El D.F., ciudad de primer mundo

En el verano, uno puede ir en Berlín a una rica playa. No es una ciudad de mar ni donde se pueda nadar en el río que la atraviesa, pero se puede ir a una playa. Y también se puede andar en bicicleta. Yo no dudo que pronto dejen incluso entrar al supermercado en bicicleta. Se ha vuelto un derecho fundamental de las personas, sobre todo de aquellas que no quieren pagar los 650 euros del boleto anual de transporte público.

Pero, oh qué sorpresa, ahora México D.F. amaneció con una playa y con un constricción a usar la bicicleta. Hasta los funcionarios pedalearon hoy para irse a sus oficinas. ¿Eso quiere decir que es una ciudad de primer mundo? No creo que los mexicanos no tengan derecho a ese tipo de cosas, pero ¿en México? Creo que primero se tienen que resolver otras cosas antes que ocupar el dinero para ir a una playa y pedalear en una de las ciudades más contaminadas de la Tierra. Ese tipo de políticas se desarrollan ante la falta de poder aprobar otros proyectos más útiles.

Yaotzin.

El D.F., ciudad de primer mundo El D.F., ciudad de primer mundo Reviewed by Yaotzin Botello on 4/04/2007 02:56:00 PM Rating: 5

4 comments

Manuel "el ruso" García said...

Yo pensaría que el uso de la bicicleta podría servir para combatir la contaminación, además de la promoción del transporte público. Y ahí andan el metrobús y la insuficientemente larga pista bicicletera. Para pedalear, precisamente, en una de las capitales más contaminadas.

Lo de la playa sí me parece que sale sobrando. Coincido contigo.

Y en cuanto a los proyectos más importantes, ¿como cuáles, por ejemplo?

Yaotzin said...

Manuel,

sí, tienes razón, creo que dejé de lado esos proyectos importantes. Pero ¿cuáles son?, la verdad es que no lo sé bien. En esa ciudad llegamos a habitar todo tipo de personas, desde los pueblerinos, como mi fmailia, hasta las clases más altas que uno se pueda imaginar. Y cada quien tiene una idea de ciudad. Algunos la quieren con playa y otros con un "diablito" que les dé electricidad para el puesto de quesadillas de la esquina. Algunos con casas de una cuadra de tamaño en Polanco y otros apenas con un departamento de renta y tamaños asequibles.

Yo pensaría, de una manera generalmente importante para muchos, que en la ciudad se necesita pensar cómo se resuelve el comercio ambulante, que más que el servicio de compra-venta barata, se ha vuelto una plaga. El proyecto se ha quedado parado. Casi olvidado. Yo pensaría que el transporte público, la renovación de una gran parte y su administración, ha quedado medio de lado. El metrobús y el anuncio de otra línea de metro salvan el proyecto.

Y otros proyectos que no sólo son de caracter local sino federal, como los sistemas de pensiones de la gente mayor (¿quién nos lo va a financiar para cuando tú y yo lleguemos a los 60 años, si para entonces ya no existirá AMLO ni la Compañía de Luz, que ahorita mantienen con una lana a esa gente?).

En fin...

Por lo de la bicicleta, estoy de acuerdo contigo en que es un gran esfuerzo para padalear y dejar de contaminar una metrópolis como lo es el DF, pero creo que si no existe la infraestructura adecuada, no se puede hacer nada. Creo que no se trata de que un político diga "quien no pedalee, es culpable de la contaminación", sino de hacer ciclopistas utilizables que, además, conlleven un reglamento en el uso de la bicla, que haya semáforos para bicicletas, que haya más lugares para estacionarlas, que se puedan rentar fácilmente, etc. Mira, si tienes ganas, chécate este texto del corresponsale del Berliner Zeitung en México.

Te agradezco mucho que me hagas pensar sobre mi ciudad aquí, a la distancia.

Saludos.

Y.

04.04.2007

Politik - Seite 10

Klaus Ehringfeld

MEXIKO-STADT. Seit einiger Zeit fahre ich wieder Fahrrad. Warum das erzählenswert ist? Weil mich viele meiner Freunde, vor allem die mexikanischen, für verrückt halten. Für einen unverbesserlichen Gefahrensucher. Manche meinen, ich sei ein Fall für die Justiz: Festnahme wegen fortgesetzten Suizidversuchs, wenn es das gäbe. Denn ich bin Wiederholungstäter.

Leer el resto...

Leonardus said...

También pienso que el uso de la bicicleta en el D.F. sería uno de los medios para combatir la sobrepoblación vehicular que ahora impera y por ende la contaminación.

Por un lado ciertamente se necesita infraestructura, mas que una ciclopista brutal que se ufane de ser útil, como lo sería un carril paralelo a Tlalpan, podría ayudar más pequeñas redes de ciclopistas aisladas, permitiendo a las personas moverse en sus colonias.

Por otro se necesita un cambio de mentalidad, que en mi opinión es lo mas díficil. Mientras sigamos pensando que andar en bicicleta es "de jodidos", ninguna ciclopista de tres pisos fomentaría su uso como medio de transporte. ¿Que decisiones pueden tomar los políticos para cambiar esa mentalidad? Me parece que el uso de la bicicleta consecuente por ellos mismos es un primer paso.

También quienes opinamos que es una forma de cambiar las cosas podemos contribuir; Así lo hice en mis últimos meses de estancia en México hace 7 años renunciando al uso del automóvil. Coincido con el corresponsal que es una forma de suicidio si no se hace con ciertas restricciones.

Un gran saludo a lo largo de toda la llanura berlinesa. ¿Cuándo te vas a Hong Kong?

L.

Yaotzin said...

Querido Luis,

pos si ya regresamos de Hong Kong. Estuvimos ahí dos semanas hace exactamente dos semanas. Luego te cuento con detalle.

Las bicis. Sí, alguien debe de comenzar con ello, es cierto. Y nadie mejor que los políticos. Ellos son una imagen surrealista, absurda, de este ejemplo. No me imagino a Joel Ortega o a Alejandra Barrales en dos ruedas. Al menos no al momento de ir a una cita. Haz el ejercicio con Matri Batres, por ejemplo.

Y eso sí, nosotros podemos empezar mucho. Cada vez que voy a México alguien me ofrece usar su auto por un día o por una semana, alguien quiere pasar por mí y llevarme, alguien quiere ir al súper en auto, y diciendo no y usando el transporte público o las patrullas ya deja pensando a mucho. En eso tienes mucha razón.

Y ojalá esta manera de pensar se contagie también a los automovilistas, quienes fungen como dueños de las calles.

Y.

Medidor