lunes, febrero 09, 2009

Berlinale 2009: a cambiar los anaqueles de los supermercados

¿Se puede de verdad?

Sí.

Ejemplo: Alemania.

El título de este post fue el mensaje del documental Food Inc., uno de los que ha causado más expectativas en la Berlinale. Al final de este filme del estadounidense Robert Kenner, un documental que me recordó el de Let's Make Money (que nos muestra lo que pasa con nuestros ahorros en los bancos pero a diferencia de Food Inc., con entrevistados de dudosa cualidad), y que al final decía algo como "para cambiar los hábitos políticos de alimentación, puedes votar hasta tres veces al día".

Sencillo: hay que ir al súper y comprar comida, pero la correcta, la que uno necesita, no la que dice .99 centavos.

Este documental ve la luz en una etapa en que en el mundo se discuten las líneas para la alimentación en el futuro. La liberalización de mercados, la eliminación de subsidios, la comida para todos. Mucha gente (esto me lo dijo el premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus), deja de ser pobre extremo y pasan a un nivel socioeconómico que les permite comprar más alimentos, con lo que la comida escasea. Palabra clave: Ronda de Doha. Food Inc. tiene un poco que ver con la cuestión de los subsidios, pero sobre todo con la cuestión de la comida industrializada.

Eso me pides, eso te doy, dice grosso modo la industria de la carne y de los cereales.

Así, un cerdo y un pollo se vuelven 'moléculas modificables'. Nacen y adquieren figuras de cerdo y de pollo, incluso sabor de ellos, pero en realidad sólo porque tienen ese DNA. En realidad son cosas que nacen, válgame la contradicción, y que a punto de entrar a nuestra boca en forma de hot dog o hamburguesa son la idea de un cerdo y/o la idea de un pollo.

¿Es normal que a un pollo le tome 48 días estar en el mercado?, se pregunta Kenner. ¿Es normal que una vaca deje de alimentarse de pasto y sólo lo haga de maíz? Sí, diremos muchos que apenas recordemos nuestra primera visita a una granja cuando teníamos seis años.

Hace 50 años, los pollos no tenían mucho pecho, pero como los comensales empezaron a pedir más carne blanca, tarán, como por arte de magia ahora en todos los supermercados hay pechugas (qué raro, nunca se agotan) y, además, sin huesos.

Todo el documental viene con los nombres y apellidos de las empresas responsables. Kenner trabajó junto con los autores de Fast Food Nation, Eric Schlosser, y de El Dilema del omnívoro, Michael Pollan para hacer algunas preguntas básicas a la gente en el mundo entero:

Ahora, de nuevo a la pregunta inicial, ¿se puede cambiar la alimentación, la propia y la que dictan las políticas comerciales, y quizás las gubernamentales? Sí, insisto. Al menos de pequeñas maneras.

Las grandes empresas en Estados Unidos ya se dieron cuenta que muchas personas prefieren comer productos orgánicos y cadenas como Wal-Mart ya venden esos productos. En Alemania todos los supermercados abrieron, cada año, desde hace unos cinco años, anaqueles con productos orgánicos que se van haciendo cada vez más grandes. Son productos más caros que los otros, pero que la gente está pidiendo.

Lamentablemente, con el crecimiento de los mercados orgánicos también está creciendo la sospecha de que los productos están ocultando algo.

Y por si fuera poco, en el filme, uno de los entrevistados levanta la siguiente pregunta: si los magnates que permiten que un cerdo o un pollo sea una molécula manipulable, ¿qué pensarán de los seres humanos después?

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