martes, febrero 05, 2008

El gigante de la U1

Tiene que agachar su cabeza cuando se levanta. Por eso está jorobado. Por eso tiene que agarrarse de dos tubos al mismo tiempo y no caerse. Cuando hace eso, yo veo a un ser que quiere salir de una prisión. Tan fácil que le sería extender sus brazos por completo y botar el techo del vagón de metro en que viajamos.

Pero no, es un ser pacífico. Cuando coincidimos en un viaje está sentado leyendo su periódico, un manojo de hojas que en sus manos parece un simple libro de bolsillo. Al leer se le abren más los ojos, y sus labios gruesos dejan ver el oscuro hueco de su boca. Todo mundo lo ve pero él no ve a nadie.

En los largos asientos que están entre puerta y puerta, él tiene que echar encima sus piernas. Son tan largas que si se sentara como nosotros bloquearía el paso para ir de un lado al otro del vagón. Él ya lo sabe y lo hace de una forma automática. Se encoge como cochinilla. Pero no puede desaparecer. Cuando se levanta su joroba casi toca el techo. Termina un viaje más.

Nosotros lo hemos deformado. No lo dejamos de ver como gigante. Incluso él ya no se interesa por este mundo de pequeñeces. Está más allá que acá.

1 comentario:

Marta Salazar dijo...

buenísimo tu relato y la descripción!

quién será el gigante? no será Hagrid?

un abrazo fuerte!

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