viernes, mayo 07, 2010

Las neocontradicciones del 1 de mayo berlinés


"¿También hay desfiles el 1 de mayo en Berlín?", me preguntó la otra vez mi mamá desde el DF.
Sí, le dije, y no te imaginas cómo. En Berlín el 1 de mayo es como un día de guerra.
Hay desfiles, pero también hay manifestaciones que terminan destrozando una parte de la ciudad.
Esto pasa sobre todo en el barrio de Kreuzberg, tradicionalmente izquierdista. Ahí los grandes negocios, esos que son más "capitalistas", esos que tienen emes gigantes y 'way' en sus palabras, se blindan.
Y los vagos, otrora cobijados por los cajeros automáticos, se quedan una noche sin hogar. De los bancos se esconden hasta los letreros.
Para el 1 de mayo hay cuatro bandos. El primero y el más tradicionalista y conservador es el de los sindicalizados: hacen su desfile del día del trabajo. El segundo y el tercero son dos grupos a los que la modernidad ha dotado de prefijos, pero que mantienen la esencia de sus ideales desde que fueron creados: los neoizquierdistas y los neonazistas. El cuarto y último es una especie de comodín, pero bastante incomodín: los turistas.
Los turistas en realidad no deberían de jugar ningún papel, pero de acuerdo con los neoizquierdistas son un instrumento del gobierno, ergo del capitalismo, para poder evitar toda manifestación.
"Los ponen para distraer la atención", dice un izquierdista que hace tours por el barrio de Kreuzberg.
Y son los que llenan una gran parte de las calles. Por eso son un jugador más.
Todo comienza por la mañana del 1 de mayo. Puede ser un martes, un fin de semana o un lunes. Es igual.
Los primeros en aparecer con los sindicalizados. Demandan aumento de salarios y mejores condiciones de trabajo. Trazan una gran ruta por la ciudad.
Después vienen los neonazis. Que como ha venido pasando en sus últimos desfiles, se ha juntado tanta resistencia, entre habitantes, turistas y neoizquierdistas, que no han podido avanzar ni un centímetro.
Y al final vienen los neoizquierdistas, quienes por la noche salen desde las entrañas de la enorme kermesse que se hace en las calles de Kreuzberg.
Para todos la ciudad de Berlín instala a un contingente de 5 mil policías (ya quisiera tener esto Felipe Calderón para Ciudad Juárez). Los manda traer de todo el país para contener la enorme flatulencia en que se convierte Berlín.
Todo podría ser una enorme y ejemplar manifestación de diversos grupos sino fuera por tres grandes contradicciones.
Uno: Todo mundo tiene derecho a contramanifestarse menos los políticos. El vicepresidente del Bundestag, Wolfgang Thierse, participó en el bloqueo de la marcha de neonazis y ahora lo podrían multar. La razón: bloquear manifestaciones es ilegal.
Dos: La manifestación neoizquierdista contra el capitalismo se ha convertido en uno de los eventos más comerciales de Berlín en donde la policía es atacada con piedras olvidando que son personas. El año pasado y al estilo Tláhuac, bañaron a dos en gasolina y estuvieron a punto de prenderles fuego.
Tres: La demanda de aumento de salarios y de mejores condiciones laborales que piden los sindicatos es la manifestación más desapercibida. Lo único que se reporta de ellos en los medios es la ruta por donde pasará para informar al usuario dónde NO se podrá estacionar.

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