lunes, febrero 25, 2008

El Cristo de la U2

La imagen hablaba por si misma:

Un hombre hincado detenía las puertas de uno de los vagones del metro. Sus brazos extendidos temblaban, y con la cabeza gacha parecía que cumplía con alguna penitencia.

La gente comenzó a desesperarse y le gritaban que se levantara, pero él, como poseído por el demonio, sólo balbuceaba algunos sonidos. El chofer del metro intentó gritarle algo desde su cabina, nunca buscó a la policía ni intentó quitarlo personalmente.

Así de fácil es parar este armatoste amarillo que cruza las entrañas de Berlín.

Pasaron un par de esos minutos eternos y alguien, desde dentro del vagón que el cristiano mantenía abierto, trató de convertirse en héroe de la noche: se le acercó y con un leve empujoncito lo botó hacia el andén. Bravooo. El chofer dio un paso hacia su cabina y tocó de nuevo la campana para el cierre de puertas, pero el pie y una mano del cristiano reaccionaron como imanes y se pegaron a las puertas ipso facto para detenerlas de nuevo. Él seguía en el piso y pronto se incorporó para asumir de nuevo su posición de Cristo. De repente en esa posición intentó bajar un brazo hacia el hueco entre el andén y el metro. Nada. Intentó con el otro brazo. Nada. Ya no se sabía lo que intentaba. Los gritos del vagón se escuchaban cada vez más desesperados. El cristiano me volteó a ver con unos ojos muy abiertos y llenos de furia. Yo sabía que si él dejaba de detener esas puertas lo primero que hubiera vuelto a agarrar entre sus brazos habría sido yo. Me balbuceó algo. Parecía que estaba poseído por el alcohol. Sus movimientos eran torpes pero decididos.

El héroe trata de separarlo de nuevo pero sus brazos están imantados a las puertas. De repente ya no mete ningún brazo al hueco, sino toda una pierna. ¿Se quiere bajar a las vías con el metro ahí parado? ¿quiere atorarse entre el metro y el andén para impedir el paso del metro? ¿busca tocar la línea de corriente para electrocutar a todos los pasajeros del tren?

No.

Nada de eso.

Con la punta de su pie sacó una gorra que inmediatamente se puso en la cabeza. Tomó su mochila tirada en el andén y se metió al metro. Sonó la campana y, antes del cierre de puertas, sacó su brazo con el puño cerrado para todos los que estábamos mirando. Las puertas se cerraron.

Y.

1 comentario:

Norma dijo...

No tienes idea do cómo me reí con esta entrada. Excelente!

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