lunes, febrero 07, 2011

La Venganza Pornográfica (de Israel)



Este es un texto mío publicado originalmente en El Ángel, la revista cultural del periódico Reforma de México, pero la historia vale la pena y por eso la pongo ahora en el blog.


BERLÍN.- No había nada raro en cómo llegaron al llamado y levantaron la cabeza; nada en especial, sólo un detalle: estos soldados eran en realidad mujeres. Dos columnas de tropas de mujeres de la SS. Pantalones ajustados, botas relucientes y chaquetas que cedían a grandes bustos. Bajo sus cachuchas se les veía el cabello corto; el cabello era fino y su cuello suave y femenino. "Santo Jesús", murmuró un prisionero, "mujeres de verdad".

Esta descripción figura en uno de los Stalags, historietas publicadas en el Israel de los años 60.

Los Stalags eran pequeños libros de bolsillo, comparables a lo que en México sería el Libro Vaquero, y que fueron publicados justo después del juicio de Adolf Eichmann, uno de los nazis de mayor rango sometido a proceso.

La publicación de estas historietas implicó un extraño fenómeno, que dio paso a la cultura pop en Israel: la Pornografía del Holocausto, una literatura hecha por autores judíos y dirigida a un público judío.

En dichas historietas, se plasmaban las fantasías sadomasoquistas de prisioneros de guerra con sus verdugos, encarnados en mujeres nazis, oficiales del SS, las tropas del ejército de Adolf Hitler.

Desde la aparición del primero, llamado Stalag 13, tuvo un éxito enorme y, en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en un fenómeno de masas, que al mismo tiempo rompió con dos tabúes, el de la pornografía en la entonces sociedad conservadora de Israel, y el del discurso sobre el Holocausto.


Deseos prohibidos

El tema del Stalag cobra actualidad gracias al director israelí Ari Libsker, quien en su película documental Pornografie & Holocaust narra la creación e impacto de esa historieta en la cultura pop.

Filmada en 2008, pero estrenada por estos días en los cines de Alemania, Pornografie & Holocaust mezcla imágenes de las coloridas portadas de los Stalags con una serie de entrevistas en blanco y negro.

"Con este filme trato de cuestionar las experiencias de violencia de aquel entonces, la estereotipación del recuerdo y el deseo de lo prohibido", comenta Libsker en entrevista.

El guión de estos libros de bolsillo es básicamente el mismo: un soldado de los aliados, comúnmente estadounidense, es hecho prisionero en algún campo de concentración y sometido por bellas y curvilíneas oficiales nazis.

El prisionero es humillado y abusado sexualmente con violencia, pero a pesar de ello las historias siempre tienen un final feliz, pues el soldado logra liberarse y él mismo termina explotando sexualmente a las damas de las tropas de la SS.

"La acumulación de aficiones sexuales o perversiones pasa entre los primeros años de la niñez, y si en este tiempo también sucede algo traumático es posible que estas personas lo liguen con un sentimiento erótico para escapar de la situación", señala Libsker.

Estos momentos traumáticos fueron los que muchos judíos vivieron durante su encierro en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

Los sobrevivientes israelíes vieron entonces en estos Stalags una forma de catarsis por lo que habían vivido.

En el documental de Libsker, esto se hace patente en una de las entrevistas, en la cual un israelí de unos 75 años de edad ofrece su testimonio de forma anónima.

"Esos libros eran un fuerte estímulo sexual. Al leer el Stalag 217 yo quería estar ahí, con la vigilante, con la oficial. Sentirla como mujer", comenta este lector.

Otro testimonio, esta vez de un hombre más joven, quien no vivió el fenómeno, pero que conoce los acontecimientos, opina abiertamente sobre el tema.

"Si tuviera a una mujer alemana en mis brazos, que sé que tuvo un abuelo nazi, tendría sexo con ella, tan sólo para demostrar a ese abuelo nazi que mató a muchos judíos que yo tuve a su nieta".

La terapeuta sexual Helen Singer-Kaplan señala esto como la erotización de un trauma infantil.

Atiende al hecho de liberar el alma con fantasías sadomasoquistas después de haber sufrido, como niño, violencia física, describe Singer-Kaplan.

"Una paciente judía europea confesó que le excitaba imaginar el poder haberse acostado con un vigilante de la SS. Ella seguía horrorizada y enojada por haber perdido a toda su familia en un campo de concentración", cuenta.

El éxito de la historieta

El primer Stalag, el Stalag 13, fue publicado en 1961 por Eli Keidar. Entonces él tenía 23 años de edad. Había fracasado como periodista y un editor le envió la portada de una revista de Estados Unidos en la cual se veía a dos mujeres oficiales nazis.

Las mujeres oficiales nazis en realidad nunca existieron, pero ya se les veía como parte de algunos cómics estadounidenses.

Keidar tuvo la ocurrencia de hacerlas sensuales y crear el guión de la sumisión y el sadomasoquismo. El resultado fueron libros que se vendían como pan caliente en las estaciones de autobuses o en cualquier puesto de la calle. El Stalag 13 tuvo un tiraje de 80 mil ejemplares.

Entonces surgieron varios autores, cada uno creando diferentes tipos de Stalag. Incluso, hacían creer que eran traducciones para darles mayor atractivo.

"Usaron a propósito palabras mal traducidas y conjunciones que hacían parecer que se trataba de traducciones, aunque no lo eran", comenta la traductora Nitsa Ben-Ari.

Los autores usaban seudónimos en inglés como Mike Longshot, Ralph Butcher o Mike Baden, este último usado por Eli Keidar, y muchos eran hijos de sobrevivientes del Holocausto, aunque escribían desde la perspectiva del "yo".

Muchos jóvenes entrevistados entonces por los editores en encuestas callejeras decían que de esta literatura les interesaban mucho las escenas donde los soldados eran descubiertos en escenas de sexo con una oficial nazi.

Los libros eran hojeados también por quienes no tenían ni la más mínima idea del Holocausto, tan sólo para erotizarse.

"Uno era joven, 14, 15, 16 años y empezaba la pubertad, y como no había ninguna revista con desnudos, estos libros eran usados para cumplir ese fin", señala un entrevistado en el documental.

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