sábado, enero 27, 2007

¿Hay alguien que lo pueda negar?

Gracias al colega Augusto por hacer buen uso de la memoria. Muchas veces no nos acordamos de lo que ha pasado en nuestro alrededor si no fuera por los días conmemorativos y este 27 de enero fue el del Holocausto (aquí en alemán para el que quiera echarse una clase de idioma)


Y fue justo en ese día que el Memorial del Holocausto en Buchenwald abrió un sitio en internet con un banco de datos donde se encuentran mas de 600 fotografías clasificadas. El semanario Der Spiegel también lo reportó en una historia titulada como "Trabajo detectivesco contra los negadores". Aquí está la liga a algunas de las fotos que se pueden encontrar ahí y que publicó el semanario alemán.
Yo dejo aquí abajo una historia que hice alguna vez sobre el Campo de Concentración de Sachsenhausen, al norte de Berlín, un lugar que vale muy bien la pena visitar. Hace tres años ahí abrió una de las exposiciones más interesantes sobre el uso de esos campos, Medicina y Crimen. Aquí abajo el texto.

Yaotzin.




Exploran la ‘medicina’ nazi
Una muestra con más de mil documentos estudia los experimentos médicos realizados en el campo de concentración Sachsenhausen

Después de casi 60 años de haber sido liberados, los campos de concentración siguen revelando misterios y el de las afueras de Berlín, Sachsenhausen, acaba de montar una exposición en la que se revisan los experimentos criminales que en él fueron hechos.

“Medicina y Crimen, la enfermería del campo de concentración Sachsenhausen”, es el título con que hace dos semanas quedaron bautizadas las dos barracas que en tiempos del Nacionalsocialismo fueron ocupadas para atender a los enfermos y experimentar en ellos los efectos de enfermedades y contagios entonces poco conocidos.

Ahí bajo supervisión de generales de la SS (la policía de Hitler) se realizaron experimentos en prisioneros, judíos en su mayoría, con fines militares, bacteriológicos y farmacéuticos, entre los cuales estaban exponerlos a gas mostaza, inyectarlos con hepatitis, castrarlos o drogarlos con cocaína y pervitina para aumentar su rendimiento.

“Los crímenes que cometió el Nacionalsocialismo no se han olvidado. Hay muchos ciudadanos que se oponen al olvido y que se han mantenido despiertos para conocer los crímenes de los nazis y después transmitirlo. A cada generación se le debe de transmitir y regenerar el conocimiento sobre esos crímenes cometidos y las víctimas que los sufrieron, y esto aplica particularmente a las generaciones que ya no tienen nada que ver directamente con el horror de la guerra”, comentó Ulla Schmidt, la ministra de Salud y Seguridad Social de Alemania.

En “Medicina y Crimen” se reúnen unas mil obras consistentes en testimonios de sobrevivientes, fotos, documentos sobre los procesos médicos y objetos que habían coleccionado tanto familiares de víctimas como los mismos sobrevivientes, y todo con el propósito de hacer un examen más profundo sobre el funcionamiento de este campo que comenzó a funcionar en 1936.
“La mejor obra de arte de esta exposición son las dos barracas originales de la enfermería, no sólo por todo el significado que cargan, sino por el proceso de restauración que llevaron desde 1996 donde se invirtió más de 4 mil millones de euros”, dijo Günter Morsch, director del memorial y uno de los dos curadores de la exposición.

En dichas barracas, los nazis querían averiguar los efectos del gas mostaza en caso de un ataque del enemigo. Así, exponían a grupos de prisioneros a este agente irritante también llamado mostaza azufrada. Dejaban que los escogidos tuvieran todos los síntomas en ciertas áreas de la piel que semana tras semana les iban cortando para analizarlas.

A las víctimas de los experimentos, heridas o muertas, se las llamó eufemísticamente en los reportes como “casos” o “vacunados”.
En el cuarto número 51 se ve una ofrenda floral. Ahí están los testimonios de los 11 niños judíos que fueron trasladados de Auschwitz a Sachsenhausen para probar en ellos los efectos de la hepatitis, una enfermedad muy estudiada en la época. Los niños quedaron encerrados en ese cuarto entre agosto de 1943 y abril de 1945. Uno de ellos es el israelí Saúl Hornfeld, quien en aquella época tenía 14 años y que ahora ayudó en la documentación, además de asistir a la inauguración de esta muestra permanente el 7 de noviembre pasado.

“Todos los días temblábamos de miedo frente a la SS (la policía de Hitler), no teníamos duda que al final nos matarían para no ser testigos de sus hechos”, recordó Hornfeld, quien estuvo acompañado de sus otros dos compañeros sobrevivientes, Salomon Feldberg de Argentina y Karl Reitzenstein de Estados Unidos.
Para los trabajos forzados que se realizaban en el campo, entre ellos el de probar nuevas suelas de zapatos para fábricas que encargaban estos procesos, a los prisioneros se les inyectaba cocaína o pervitina con el fin de resistir los 40 o más kilómetros que les ponían a caminar sobre pistas de grava con pedazos de concreto y otras pequeñas piedras.

En los documentos que se muestran, destaca también que la pervitina quería ser utilizada por los doctores de las fuerzas navales para maniobrar el submarino “Seehund”, el cual requería cuatro días de sumergimiento con sólo dos tripulantes, quienes debían estar todo el tiempo despiertos y con un nivel alto de desempeño.
En el sótano de una de las dos barracas se encuentra lo que fue la sala de operaciones, una habitación de unos 60 metros cuadrados donde se practicaron las castraciones a homosexuales y que al final brindaron a los nazis algunos resultados satisfactorios: “se notó que después de la operación algunos de ellos estaban satisfechos y que su ‘actitud al trabajo’ había mejorado (...) Entre otros síntomas, presentaron pérdida del apetito sexual, grasa acumulada en las caderas y falta de pelo en la cara”.

En muchos de estos experimentos los pacientes no morían o al menos no lo hacían de manera instantánea, como sí en la prueba de las municiones envenenadas con 30 miligramos de aconitina y con las cuales se planeaba realizar el asesinato de Stalin.
“Los prisioneros que sobrevivían siempre lograron encontrar un pequeño nicho de personalidad dentro de toda la impersonalidad a la que estaban expuestos en el campo. Fue difícil reunir la información y agradecemos mucho a los sobrevivientes que nos ayudaron con el tormento que ello significó”, señala la historiadora y una de las curadoras de la exposición Astrid Ley.

El campo de concentración Sachsenhausen fue liberado por los rusos el 22 de abril de 1945 y en él todavía se encontraron unos 3 mil convalecientes en la enfermería, muchos de los cuales murieron días después. En total, hubo 200 mil presos y se calcula que 100 mil fueron liquidados.

También recuerdan Auschwitz
Casi al mismo tiempo que “Medicina y Crimen”, fue inaugurada en Berlín “El Proceso de Auschwitz”, otra muestra que destapa el pasado nazista.
Esta exposición temporal que termina el 19 de diciembre detalla el proceso judicial contra los involucrados en ese campo de concentración de Polonia que se realizó hace 40 años en Francfort del Meno, entre el 20 de diciembre de 1963 y el 20 de agosto de 1965.

En las entrevistas que se pueden leer o escuchar, los acusados nunca reconocen los trabajos en que participaron.
Además de toda la serie documental, hay algunas instalaciones y objetos de arte que se hicieron parodiando los efectos del proceso. La información se puede encontrar en la página de internet del Instituto Fritz Bauer, el cual financió esta exposición.

1 comentario:

augustoperales1960@yahoo.es dijo...

Hola
Te agradecemos que nos hayas linkeado. No lo supe hasta hoy.
Te he linkeado tambien en Nueva Europa
Saludos y mucho exito

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