miércoles, diciembre 27, 2006

Cena en siete tiempos, de desempleado a chef.

También es posible en Berlín, no sólo en los mejores restaurantes de México o de Francia.

La versión corta de la historia es así: el tío de la Wika vivía en el desempleo, como muchos alemanes. Su día a día estaba financiado por la ayuda social del gobierno, que paga incluso la renta de un departamento. En su tiempo libre hacía trabajos de fotografía y empezó a hornear pasteles. Hasta que se le presentó la oportunidad de desarrollar sus habilidades de chef en un café con un trabajo más o menos formal. Ahora ya tiene empleo, cocina nueva y hace unas bacanales en su casa para experimentar sus nuevos platillos con nosotros.

Ayer, uno de los días post-navideños, nos invitó a disfrutar de una comida en siete tiempos. ¿Siete tiempos? vaya, no lo podíamos creer.

Debo decir que en los dos años y medio que llevo aquí, nunca he comido nada repetido en esa casa. Y esta no fue la excepción.

Traducido, el menú es un pequeño plato de tapas con tortilla de papa, ajo hervido, camarones asados y ciruelas envueltas en tocino, todo sobre una salsa de whiskey; 2.- ensalada de lechuga con queso de cabra flameado y un toque de miel; 3.- sopa de tres diferentes sabores, elote, pimiento y cilantro; 4.- hígado de liebre sobre una cama de rugola, manzana al horno como guarnición y cubitos de balsámico; 5.- rollos de pasta de salmón bañados de salsa de azafrán; 6.- filete de ternero acompañado de polenta y verduras hervidas y servidas a la mantequilla; y 7.- helado con salsa de moca, pedazos de chocolate amargo y granos rostizados de café.

Adentro de esos viejos edificios de la RDA en Prenzlauer Berg hay personas que tienen potencial para hacer muchas cosas, pero desgraciadamente todavía hay varias personas que prefieren vivir de la ayuda social del gobierno.

Por eso la tasa de desempleo en Berlín ha llegado hasta el 20 por ciento.

Yaotzin.

lunes, diciembre 25, 2006

American Football in Berlin - Futbol Americano en Berlín

Los mexicanos heredamos algo de los gringos, la pasión por el futbol americano. No todos, pero sí algunos, y yo he sufrido para encontrar bares que transmitan los partidos. Es difícil porque son canales de cable y porque la diferencia de horario es de seis horas.

La última vez éramos tres personas en el partido de las 17:00 horas, tiempo del Este, 23:00 de Berlín. El bar ya estaba solitito y nosotros gritando a favor de las Águilas de Filadelfia. Quizás soy raro por ver este deporte, pero entonces también son raros los alemanes son más por dedicar tantas horas de transmisión a las competencias de caballos, los canadienses al hockey y otros tantos al rugby.

Aquí están las coordenadas para quien se quiera sumar.

Salama's, cerca de Frankfurter Tor. Niederbarnimstraße 24, en el barrio Friedrichshain:


Este ya no existe: Y el pub irlandés The Old Emerald Isle, in Kreuzberg, Erkelenzdamm 49. Aquí normalmente hay que llamar para preguntar si transmiten los partidos. Este lugar es más grande y está mejor ambientado que Salama's, sólo hay que pedir la Guiness con acento irlandés: A'll hae a troch 'o roch, un a puck 'o richy peg (I would like a pint of export ale and a packet of smokey bacon crisps please).


Actualización (19/11/2010). Un hostal frente a la Volksbühne tiene como ocho pantallas donde hay transmisión de deportes todo el tiempo. Los odmingos por la noche no sólo pasan la Bundesliga, la Serie A, sino que, en temporada, el cricket, el béisbol y, claro, el futbol americano. Hamburguesas, alitas asadas y papas son parte del menú.

Belushi's, frente al teatro Volksbühne. Rosa Luxemburg Str. 41, metro Rosa Luxemburg Platz (U2), en el barrio de Mitte.


martes, diciembre 19, 2006

¿Hacia dónde van los periódicos? La vista de los corresponsales.

Ayer estuve platicando con el colega corresponsal de Le Monde. Nos perdimos en los tradicionales patios que hay en los edificios de Berlín, por los que están en el Hackescher Markt. Tomamos el cafecito de la mañana y tocamos el tema del trabajo del corresponsal.

Él está en uno de los periódicos más conocidos del mundo. Quizás de los más admirados, citados y respetados. Yo estoy en el periódico más conocido de México, y en su tierra el más admirado, citado y respetado. Muy diferentes nuestros medios, pero con una situación similar: ¿dónde están los espacios de los periódicos para contar historias? ¿por qué los periódicos quieren reaccionar con textos poco interesantes, tratando de hacer la competencia a la radio, la televisión e internet?

Los periódicos deberían de estar para explicar a los lectores las noticias que fugazmente nos invaden nuestro entorno, pero parecen enfocarse en querer ganar una noticia que también será fugaz.

Prestigio. Mi querido corresponsal francés me dice que le insistieron mucho para una entrevista con Angela Merkel, la canciller alemana. La logró. Claro, es Le Monde. A mí no me la han dado y seguro no me la darán. Comment je vous explique? Ach, tschuldigung, wie soll ich das erklären? Pero sobre la entrevista me dice, y le creo, la canciller no me va a decir nada que no se sepa. No va a querer comprometerse con otras declaraciones tampoco. No explicará situaciones políticas porque tampoco tenemos mucho tiempo para la entrevista. Sólo dirá cosas que los franceses querrán escuchar y que seguramente serán olvidadas luego. "Haremos más esfuerzos para mantener la cooperación entre el eje francoalemán", oui, oui. Dos meses después no habrá nada. ¿Para qué es la entrevista entonces? ¿a quién le sirve? ¿sólo son una cuestión de prestigio y de estatus de que algunas personalidades hablan con un reportero, con un periódico? qué tontos son los lectores si sólo por esa razón mantienen una suscripción.

Rapidez. ¿Por qué un periódico quiere ser más rápido que nada? el otro día estábamos cubriendo la nota de la ópera de Mozart, Idomeneo. Famosa porque en una escena se ve la cabeza del profeta Mahoma degollada, una posible agresión a los musulmanes. En su reestreno estaban todos los medios posibles. Todos. Unos encima de otros, parecía pornografía pura. A la corresponsal de El País le llamaban constantemente a su celular para pedirle datos, información, impresiones. Parecía no concentrarse en el ambiente, en lo que de verdad debía de escribir. La llamaron en la fila de entrada. La llamaron durant la ópera. ¿De qué se trata? Y al final nunca se notó que ella hubiera estado ahí. Fue como cualquier texto de cualquier agencia de noticias. Y con un ángulo amarillista que no me lo creo, que nadie se lo debería de creer. Los pobres lectores pagan por ello.

Espacio. Más publicidad, menos espacio. La razón de cortar las historias en los periódicos tiene su raíz en la publicidad, y se entiende siempre y cuando sea el medio para financiar el periodismo. Pero hay momentos en que se exagera. En mi periódico dejan unas columnas de cinco centímetros de ancho por un metro de largo. ¿Quién quiere leer sobre la escalada de la ultraderecha en ese espacio? Pobres lectores. El colega de Le Monde me decía que no le piden más de 3,500 caracteres, una cuartilla de Word. ¿Qué se puede comentar en ese espacio? apenas caben los detalles esenciales que debe de llevar toda nota periodística.

El colega de Le Monde ya renunció. Esas son las razones principales. Y es oficial. Él tuvo las agallas de salir al mundo sin correa y ganarse la vida de otra forma, con otros medios. Muchos estamos en una relación simbiótica con nuestros medios. Muchos también los necesitamos como los grandes bastiones del poder para poder hacer públicas muchas otras cosas que de otra forma no se dan a conocer. Pero tenemos que partirnos el lomo para encontrar los espacios en nuestros periódicos.

Si nuestros editores tuvieran más comunicación con nosotros podríamos desarrollar mejores productos.

Y si no es cosa de los editores, los dueños de los periódicos deberían de tener respeto por los materiales y los colaboradores que les hacen ganar dinero.

miércoles, diciembre 13, 2006

Mexicano --> alemán; mujer ---> hombre (Metamorfosis 3)

Durante mi estancia aquí, me doy cuenta que me hago alemán.

Eso no es lo peor, mi mujer se hace hombre.

Cuando llegué a Berlín he sufrido constantemente de la caída del cabello. Mi mujer, la Wika, me dice que tiene que ver con mi edad. Y sí, cada vez que yo recuerdo a alguien que se ha quedado sin pelo, normalmente es entre los 28 y los 35 años. Yo tengo 32. No estoy calvo ni me parece que vaya yo a quedar así, pero de que se me cae el cabello, se me cae.

En realidad ya me hice a la idea de que pudiera quedar calvo. Mis dos cejas gruesas podrían ser el único territorio peludo que quede en mi cara. Podrían ser mi único atractivo en mi cara, si no es que el hazmerreír. No sé cómo se verán solas. Junto con mi cabello negro, negro, son dos pincelazos al óleo que me dan un rasgo distintivo físico. "Es el cejón", me identificaba alguien cuando no hallaba cómo describirme. Y sin pelo seré más cejón todavía. Pero, como dije, ya no me asusta. A estas alturas hay otras cosas que me vuelven loco, como la informalidad de una editorial mexicana que no paga a sus colaboradores. Después la menciono por su nombre porque es justo acusar a algunos pecadores.

La idea de quedarme calvo o con un gran aeropuerto en la frente me hace pensar más bien en que cada vez parezco más alemán. Prácticamente no hay periodista teutón entre la edad descrita que tenga mucho pelo en la cabeza. Por atrás o por delante. Y esto me preocupa. ¿Será una forma de pagar la intelectualidad? ¿será demasiado estrés? ¿será algún químico en las aguas alemanas? ¿europeas? Hace poco salió un estudio de que las aguas del Spree también tenían muchos residuos de cocaína, quizás es eso lo que nos está dejando pelones.

Mi mujer, por ejemplo, al contrario de todas las mujeres, también se está quedando pelona. Esto también me preocupa porque aquí sólo los hombres son los calvos. Quizás es hombre y no me lo ha dicho. La forma de mirar el futbol, de gritar por un gol, e incluso de hacer un escupitajo beisbolero en la calle me dejan con los ojos abiertos.

Yo me convierto en una especie de xoloitzcuintle y ella en un hombre muy sexy. Ah, porque la Wika no deja de ser sexy. A mí en cambio se me muda todo el pelo de la cabeza a la joroba y la espalda.

Algo tienen estas aguas berlinesas.

Y.

Una hora con Merkel, una orgía de prensa extranjera.

Este es el único día en que todos los periodistas de mi asociación nos reunimos. Fuera de ello nunca nos vemos. Y nunca lo haremos.

Somos corresponsales de diversos medios extranjeros, desde boletines de información hasta periódicos míticos, desde mexicanos hasta alemanes. Todo, hay de todo, pero si no es por trabajo, nunca nos llevamos. Es un desacierto. Cuántas cosas podría contar la corresponsal de Palestina, o la de Chile, o los de China, historias de muerte, de censura, de arte, de libertad. Pero no, estamos en una dinámica alemana de trabajar incansablemente. Al menos así parece cada vez que nos encontramos en una conferencia de prensa. Tenemos una cada semana, por lo menos, pero siempre llegamos, nos sentamos, escuchamos, preguntamos, nos levantamos y nos vamos. Pocos, muy pocos nos quedamos a veces a hacer más contactos. Los mexicanos, o quizás los latinos, decimos "uno nunca sabe para qué lo vamos a necesitar algún día".

Y luego los necesitamos o nos necesitan. En el mundo no estamos solos.

Pero, bueno, nos vimos con Merkel. Llegaron más de 200, de los 400 que somos en la Asociación. Y de repente ahí estábamos, platicando. Por supuesto que nos conocemos y tenemos cosas que decir, pero muchos nunca encuentran el tiempo. La verdad es que yo creo que muchos nos encontramos arrogantes los unos a los otros. Nunca falta el que dice que ya entrevistó a Merkel personalmente, o el que hizo la pregunta que abrió el Muro, o el que está tras la mejor historia de Alemania. Esas cosas que nos hacen darnos la vuelta inmediatamente. Pero siempre hay buenas sorpresas, cada vez más. Yo creo que nunca voy a terminar de conocer a los más de 400 miembros.

Esta vez fue gracias a Merkel que pudimos saludarnos más en calma nosotros. Tuvimos que llegar media hora antes para pasar un control de seguridad, además de que Merkel llegó 15 minutos más tarde. Quizás no podía terminar de esponjarse su cabellera. El poco tiempo que nos dan para hablar con Merkel nos fuerza a los corresponsales a unirnos en nuestras preguntas. Y tenemos que platicar. Ahí estaban los franceses afuera de la sala de prensa acordando quipen preguntaría qué. Los españoles no se quedaron atrás, con un poco más de cotilleo. Algunos asiáticos hicieron lo mismo. Esto es necesario porque en 45 minutos apenas se permiten unas 20 preguntas, 25 cuando mucho. Desgraciadamente mis colegas latinoamericanos son muy pocos como para hacer un frente de ataque. Así podría Merkel y el gobierno alemán repensar su política exterior. Mexicanos somos apenas dos, así que la fuerza azteca no podría hacer nada sola. Necesitaría a la de El Clarín de Argentina, El Tiempo de Colombia y a los brasileños. Más allá no existe en la cartografía alemana.

A Merkel le gusta estar con la prensa extranjera. Es la segunda vez que lo hace. Es una forma de mantenerse popular y de seguir delineando su papel como la mujer más poderosa del mundo. Explica política europea, no se queda sin contestar ninguna pregunta, habla de las relaciones con Estados Unidos y rusia. Eso nos gusta. Querríamos quizás una pequeña visión hacia América Latina, pero en los temas previstos para la discusión nunca los han considerado, así como tampoco ha sido elegida una mano latinoamericana para plantear una pregunta. Y si a esto añadimos que hay muy poco tiempo para desahogar a todos los que quieren preguntar... Aquí es donde se encuentran a esos periodistas que muestran el medallero. Son esos que preguntan en forma de discurso, que saben más que todos, que se tutean casi con la canciller, o que preguntan cualquier cosa con tal de hacerse presentes. Son esos que antes de esta conferencia de prensa o después sólo quieren platicar para mostrar lo que han hecho o para hacernos ver que nosotros estamos verdes. Nada maduros, pues.

Al final a muy pocos les interesa lo que dijo Merkel. Parece que nadie va a escribir sobre esto. Están esperando más bien al presidente de Israel que viene unas horas más tarde y que, en cuanto hable, quitará toda la actualidad a lo que dijo Merkel. Así que yo acuerdo unos temas de trabajo con el corresponsal de El País de Colombia, me pongo de acuerdo para un desayuno con el humilde colega de Le Monde y para una comida con la corresponsal del Népszabadság.

Yaotzin.

viernes, diciembre 01, 2006

Corresponsal víctima de la paranoia

Por un momento me sentí víctima de un atentado, pero más bien creo que es pura paranoia, causa de los desajustes tecnológicos de la modernidad.

Ya expliqué que soy un adicto a mi computadora, así que el siguiente ejemplo se podrá entender más fácil: Me despierto un martes, voy al baño, hago el desayuno y reviso mi correo. Bueno, y quería revisar mi correo. No pude. Nunca se estableció una conexión con Yahoo! mi servidor de correo. Lo intenté siete horas más tarde, y nada. Y si como yo mucha gente en todo el mundo no podía entrar a Yahoo!, debía ser una catástrofe mundial. El correo es una necesidad, ya sea para fines privados o profesionales.

Al día siguiente fue lo mismo. Corrí a un café internet. Ahí sí funcionó. Pero era muy raro, en casa podía ver todas las páginas de internet menos la de Yahoo! Lo intenté incluso con otra computadora que tengo y pasó lo mismo. No es un asunto de 'galletitas' ni de restricciones. Además la otra computadora es Mac, por lo que tampoco podía ser un virus. Hablé con gente de otros lados y sí podían ver Yahoo! El problema parecía ser sólo mío cuando yo vaticinaba ya una catástrofe mundial. Me imaginé a gente esperando el correo que cambiaría su vida, pero que nunca llegaría. Yo esperaba algunos muy importantes y por eso estaba más desesperado de lo normal.

Dos días después del problema, ¡zas!, no puedo ver la página de mi periódico. Para mí era claro que se trataba de un ataque, pero ¿con cuáles razones? Yo no soy periodista ruso ni vivo en Rusia, para empezar. No hago temas de terrorismo ni narcotráfico. No he entrevistado ni siquiera a los servicios de seguridad alemanes. Mi trabajo se basa en reflejar la vida de los alemanes, en hablar de otra cultura. Los asuntos delicados que se los dejen a la policía o a otros reporteros especializados. Pero, entonces, ¿quiénm querría bloquear la página de un periódico de México y mi servidor de correo, dos fuentes diarias de trabajo pero también de placer. Prácticamente me habían fracturado una pierna. Sin esas páginas yo no podría hacer mucho. Bueno, no, exagero, tendría que salirme de casa para trabajar desde otro lugar, pero el cometido de impedirme el trabajo o el placer se habría logrado.

Pronto la Wika con su pensamiento razonado y tranquilo me calmó. Mi paranoia estaba en un nivel máximo. Estaba pensando en acudir ya a las autoridades alemanas, a las organizaciones que protegen los derechos humanos en general y a los periodistas en particular. Quería denunciar el hecho en las agencias de noticias.

Después hablé con una amiga y me dijo que también había tenido el mismo problema con páginas de correo o de información.

La pregunta es, ¿se trata de verdad de bloqueos a propósito? ¿hay ciertas direcciones IP que no pueden acceder a esas páginas? ¿o el acceso a esas páginas depende del nivel de tráfico que haya en una zona?

No entiendo, la tecnología me tiene con muchas preguntas.

Yaotzin.
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