jueves, abril 26, 2007

Creo que dormí en la misma cama que Bush

HEILIGENDAMM.- Y sólo de pensarlo me da cierta repugnancia. Ya mejor ni menciono otros lugares que el Presidente de Estados Unidos pudo haber usado antes que yo.

Llegué a Heiligendamm para investigar sobre los preparativos del G8. Está al norte de Alemania, en la costa del Mar del Este, el famoso Ostsee, y hace muchos, pero muchos años fue el primer balneario de Europa. Como parte de la investigación, tuve que quedarme en el hotel donde se hospedarán los presidentes de esos ocho países más industrializados, el Hotel Grand Kempinski o Kempinski Grand Hotel, no sé, el orden de los factores no altera el producto. El caso es que otros periodistas y yo pasamos la noche en habitaciones que, con nuestros salarios de periodistas, nunca jamás vamos a volver a ver en nuestras vidas. Por eso escribo de esto.

A la mañana siguiente, la única mañana que me tocaría ver en ese hotel, nos dieron un pequeño tour para presentarnos los cinco edificios de color blanco que dan a la costa del Ostsee. Llegamos al edificio donde yo dormí. Desde fuera se veía espectacular. Parecía un castillo, sólo que de pequeñas dimensiones: torres circulares blancas con terminaciones de engrane hacia el cielo. Nomás faltaba la princesa arriba. La guía entonces nos dijo que ese fue el edificio donde se quedó George W. Bush hacía algunos meses, cuando vino a platicar con Angela Merkel en Stralsund. Yo todavía tenía en la garganta mi Grand Tocino Kempinski del desayuno y, así nomás, sentí que ya no me lo podía pasar. Una mezcla de imágenes me vino a la cabeza. La guía no quiso especificar cuál había sido la habitación que usó, pero si yo volteaba a ver la mía, casi no había duda que hubiera sido esa. Era la habitación de hasta arriba, con la mejor vista al mar, dentro de la torre circular… Era casi seguro que yo dormí donde él durmió. Todo habrá sido limpiado ya miles de veces, pero haber entrado en el espacio íntimo de esa persona me causaba cierta animadversión. Debe ser alguien importante porque dirige uno de los países más importantes del mundo, pero la forma en que hace política contra los mexicanos y contra el mundo entero me ha llevado a desarrollar un sentimiento de antipatía, antes que de respeto.


E incluso esas personas usan los mismos servicios que nosotros. Quizás durmió del mismo lado de la cama y vio el mismo menú de almohadas que estaba en el buró del lado izquierdo: "Cherry Stone Pillow, 100% cotton, white filling, cherry stones, 60 cm, 600 gr.", o la "Down Special Pillow, 100% cotton, white filling, 55% orig. goose pure goose down outside tumbleproof".

Ahora, para el G8, aquí podría regresar el presidente de EU, aunque también podría dormir Putin, o Merkel, o Abe, o Blair. A Prodi y a Harper creo que no les darán las suites de 1,400 euros, quizás para ellos están reservadas las de 400 euros. Y ya sólo faltaría saber si la representación de Francia será conservador o socialista, de eso dependerá la recámara asignada.



Eso sí, si los ocho se van a dar una caminata al muelle que se interna en el Ostsee durante el atardecer, seguro que África, o América Latina podrán gozar de buenas resoluciones.

O quizás sólo estoy soñando.

Yaotzin.

lunes, abril 23, 2007

¿Neonazi o pobre diablo?

Con esta entrega corro el riesgo de alimentar el odio de una o dos personas que opinan que Berlín está lleno de neonazis, pero, aquí va, es parte de la chamba.

El sábado pasado me fui a ver el partido del Stuttgart contra el Bayern München a un bar en Berlín. ¿Por qué el Stuttgart? Quizás se leerá cursi o nacionalista, pero es porque ahí juegan los dos mexicanos, Pardo y Osorio. Yo traté de irle al Hertha de Berlín los dos primeros años de mi vida aquí, pero fue imposible. Fui al Estadio Olímpico de Berlín tres veces, leía las crónicas del partido, platicaba con mi cuñado (un fanático del Hertha), quise incluso entrevistar al brasileño Marcelinho que ahí jugaba, y nada. Es más, le tomé un odio sin precedentes al América del D.F., al equipo al que yo le iba en México, pero ni aún así se metió el Hertha en mi corazón. Y apenas llegan Pardo y Osorio al Stuttgart, y siento que quiero saber todo de ese equipo. Y eso que Stuttgart es una ciudad tan diferente a Berlín por pertenecer al Oeste político y geográfico del país: ¡¡¡5 horas en tren!!! Ni cómo ir a un partido en un fin de semana.

Llegué al bar con mis dos amigos gringos y un español. Joder. Y pedimos que nos transmitieran el partido. Éramos mayoría y las otras dos personas que estaban en el bar accedieron. Así que veríamos Stuttgart contra München. Me quité mi chamarra y deslumbré a todos con mi playera de Osorio y su número tres. Después volteé alrededor y vid dos vírgenes María colgando de las paredes y un anuncio de Cerveza Sol, y quedé más deslumbrado yo. Nunca supe la relación del dueño del bar con esos símbolos. Pedimos unas cervezotas bien heladas, brindamos y empezamos a corear al Stuttgart. Todos menos un intruso.

Ya habían pasado quizás unos 30 minutos y los dos golazos de Cacau (del Stuttgart, claro) cuando llegó un señor de unos 55 años. Chaparrín y redondo, cigarrillo en mano y hablando berlinés. Estaba gritando que pusieran el partido del Hertha. Se sentó a mi lado y siguió gritando. "Pongan el Koferenz o el partido del Hertha, ¿que no saben que ahorita está jugando el Hertha?", dijo. El Konferenz es un canal que cada cinco minutos va cambiando de partido. Súper aburrido o especialpara los amantes de Bill Gates y sus "ventanas". Y como estaba haciendo mucho ruido, uno de mis amigos le dijo que se callara. Así que repitió que el Hertha jugaba. Lo hacía con una insistencia de borracho. Y fue cuando nos vio mejor y empezó a gritar "Ausländer raus! Wir sind in Berlin", extranjeros ¡fuera! Estamos en Berlín, dijo. Sus palabras me dieron mucho coraje pero decidí que lo mejor era quedarme callado. Yo no podría contestarle en su idioma y provocarlo más. Nadie lo estaba secundando, eso fue lo bueno. Mi amiga fue mucho más inteligente y le dijo, sin levantarle la voz, que todos habíamos llegado a tiempo y que este partido había sido escogido democráticamente. El señor se levantó y se fue. Quizás la palabra democráticamente lo asustó. Quizás era un señor que seguía viviendo en la prisión comunista que le había tocado vivir.

¿Se puede catalogar a este tipo de personas como nazis, neonazis o ultraderechistas? ¿no podría haber sido sólo un fanático frustrado por irle al Hertha y no poder ver el partido? Pero quizás sí es más ultraderechista que nadie más, y el más claro ejemplo es que su odio a los extranjeros brotó inmediatamente al distinguirnos, porque el señor debería de saber que en Stuttgart no habitan extranjeros, sino compatriotas suyos.

Cambio mi forma de discurso a un reporte que una vez, hace no mucho, hice sobre el ultraderechismo:


Ultraderechismo: un fenómeno de todo el país

El ultraderechismo ha sido normalmente asociado a la pobreza y desempleo de Alemania del Este, pero un estudio reveló que está bien asentado en el Oeste.

Los autores del estudio publicado el 9 de noviembre por encargo de la Fundación Friedrich Ebert, son Elmar Brähler y Oliver Decker, dos científicos de la Universidad de Leipzig,

Ellos revelan que en los alemanes hay un pensamiento ultraderechista que pocas veces dejan ver en público.

"Nosotros diferenciamos entre opinión y acción. Investigamos la opinión ultraderechista y no tocamos la acción ultraderechista, que tiene que ver el comportamiento electoral y la agresión", explicó Decker.

Así, un 8.6 por ciento de los 5 mil alemanes encuestados tiene pensamientos de extrema derecha, en el Este 6.6 por ciento y en el Oeste 9.1 por ciento.

Esto sale de que un 15 por ciento desea a un líder que ponga mano dura al país; un 10 por ciento piensa que hay vida con valor y sin valor, y un siete por ciento piensa que el pueblo alemán es superior.

Sin embargo, esos alemanes votan por los partidos que ahora están en el poder, el Socialdemócrata y la Unión Democristiana.

"El resultado no fue lo que esperábamos, resultó que los alemanes con pensamientos ultraderechistas votan al SPD y CDU y no por el NDP o el DVU", explicó Decker.

Un tema similar ya había tocado el autor del libro "Nazis Modernos", Toralf Staud, quien define que se trata del nazi buen vecino, ese que no sólo vive al lado y se porta bien, sino que participa en programas cívicos para niños y adolescentes.

En algún momento esas formas de pensar quedan latentes en la sociedad hasta pasarse a otras generaciones.

Así fue el caso de Christopher F., un alemán de 16 años que fue víctima de sus compañeros de escuela en octubre pasado, la secundaria Parey, en un pueblo del Este alemán.

Tres de sus colegas lo obligaron a pasearse por el patio en octubre pasado con un letrero que rezaba "Soy el peor cerdo del pueblo, sólo me junto con judíos".

Con ello fueron revividos los recuerdos de la Alemania nazi, cuando esta práctica se hacia con las mujeres que se acostaban con judíos.

"El problema es que eso data de 1933 y los padres de estos chicos ya ni siquiera vivieron esa época. La pregunta sería entonces ¿qué influye los pensamientos de estos adolescentes?", dijo Gideon Botsch, experto en ultraderechismo de la Universidad de Potsdam, Alemania.

Yaotzin.

domingo, abril 22, 2007

Cine en sillas de plástico

La otra vez una amiga nos invitó al cine a la Wika y a mí. Aunque, debo decir, no era cualquier cine, sino una de esas proyecciones alternativas que se hacen en los barrios del Este de Berlín.


Recibimos la invitación por correo, provenía de una lista de distribución de un club, el Lichspielklub, y decía que la película sólo se mostraría para miembros. Y como la Wika y yo teníamos mucho interés en ver Hong Kong Love Affair (conocida también como Comrades: Almost A Love Story o, en cantonés, Tian mi mi) por nuestro reciente viaje a Hong Kong y por nuestra pasión por ver películas románticas, nos quisimos volver miembros. Ni por internet ni por teléfono hubo respuesta, así que el día de la película nos lanzamos directamente al "cine".


Era el barrio de Prenzlauer Berg por la noche. Los edificios del Este que siguen sin renovar se ven todavía más escabrosos. Carteles y graffiti le ponen acento. Y con todo ello, este barrio es uno de los más populares de la ciudad. Yo diría que es más bien pequeño burgués. Aquí vive el que está "in". Es la Condesa del D.F. Y lo rico es que tiene estas expresiones artísticas alternativas que no hay en otro lado. Como este club. La entrada era la de uno de esos edificios sin renovar. Había que tocar el timbre como si fuéramos a visitar a alguien. La entrada era también como la de un departamento, sólo que justo después de la puerta había una barra de bebidas que hacía las veces de taquilla. La gente que estaba ahí nos vio llegar y nos saludó. Jóvenes de unos 25 a 30 años. Nosotros nos metimos como Juan por su casa hasta la sala de proyección. Antes seguramente era la sala de estar de un departamento, sólo que ahora, donde debían ir los muebles había como seis mesitas de centro, cada una con dos o tres sillas de plástico, de esas que se usan para los cafés o las terrazas de los bares. En uno de los extremos estaba un proyector conectado a una computadora y en el otro una pared blanca donde seguramente se proyectaría la película. Ahí veríamos Hong Kong Love Affair.



Y eso de volverse socio era más un protocolo que una exclusión. De pronto podría haber parecido que sólo cierto grupo de gente tenía el privilegio de ver tal o cual película. No, peor, de pertenecer a un grupo de personas. Pero cada quien es libre de asociarse como quiera y donde quiera. El protocolo consistía en hacer el pago de la película como si fuera la donación de una membrecía, ya que esta sala de proyección no está registrada en la ciudad con fines comerciales. Si ellos cobraran una entrada normal, sería una actividad ilegal, por lo que cobran esta "membrecía". Y claro que no tienen fines comerciales porque un euro no le afecta a nadie y uno recibe a cambio una joya fílmica que ni siquiera en los videoclubes se consigue.

Pero como este cinito, hay muchas cosas que funcionan de manera similar en Berlín. Más cines, bares, clubes de danza y fiestas. El mejor ejemplo es este club en el barrio de Mitte llamado Rio, que aunque para mí funciona regularmente como un club, no está reconocido como tal por la ciudad porque no tiene las instalaciones adecuadas. La entrada es, igual, una donación o membrecía temporal.

A ver qué más encuentro por ahí.

Yaotzin.

miércoles, abril 04, 2007

El D.F., ciudad de primer mundo

En el verano, uno puede ir en Berlín a una rica playa. No es una ciudad de mar ni donde se pueda nadar en el río que la atraviesa, pero se puede ir a una playa. Y también se puede andar en bicicleta. Yo no dudo que pronto dejen incluso entrar al supermercado en bicicleta. Se ha vuelto un derecho fundamental de las personas, sobre todo de aquellas que no quieren pagar los 650 euros del boleto anual de transporte público.

Pero, oh qué sorpresa, ahora México D.F. amaneció con una playa y con un constricción a usar la bicicleta. Hasta los funcionarios pedalearon hoy para irse a sus oficinas. ¿Eso quiere decir que es una ciudad de primer mundo? No creo que los mexicanos no tengan derecho a ese tipo de cosas, pero ¿en México? Creo que primero se tienen que resolver otras cosas antes que ocupar el dinero para ir a una playa y pedalear en una de las ciudades más contaminadas de la Tierra. Ese tipo de políticas se desarrollan ante la falta de poder aprobar otros proyectos más útiles.

Yaotzin.

martes, abril 03, 2007

¿Valen madre?

En cualquier otro lugar del mundo una guardería y un bebé serían algo normal. En Alemania no. Ambos son objeto de una discusión que parece no tener fin: ¿se crearán más guarderías para bebés de menos de tres años?

El sol brilla por la cocina. El Berliner Zeitung no tiene otras noticias más importantes. Ah, no, sí las tiene. En la página de deportes leo que hace nueve meses que la tasa de niños nacidos creció en 11 por ciento. Hace nueve meses fue el Mundial. Bendito mundial, trajo niños a este mundo cruel, a esta Alemania donde se discute si los quieren cuidar.

El asunto se vuelve especial porque esto toca las diferencias entre Alemania Oriental y Occidental. En la Oriental, hace mucho más de 17 años, las mamás solían dejar a los niños fácilmente en la guardería para irse a trabajar, con uno, dos o tres años. En la parte Occidental no. Ahí las mamás se tomaban, bueno, no, se toman -y por esto es la discusión- un año o más para quedarse con su hijo en casa.

Me terminé el café de la mañana, dos espressos combinados con leche espumosa. A veces queda como capuchino, otras como café con leche y otras como latte machiatto. ¿De verdad es muy descabellado dejar al niño a cargo de alguien más? ¿en una guardería, por ejemplo? ¿el gobierno las tiene que financiar, no se pueden conseguir escuelas privadas que lo hagan? ¿mi mamá podría sentirse culpable de que ya no vivo con ella, de no haberme cuidado y apapachado cada día durante los primeros años de mi vida? Yo crecí con una nana pero ahora vivo en Alemania, y si mi mamá fuera alemana del Oeste ahora mismo estaría flagelándose la espalda, echándose la culpa de que me dejó con una nana en lugar de cuidarme.

Pero no, las mamás alemanas del oeste están más bien orgullosas de que se quedan los primeros tres años con sus hijos y que después, cuando éstos son grandes, se dedican ¿a qué podría ser? A no tener hijos. El cariño que les dan quizás no es suficiente para incentivarles el aparato reproductor y por eso los alemanes andan con una tasa de 1.2 niños por cabeza.

Guarderías o no guarderías, Alemania debería mejor discutir si hace otro Mundial para que tengan niños que cuidar y que a posteriori paguen las pensiones de los jóvenes de hoy.

Yaotzin.

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