domingo, febrero 10, 2008

Berlinale 1 --> Penélope, un comercial de película

Su cabellera era como la de un comercial, así se veía Penélope Cruz al momento de presentar en conferencia de prensa la película Elegy, que co-protagoniza con Ben Kingsley.

Sentada al centro de la mesa con un vestido negro brillante, su larga y esponjada cabellera era como parte de él.

“¿Cómo se puede uno resistir a una mujer tan preciosa como ella?”, le preguntan a Ben Kinglsey, quien se sentaba a su flanco izquierdo.

Penélope voltea a ver a su lado derecho, hace una mueca después de escuchar la pregunta, y después regresa la mirada al lado izquierdo pintando el aire con una ola de petróleo negro.
“Nuestros personajes son caracteres ficticios, yo no puedo ver a una persona real en ella”, dijo Kingsley evitando hacer otro comentario.

Pero poco importó si alguien le lanzaba un piropo a la actriz española, ella ya había logrado levantar la expectativa del público berlinés con su aparición para presentar la película en este festival de cine.

La promoción de la película no fue su único objetivo, pues detrás de Cruz está la fuerza de uno de los principales patrocinadores de la Berlinale, uno que tiene que ver con productos de belleza para el cabello.

“Evidentemente viene porque es la imagen de nuestro principal patrocinador”, había reconocido unos días atrás ante la prensa internacional el director de la Berlinale Dieter Kosslick.

Kosslick siempre ha sufrido porque el festival de Berlín no tiene tantas estrellas como Venecia o Cannes, y con una actriz cuya imagen maneja uno de sus principales patrocinadores pudo regocijarse.

Cruz llegó a presentar Elegy, la nueva producción de la catalana Isabel Coixet, en donde comparte crédito con el actor la Lista de Schindler, Ben Kinglsey.

Ambos estelarizan un drama sobre un profesor que se enamora perdidamente de su alumna, visiblemente más joven, una relación que por los miedos de cada uno queda oprimida en la anonimidad hasta que fracasa. Una mala jugarreta del destino les hará repensar sobre su edad, madurez y el hecho de regresar.

La trama está basada en el libro de Philip Roth, The Dying Animal, una historia que fascinó a directora, actores y productores por igual, quienes habían leído en cuando salió a las librerías.

Si la película hizo pensar a Cruz sobre la vejez, fue una respuesta que prefirió dejar de lado. "Quiero envejecer", dijo, pero matizó inmediatamente: "Lo que quiero es buscar experiencias y usarlas en mi trabajo”.

La concurrida conferencia de prensa se desarrolló en un caos, el cual se hizo más grande cuando el ejército de prensa y radio española hacía preguntas a directora y actriz en español y pidiéndoles respuestas en español.

“Noooooooooo”, era el coro del resto de la prensa extranjera.

Pero entonces Penélope Cruz tomó la palabra y trató de complacer a unos y a otros.

“¿A ver, qué hacemos? ¿unas frases en español y lo demás en inglés?”, dijo, y todos quedaron contentos.

La actriz permanecía estática poniendo atención a cada pregunta y respuesta de sus compañeros de película, y entonces cada movimiento que llegaba hacer, cada giro de cabeza, se convertía en un huracán de petróleo.

“No me resistí a la mirada de Kingsley”, contestó a una pregunta, se acerca a la mesa y agita un poco la cabeza, “la utilicé porque es la que me llevaba a trabajar”.

Y.

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