jueves, enero 18, 2007

Una tormenta azota Berlín

Con esto se comprueba muy claro cuán importante es el clima en Alemania.

Ayer miércoles se avisó que habría una tormenta. Mmmm, bueno, podría decir, una terrible tormenta.

Comienza el jueves. Uno de los primeros correos electrónicos que recibo de un colega periodista: "Y cuidado al salir este día, no te vaya a caer un rayo en la cabeza".

Con todo esto yo me imaginaba un día negro. Tapado de nubes desde la mañana y con aguaceros y truenos en algún momento. O quizás un tornado como el que se llevó a Dorothy y a Toto.

Nada.

Salí al mediodía a conocer el Búnker de Hitler, un lugar tan mítico del que sólo había oído hablar, pero nunca visto personalmente. Estaba lloviznando. Uno podía estar en la calle sin empaparse. Después de un rato, claro, uno podía hacerse una sopa, pero había que quedarse más de una hora afuera. Y eso me pasó, mas no fue una tormenta la que me atacó.

Llego a casa a escribir un poco. Veo más expectativas alemanas sobre una supuesta tormenta, pero con la experiencia que tuve hace algunas horas ya no me creo nada. De tormenta tenía lo que yo de azteca, el nombre na'más (bueno, con el pie de atleta que me cargo ahora, seguramente tengo más semejanzas).

Salgo a mi curso de ajedrez y en el metro hay un grupo de chavitos hablando en voz alta de una tormenta. Es el tema del día, no cabe duda. Se esperan viendos de más de 150 kilómetros por hora, truenos, aguaceros, pero yo seguía sin ver nada. En el ajedrez sólo había cuatro colegas de 16. Seguro que no vinieron por la tormenta. Y aunque en un momento de las partidas de entrenamiento que hacemos se escuchó un gran trueno que sí hizo retumbar la sala, uno sólo aclaro, la verdadera tormenta fue un invitado al ajedrez que se autoproclama el rey del ajedrez en Berlín y quien, en tan sólo 20 minutos, nos barrió a los cuatro escolares y al profesor juntos. La dinámica de este "blitz" era que cada quien estuviera con su tablero y su reloj, y el Rey del Ajedrez Berlinés pasaría a cada mesa a hacer sus jugadas. Así barrió con todos.

Salgo del ajedrez y en mi celular encuentro un mensaje de texto de la Wika: "dicen que empieza entre las 19:00 y las 20:00, tengo mucho miedo de la tormenta, ya se murieron unas personas", y como cinco llamadas perdidas. ¿Será que ese sólo trueno que escuché en el ajedrez mató a algunas personas? Camino a casa ni siquiera me despeino.

Llegando al refugio Kreuzbergiano me encuentro con unos vientos esperándome en la puerta de mi casa. Sopló fuerte el condenado y sí me dieron ganas de volar. Enciendo el televisor y, en efecto, algo había pasado porque los trenes de Alemania detuvieron su servicio y hubo siete personas muertas. ¿Eh? Sí. De árboles que se cayeron o de ataques al corazón. Ofrezco una nota a mi periódico pero ni me contestan el correo.

Y recibo uno de un colega estadounidense que me dice, "ja, esto de ma cosquillas, si los alemanes vieran lo que tenemos en Estados Unidos".

Yaotzin.
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