viernes, marzo 30, 2007

Murmurencio

Desde Berlín, muchos hispanoablantes nos preocupamos por lo que pasa en nuestra lengua, por lo que le pasa a ella misma. Y justo en estos días se realizó en Colombia el Cuarto Congreso Internacional de la Lengua Española, de la que hay un pensamiento muy digno de rescatar.

Este pensamiento es un pequeño texto que hizo mi amigo y profesor de ajedrez español Carlos, otro autoexiliado hispanohablante en Alemania, quien me permitió difundirlo en este pequeño recoveco berlinés.

Yaotzin.

"Con motivo del último Congreso de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias, Colombia, los organizadores del evento llevaron a cabo un interesante experimento; preguntar a los niños colombianos qué palabras creían ellos que se deberían incluir en la nueva edición del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua.
La reflexión colectiva de los escolares colombianos tuvo como resultado palabras de muy diversa índole, pero la que más me llama la atención, la que me parece más enigmática, es la que propusieron los niños de Medellín: “murmurencio”.
¿Qué sería eso del “murmurencio”? ¿Qué se querría representar con tal palabra? Al preguntarle a los autores de la invención, la respuesta que dieron fue la siguiente: el “murmurencio” es el sonido que se oye en el silencio.
Si la lengua es un ser orgánico en continua evolución, la reflexión de los niños de Medellín es vida es estado puro. Algo hay en el silencio que les llamó la atención. La definición de silencio como mera ausencia de sonido, no les era satisfactoria. Lo que nos están diciendo es que en el silencio puede haber sonidos, no perceptibles por lo oídos, pero sonidos al fin y al cabo. Son los sonidos del pensamiento, los humanos pensamos en palabras. En rigor pues, habría que concluir que cada vez que reflexionamos tenemos necesariamente que hablarnos a nosotros mismos, y por lo tanto romper con el silencio interno.
Otra buena pregunta sería saber si efectivamente es posible dejar la mente en blanco, si voluntariamente podemos parar el flujo de nuestros pensamientos y dejar nuestro interior en completo silencio. Cualquiera que lo intente verá que es tarea harto complicada, si no imposible. Por eso nació el tao y el zen y el yoga.
Las reflexiones nos llevarían desde Medellín hasta los lugares más recónditos y profundos del ser humano, y la discusión sería probablemente inacabable.
Eso es el “murmurencio” ¿lo oyes?
Carlos."

lunes, marzo 26, 2007

¿Hay algo bueno en la Declaración de Berlín?

La Declaración de Berlín de los 27 miembros de la Unión Europea trajo un torrente de críticas negativas, pero parece que también tiene algunas virtudes.

Después de un fin de semana de fiestas por los 50 años de la Firma de los Tratados de Roma, algo que se tradujo como los 50 años de la Unión Europea, llegó un lunes de cruda. Un lunes en que todos, expertos, periodistas y seres humanos sin culpa, estábamos tratando de aboser lo que había pasado.

Eran las 7:30 de la mañana y me encontraba en la Sociedad Alemana de Política Exterior. Ellos organizaron algo que llamaron Early Bird Breakfast, así, en inglés, así que ahí estaba a esa hora comiéndome unos muffins de chocolate con bocadillos de jamón y queso. Tres tazas de café, para empezar. A las 8:00, algunos expertos de la sociedad nos dieron sus impresiones sobre La Declaración de Berlín.

De las cosas negativas creo que se ha hablado mucho, como que no se había logrado poner de acuerdo a los 27 con la Declaración de Berlín, que no se establece una postura frente a Estados Unidos, la guerra ni la ampliación, que no se habla de la lucha contra el terrorismo, etc., pero creo que habría que destacar algo que se dijo en este desayuno tempranero de pajarillo: que esta declaración propicia una reflexión sobre el continente que hace mucho tiempo no se hacía.

“Los 27 nunca se habían sentado juntos a reflexionar sobre su identidad. La primera vez que se reunieron fue a principios de marzo para lograr un consenso colectivo sobre medio ambiente, pero con la Declaración de Berlín tuvieron que pensar en el pasado y futuro de Europa”, señaló Michaele Schreyer, vicepresidenta de la organización Movimiento por Europa e invitada por la Sociedad Alemana de Política Exterior a debatir sobre el tema.

Para Schreyer, esta declaración fue la primera piedra para pensar de manera plural en resolver problemas que a todos aquejan también de manera individual, como el terrorismo, la inmigración o el consumo de energía. Y es simplemente eso, comenzar a pensar en conjunto. Es eso que tratamos de hacer también con esta nota en este blog en este momento.

“Este texto es como una promesa y demuestra un trabajo en conjunto que podría encontrar una nueva argumentación para la UE”, agregó Schreyer.

Incluso el presidente ruso Vladimir Putin pensó en el significado de Europa el mero día del aniversario, el 25 de marzo pasado, cuando publicó un texto en el semanario alemán Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung: "Rusia comparte con el resto de Europa sus valores y principios básicos. Una Europa unida, estable y floreciente responde a nuestros intereses".

Además de la reflexión, con la Declaración de Berlín se demostró que puede haber consenso entre los 27, porque si bien hubo problemas para aprobarla, al final estaban todos ahí, leyéndola, escuchándola y aceptándola. Quizás Polonia y República Checa estaban un poco de renegados, pero aceptaron.

“Señoras y señores, no hay necesidad de hablar sobre errores. Europa ha sobrepasado peores obstáculos muchas veces. Las negociaciones de los tratados que marcan el 50 aniversario de hoy es un gran ejemplo de ello”, señaló en su discurso de ese domingo Angela Merkel.

Esos principales opositores, los presidentes polaco y checo, Lech Kaczynski y Vaclav Klaus, son quienes critican la falta de procesos democráticos. Son, pues, unos euroescépticos. Sólo que los expertos dicen que Europa no puede caer tan fácilmente en manos de ellos.

“La Declaración de Berlín deja en claro que Europa no es producto de neoliberalistas, sino una respuesta a la globalización que crea un modelo social de economía de mercado”, dice el politólogo alemán Henning Riecke, analista de los discursos de las presidencias alemanas del Consejo Europeo.

Pero para muchos no existe dicho modelo social y, mucho menos, democrático porque los ciudadanos no son consultados sobre las decisiones de alto nivel.

“¿Qué es lo que se quiere, algo perfecto? Cada país tiene una constituciónque ha sido cambiada decenas de veces. La Declaración de Berlín puede dar luz verde a una Constitución Europea que después puede ir cambiando, eso es parte de la evolución de la sociedad”, nos dijo Andreas Maurer a la prensa extranjera en Berlín, director del Grupo de Investigación para la Integración de la Unión Europea.

Creo que Europa no se puede definir en una sola frase, ni como sociedad ni como aparato político, pero el proceso de estarlo haciendo ha estado siendo aleccionador.

Yaotzin.

domingo, marzo 25, 2007

La (inexistente) cortesía de los alemanes, o de cómo formar un colectivo individualista

Es domingo y es el aniversario de la Unión Europea. Son 50 años y creo que no se ve tan vieja como podría estarlo. Al contrario, tiene aires de juventud. Si alguien ha aprovechado más esta europeidad, son los estudiantes con sus cortos pero perdurables intercambios.

Así que me tomé a la Wika de la mano y nos fuimos a la Puerta de Brandeburgo, el símbolo de Berlín y el lugar para organizar la fiesta de los 50 años. Queríamos ver y experimentar la tan mencionada europeidad. ¿Quién podría estar en una fiesta donde son 27 los festejados en una ciudad, Berlín, que está exactamente al centro de la Europa del Este y del Oeste? Vimos globitos, payasos y gente de muchos países, pero eran los menos. Quienes predominaron, por supuesto, fueron los alemanes.

Los alemanes son una especie humana muy rara de entender. Tienen muchos atributos que no me he cansado de mencionar, pero ahora toca escribir algo malo de ellos. Lo siento. Y lo lamento aún más por aquellos alemanes que puedan leer en español (que cada vez son más, Dios santo, cómo diría mi mamá).

Entre muchas de las caras negativas que se les pueden ver, me referiré a la gente que sale en un domingo soleado para aprovechar lo que le dan gratis. Hay un tipo de alemán que es así y normalmente coincide con ser una generación más grande que la mía, ¡fiu!, así que muchos nos salvamos.

Para un evento de masas, el alemán no sabe comportarse como tal. Sale de su casa como un individuo y nunca deja de serlo. Lleva su individualidad a las masas. Parece que ante mucha gente, el alemán olvida entregarse a una multitud, a una masa, a un pueblo, y se encoraza en una personalidad de aires de superioridad que es muy difícil de aguantar. Uno no se siente cómodo en un evento de mucha gente con personas que defienden a capa y espada sus dos metros cuadrados de piel, y lo que le rodea de inmediato. Uy, pobre del que toque a un alemán por accidente en un evento de masas.

Frente a la Puerta de Brandeburgo se instaló un escenario para cantantes. Ahí la gente podía ver de pie a grupos de música, bailarines y cantantes como el ya un poco pasado de moda Joe Cocker. La misma Puerta de Brandeburgo era una zona de paso para la Avenida 17 de Junio, donde se instalaron puestos con información de los 27 países de la Unión Europea, tiendas de comida y algunos otros menesteres. La gente lo tenía que entender así, era una regla no escrita. De la Pariser Platz había que pasar caminando hacia la Avenida 17 de Junio. No había otra forma. Sólo que la gente que se había quedado parada para presenciar el show del escenario se enojaba de la gente que pasaba, ya sea porque les tapaba momentáneamente la vista o les empujaba de su lugar. Es una situación incómoda, lo sé, pero es un evento de masas. Creo que no se puede hacer de otra forma. Ni la mejor organización alemana lo puede evitar. El ser humano de masas es otro, alemán, mexicano o sueco. Todos nos comportamos de una forma más irracional.

Pero ¡peor!: ¿por qué los alemanes se enojan de que alguien se meta a las corrientes de gente? Me explico: Si uno acababa de ver algo en el escenario y quería ir a ver los puestos de los 27 de la UE, tenía que meterse en los ríos de gente. Si uno se les metía en el camino, una acción que sólo toma dos segundos, los alemanes se enojaban. Bueno, ¿qué? ni que alguien les estuviera robando algo, ni siquiera el tiempo. Si al meterme les diera un codazo o les pisara sus zapatos que compraron en super oferta en 2 euros, entonces sí tendrían derecho a enojarse.

Recuerdo que una de las razones por las que no volví a ir a la Puerta de Brandeburgo durante el Mundial de futbol, a la entonces llamada Fanfest, era por el rechazo de meterme al colectivo individualista formado en su mayoría por alemanes. Logré meterme para tomar un buen lugar frente a la pantalla gigante y ver un partido de futbol. Después quise moverme de lugar. Erroooooor. De donde estaba parado, traté de llegar a donde la gente se movía constantemente. Una vez que me le metí a alguien, me gritó hasta de lo que me moriría. Después se me ocurrió volverme a quedar quieto, pero los que estaban parados no me dejaron entrar a buscar un lugar y los que estaban en la corriente me empezaron a gritar que porqué no me movía. Si entendí bien, uno tiene que llegar, tomar su lugar y aguantarse tres o cuatro horas hasta que por sí sola se disipe la masa. Pero ¿quién hace eso?

En fin, en el 50 aniversario de la Unión Europea, con mucho menos gente, hubo casos similares. No fue una, ni dos, ni tres, sino muchas más veces que experimentamos ese sentimiento. ¡Y en tan sólo tres horas de paseo!

El alemán es un individuo inquebrantable en la calle.

Ya de regreso, en el metro, todavía tuvimos otro altercado. La gota que derramó el vaso. Por alguna razón caímos en el andén equivocado. Era una sola plataforma, así que sólo había que dar cinco pasos para llegar al otro andén, donde pasaba el metro en nuestra dirección. Ah, pero una mujer no nos dejó cruzar. Esta mujer pertenecía a una corriente de personas que iba saliendo de un tren y que iba subiendo a la salida de la estación. Atrás de nosotros había una ola de gente que también nos presionaba para avanzar. Y esta mujer, a propósito, nos tapó el camino y nos dijo "no, sino entonces tengo que esperar más". Así que, ya enojados, la Wika y yo le mentamos su madre. La Wika le gritó que cuál era el problema de sólo querer cruzar. Yo le grité que en todo caso sólo se trataba de dos segundos, cuando mucho.

Ya no pregunto el porqué de no poder hacerse un individuo de masas, porque puede ser algo muy abstracto y general que no podría terminar de discutirse, pero sí ¿por qué la falta de amabilidad? ¿por qué elegir ser estresado? ¿por qué elegir una vida infeliz? ¿por qué uno no se puede preocupar tantito de otras personas con pequeños gestos? Los alemanes son especialistas en donaciones e investigaciones para salvar al Tercer Mundo, o incluso para salvar a todo el mundo, pero a veces sólo se necesita una sonrisa en el día para lograr que todo cambie.

Una sonrisa, no más.

Y.

El aniversario de la Unión Europea, entre la pregunta de la europeidad y la fiesta internacional.

La noche del sábado 24 de marzo pasará a la historia como una de las noches culturales más grandes de Europa.

Los museos más importantes de Berlín abrieron sus puertas hasta la madrugada y los mejores antros pusieron música de los 27 países de la Unión Europea para festejar el 50 aniversario del bloque.

Berlín se llenó de europeos, residentes y visitantes. ¿Y cómo no? Si con el acuerdo de Schengen y con los vuelos de bajo costo todo mundo puede ir a donde y cuando quiera.

Los miles de ciudadanos europeos de todas las edades que se pasearon en la “Noche Europea” en Berlín estaban reflejando el espíritu de vivir sin fronteras y en una gran unidad.

La Isla de los Museos, 19:00 horas. Afuera del Museo Antiguo, que alberga el busto de la Nefertiti, había un juego de luces y música clásica que se escuchaba en casi todo el centro de Berlín. Españoles, italianos, ingleses y franceses, entre otros, hacían filas para comprar sus boletos de 14 euros que les permitirían entrar a los 11 museos más importantes de la ciudad, donde se albergan esculturas, pinturas y otros objetos de la historia europea.

La noche comenzaba. La gente se movería con transportes especiales gratuitos hasta las dos de la mañana. Berlín padecía del tráfico, algo que no es propio de la ciudad.

En el Kulturforum se inauguró una exposición dirigida a medir la europeidad de los ciudadanos. En computadoras, jóvenes y adultos tenían que armar el rompecabezas de la Unión Europea, y cada vez que acertaban a poner un país en el lugar correcto, les saltaban ventanitas con preguntas como “¿Cómo se llaman en España los hombres que participan en una corrida de toros?”. El griego Tasos, un joven de 30 años de edad, se voltea con una ceja levantada para pedir ayuda. Alguien le dice entonces “toreros”, pero entonces resuelve otros países y le aparecen las ventanas “¿Cómo se llaman en Francia las cataratas más grandes, incluso más que las del Niágara?” y “¿Cómo se llama en Italia el postre nacional?”. Tasos deja el Mouse y se va.

Pero, ¿quién es europeo? ¿cómo se define la europeidad? ¿qué se espera del bloque de los 27? Por ahí un alemán se atreve a contestar en general: “librarse de Estados Unidos”.

Más allá de las cuestiones políticas, un europeo se define por un estilo de vida que abarca a todo el continente. Björn es alemán, pero le ofrecen trabajo en Austria y tiene una novia portuguesa. María del Mar es española, estudia periodismo en Berlín y se ligó a un alemán con el que quiere vivir.

Mucho de lo que son los europeos de hoy en día se lo deben al programa de intercambio estudiantil Erasmus, que comenzó en 1987 y que ahora es toda una institución. Casi dos millones de personas han participado en él y uno de los países que más se solicitan es España. Ahora todos los jóvenes europeos hablan inglés y español como primeras lenguas extranjeras.
En Berlín, el español, el original, el castellano, es una de las lenguas extranjeras que más se escucha, sobre todo en esta Noche Europea. “¿A dónde nos vamos a ir? ¿ya visteis la cantidad de clubes que tocan música esta noche? Joder, que no nos va a dar tiempo”, dice Anna, una polaca de 26 años que vive en Berlín como gerente de una empresa española.

Son las 20:00 horas. En los pasillos del metro de Berlín se escuchan a unos músicos con arpa y violín pidiendo unas monedas. “Son la contribución de Europa del Este”, bromea una alemana.
Pero más allá de la broma, es verdad que con la Europa de los 27, Berlín se convirtió en la ciudad que une Este y Oeste, y uno de los principales cruces hacia Occidente de los nuevos europeos, Bulgaria, Rumania, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría y República Checa.

De todos ellos, más los viejos miembros, es posible tener una probadita de su música en los 35 antros que contrataron DJ y grupos en vivo de esos países. Donde tocan los Alemanes, Italianos y Franceses hay un éxito tradicional, nada malo, pero los representantes de Polonia y Grecia dan la sorpresa con llenos apabullantes.

Prenzlauer Berg, el barrio donde Angelina Jolie y Brad Pitt tendrán su casa, 23:00 horas. En uno de los clubes del Pfefferberg se respira sólo humo de cigarro. Esto es algo que todavía no une a los europeos. Eso sí, los españoles escapan de su país no fumador y se aprovechan de Alemania, que todavía no tiene ley anti-fumadores, así que vienen a depositar su humo a diestra y siniestra. Entre las nubes de humo del antro (como en México se dice club) empieza a tocar una banda con vocales polacas y un sonido que ya dejó las famosas trompetas del Este: se trata de un avant jazz, como ellos lo llaman, un sonido que hace que entre más y más gente. Las cámaras de televisión se encienden y entrevistan a algunas personas. Los tres miembros de la banda se sienten estrellas populares.


“Es la primera vez que tocamos aquí. Es una gran oportunidad para que la gente nos conozca y para abrirnos las puertas al continente”, señala Monika Bożyk, la vocalista del grupo polaco Letko, con un inglés apenas salido de Varsovia.

Seguro que mañana hablará alemán.

Y.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...