miércoles, noviembre 05, 2008

Elecciones de EU: un día de fiesta en Alemania

Parecía todo menos un día de elección.

Bueno, no es que un día de elección deba ser serio pero parto de la premisa de que nada cambia de un día a otro y de que en México una vez se votó por un cambio y resultó decepcionante.

Obama promete muchas cosas, pero muchas no distantes de lo que quería hacer McCain y muchas no realizables, por lo menos, en los próximos 18 meses.

Ni siquiera votar por un negro (ahora se utiliza esta palabra, antes de las elecciones no) debió de haber sido el motivo de celebración. Ya se veía venir. Ya había negros en grandes posiciones en diferentes áreas, con mucha fama, y extensa influencia: Michael Jordan, Tiger Woods, Los Jackson Five, Luther King, Jessie Jackson, Colin Powell, Condoleezza Rice, etc. Emocionante sería ver a un banquero negro.

Pero así estábamos todos los berlineses (soy berlinés, con huaraches, sombrero y del color del carbón, pero berlinés al fin y al cabo) en las calles por la noche del 4 de noviembre. Podría jurar que se veía como un viernes de fiesta. Los metros llenos, las calles con gente dirigiéndose a algún lado, como cuando escuchan del antro de moda y ahí van. Cervezas en la mano.

En el centro, Berlín Mitte, fue donde pasó lo mejor. Bares, lobbys de hotel y hostal, y un cine fueron adecuados con pantallas para seguir las elecciones estadounidenses. Hasta aquí parece normal. Pero en Berlín estamos a seis horas de diferencia con la costa Este de Estados Unidos. Los primeros resultados llegaron a la 1 de la mañana, los últimos llegarían a las 7, aunque ya sabemos que lo más importante pasó a las 5 de la mañana, 10 de la noche de México, creo.

Las Wahl-Partys, fiestas electorales, se organizaron en otras partes de la ciudad, ya sea de forma privada, como por la Embajada de EU, y los grupos de Republicans Abroad y Democrats Abroad. En Berlín y en otras ciudades de Alemania. Múnich estaba anunciada también como otra sede de fiestas electorales.

Cada hora era como ver una anotación de futbol: yeaaahhhh, gritaban sobre todo los estadounidenses expatriados, a quienes los berlineses veían con los ojos grandes, grandes y al final sacaban una sonrisita y el suspiro de un grito. McCain era abucheado en cada ocasión. Quizás sólo en la fiesta que hicieron los republicanos no lo fue, pero eso no lo sé. Pregunté a un colega periodista por medio de un mensajito de teléfono por el ambiente, pero nunca me contestó.

Obama ya se había ganado el corazón de los alemanes (ver post) y era quien se llevaba los gritos esa noche del 4 al 5.

Yo también me emocioné y quizás me gustaría entender mejor por qué.

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