Su dolor se quedó ahí para el resto del tiempo. A esos jóvenes de cabezas rapadas o cabello poco crecido, con uniformes semimilitares o ropa holgada, ya no importa, a esos jóvenes ya no los pude ver igual. Nadie de ellos participó en la guerra, ni sus padres seguramente, pero aún así esta tercera generación carga con el estigma de los viejos nazis.

Para Kurt Gutman eran los asesinos de su familia.
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