jueves, noviembre 20, 2008

Niños en la calle

Hoy me desperté con lo que parecía una terrible noticia: en Berlín hay unos dos mil niños y adolescentes en la calle. Eso decía una nota del Berliner Zeitung.

Me quedé impresionado porque yo estoy por las calles de Berlín todo el tiempo. En lo que era el Este, en el oeste, en los barrios de moda, en los pobres, en los ricos, en los desolados y en los llenos de negocios; también cerca de las terminales de tren, donde normalmente se juntan los problemas de una ciudad. Y en ninguno de esos lugares he visto niños en la calle.

Yo vengo de una ciudad y de un continente donde de verdad los niños están en la calle. Payasos malabares, prestidigitadores, vendedores de chiclets y todo más. Una vez entrevisté a unos niños de la calle que se estaban drogando enfrente de mí. Nada me había dado más miedo después de los policías.

Pero esos niños obviamente no hay en Berlín, al menos no en las calles de Berlín.

Busqué la definición de "niño" y resulta que legalmente un niño es alguien que puede llegar hasta los 14 años de edad. Y para como se desarrollan los alemanes, estaríamos hablando de un güero de unos 2 metros de altura con cabellos engomados tipo punk. ¡Esos son los niños alemanes! Y de esos sí que hay en las calles de Berlín.

En el metro, en las estaciones de metro y tren suburbano más concurridas, ahí están. Piden dinero, venden revistas callejeras y tienen perros, muchos, más sanos que ellos mismos.

Pero lo que todavía no entiendo es como un Estado tan social y paternalista como Alemania puede tener a estas personas en la calle. En teoría cualquiera podría tener derecho a casa y dinero, incluso una partilla llamada Kindergeld, dinero para niños.

En fin… un tema a investigar.

sábado, noviembre 15, 2008

El fin, efímero, del SIDA

Las cifras son variadas: entre unas 5 mil y 8 mil personas estarían muriendo diario a causa de la enfermedad del SIDA. Lo dicen organizaciones no gubernamentales y agencias de Naciones Unidas.

Lo cierto es que la mitad de ellas, o más, se mueren por no tener un tratamiento adecuado. Y también es cierto que hay personas que con seguir su tratamiento retroviral ya pueden vivir mucho más tiempo.

Lo que no es cierto es que el virus pueda ser curado.

En Berlín fuimos alertados con esa noticia de la cura la semana pasada. "Sensación médica mundial", titulaba uno de los diarios de más circulación. La noticia era, prácticamente, como la del hombre que llega a la luna. Bueno, no sé, quizás exagero, yo no viví en esa época pero supongo que era la misma sensación.

El virus incurable, una maldición de Satán, el destino de la humanidad, el crecimiento exorbitante de enfermos, el exterminio de la humanidad. Así ha sido visto este virus que desactiva las defensas del cuerpo humano y lo deja vulnerable a cualquier enfermedad. Un catarro podría ser mortal.

Y en Berlín, 30 años después del gran descubrimiento del virus, se tenía noticias sobre una cura.

Un médico alemán joven, de apenas 39 años de edad, tuvo la ocurrencia de trasplantar a un infectado por el VIH, el virus del SIDA, una médula que contenía una mutación genética que es inmune a todas las cepas del virus. El trasplante se hizo porque el paciente, además de SIDA, tenía leucemia. Era inevitable cambiarle la médula. Pero entonces el médico, Gero Hütter, del hospital Charité, decidió experimentar con la médula inmune.

"Esta mutación natural es conocida como la delta 32 CCR5. El CCR5 es una molécula que actúa como una puerta de entrada y deja al VIH vía libre para que infecte a las células. Las personas que presentan la mutación -alrededor del 1,5% de la población, principalmente del norte de Europa- son resistentes a la infección", es la explicación más científica que da a conocer un diario español.

El paciente, un gringo de 42 años, ya llevaba más de 10 años tratando la infección del VIH, hasta que hace tres años desarrolló una aguda leucemia y tuvo que ser tratado por ella.

¿El resultado? Después de un año y medio, el paciente se sigue recuperando de la leucemia pero no ha tenido que tomar sus medicamentos retrovirales.

"Estoy muy sorprendido", reconoció Hütter al diario The Wall Street Journal, y lo dijo porque cuando un seropositivo deja sus medicamentos, el virus se propaga velozmente por el organismo: en días o, cuando mucho, semanas, el virus degenera en SIDA.

El caso atrajo las miradas de médicos de todo el mundo. El joven Hütter de repente era una estrella mundial. Pero también paralelamente salieron argumentos que le quitaban toda la sensación a esta operación, pues se trataría de un caso aislado que no serviría para los 33 millones de infectados por el VIH.

Primero, el paciente estaría sólo "funcionalmente" curado, ya que todavía podría tener restos de VIH. Es algo que no se puede comprobar.

Segundo, no se podrían hacer tantos trasplantes de médula por los riesgos que conlleva.

Tercero, aunque se pudieran hacer, la operación cuesta alrededor de 200 mil euros.

Cuarto, las personas con la mutación que hace a la médula inmune, son muy pocas.

Lo que sí se podría hacer es utilizar a las grandes trasnacionales para distribuir medicamentos. Coca Cola ya lo hace, y aunque no sé más del proyecto, la idea no es mala: www.colalife.org. Si más de la mitad de los enfermos de SIDA se mueren por falta de tratamiento, al llevar coca-colas y sabritas a los terrenos más recónditos, también se podrían llevar los tratamientos retrovirales. El financiamiento podría correr a cargo de las mismas compañías y, si no, por pequeñas donaciones como se han hecho hasta ahora.

¿O ya existe esta esperanza?


viernes, noviembre 07, 2008

Cerdos Noticiosos

O Cerdos Radiales.

O Cerdos USBeales.

O como se les quiera llamar, pero uno de ellos llegó a la casa. Aquí la imagen:

Un periodista se lo regaló a la Wika para que pudiera seguir las noticias día a día. Y no me sorprende que entre periodistas se hagan regalos de este tipo, sino que éstos tengan forma de cerdos. Ya hablé vagamente en otro post sobre la inclusión de los cerdos en la vida diaria de los alemanes. Bueno, pues con esto se comprueba.

Si Alemania fuera religiosa, adpotaría al cerdo como figura santorial, así como lo ha hecho India con la vaca. Acudiríamos a la Potsdamer Platz a sobarle la panza y acariciarle la cola para que nos dé más codillos o más filetes para hacer Schnitzel (milanesa con papas).

Yo en lo particular le pediría que transforme a un alemán en taquero y haga tacos al pastor.

Por el momento me conformo con este Cerdito Radial, que con tan sólo conectar su cable USB a la computadora (es un cerdo muy moderno), comienza a vociferar las noticias del día. Ah, que no me gustan las que dice, pues le muevo una oreja y cambia de estación. Ah, que las dice muy fuerte, pues le muevo la colita y baja el volumen.

Eso sí, creo que no llegaré al punto de conectarle audífonos porque, como se puede ver en la imagen, el pervertido que le hizo esa conexión escogió ni más ni menos que el ano para ella. Y eso quizás nos llevaría a una disertación sobre el uso de la palabra Scheisse en alemán, que también se quita los siete velos para florecer en cualquier lugar.

miércoles, noviembre 05, 2008

Elecciones de EU: un día de fiesta en Alemania

Parecía todo menos un día de elección.

Bueno, no es que un día de elección deba ser serio pero parto de la premisa de que nada cambia de un día a otro y de que en México una vez se votó por un cambio y resultó decepcionante.

Obama promete muchas cosas, pero muchas no distantes de lo que quería hacer McCain y muchas no realizables, por lo menos, en los próximos 18 meses.

Ni siquiera votar por un negro (ahora se utiliza esta palabra, antes de las elecciones no) debió de haber sido el motivo de celebración. Ya se veía venir. Ya había negros en grandes posiciones en diferentes áreas, con mucha fama, y extensa influencia: Michael Jordan, Tiger Woods, Los Jackson Five, Luther King, Jessie Jackson, Colin Powell, Condoleezza Rice, etc. Emocionante sería ver a un banquero negro.

Pero así estábamos todos los berlineses (soy berlinés, con huaraches, sombrero y del color del carbón, pero berlinés al fin y al cabo) en las calles por la noche del 4 de noviembre. Podría jurar que se veía como un viernes de fiesta. Los metros llenos, las calles con gente dirigiéndose a algún lado, como cuando escuchan del antro de moda y ahí van. Cervezas en la mano.

En el centro, Berlín Mitte, fue donde pasó lo mejor. Bares, lobbys de hotel y hostal, y un cine fueron adecuados con pantallas para seguir las elecciones estadounidenses. Hasta aquí parece normal. Pero en Berlín estamos a seis horas de diferencia con la costa Este de Estados Unidos. Los primeros resultados llegaron a la 1 de la mañana, los últimos llegarían a las 7, aunque ya sabemos que lo más importante pasó a las 5 de la mañana, 10 de la noche de México, creo.

Las Wahl-Partys, fiestas electorales, se organizaron en otras partes de la ciudad, ya sea de forma privada, como por la Embajada de EU, y los grupos de Republicans Abroad y Democrats Abroad. En Berlín y en otras ciudades de Alemania. Múnich estaba anunciada también como otra sede de fiestas electorales.

Cada hora era como ver una anotación de futbol: yeaaahhhh, gritaban sobre todo los estadounidenses expatriados, a quienes los berlineses veían con los ojos grandes, grandes y al final sacaban una sonrisita y el suspiro de un grito. McCain era abucheado en cada ocasión. Quizás sólo en la fiesta que hicieron los republicanos no lo fue, pero eso no lo sé. Pregunté a un colega periodista por medio de un mensajito de teléfono por el ambiente, pero nunca me contestó.

Obama ya se había ganado el corazón de los alemanes (ver post) y era quien se llevaba los gritos esa noche del 4 al 5.

Yo también me emocioné y quizás me gustaría entender mejor por qué.

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