lunes, febrero 02, 2009

Me estoy poniendo verde

Desde hace algunos días estoy reportando para la prensa mexicana sobre temas ecológicos. Una vez fue sobre edificios pasivos, que no producen gases de efecto invernadero; otra vez fue sobre la política alemana, con la que se da dinero a las personas que se deshagan de sus autos de más de 9 años de edad, siempre y cuando compren uno nuevo; y otra vez fue sobre la tendencia de promocionar productos con etiquetas verdes como una mejor forma de mercadeo.

Me parece que Alemania es muy verde pero creo sobremanera que estos temas son muy interesantes. La mayoría de los textos me llena de pasión al investigarlos y al escribirlos. Siento como si empezaran a salir flores y pasto de mi teclado y como si mi pantalla de computadora se hiciera verde.

Y hasta yo mismo me estoy haciendo verde.

Después de estar investigando estos temas un par de años he empezado a actuar verde. Durante los inviernos uso poca o nada de calefacción porque primero prefiero ponerme suéteres y varios pares de calcetines antes que girar la perilla que irá a encender una estación de carbón para producir mi calefacción. Admito que esta actitud tiene que ver con mi ser mexicano, pues en mis tiempos de vida en el DF nunca usé calefacción y a veces había días fríos. Pero además de esa actitud heredada, ahora soy de verdad consciente y lo pienso varias veces antes de girar la perilla.

Viajo todo el tiempo en transporte público con mi abono de transporte que se llama Umweltkarte (boleto medioambiental), pienso en reportar cada vez más textos sobre temas verdes para que mi país tome los ejemplos e incluso ya como menos carne. Las reces producen una cantidad enorme de CO2.

Pero el colmo de mi color verde pasó hace unos días. En el periódico llegaron las ofertas de un centro comercial. En cuanto las vi, caí. Se trataba de sartenes y ollas. Ya quería yo cambiar los sartenes que tenemos, pues no podíamos freír un huevo sin que se pegara, aunque se le echaran cucharadas de mantequilla. Sí, últimamente yo traigo el delantal muy bien puesto. Pero lo especial de la oferta no se basaba sólo en el precio, sino en el fondo. Los sartenes que yo quería son ecológicos.

Y como para todo lo ecológico y lo orgánico, esas cosas que le hacen bien a nuestro planeta, siempre hay que desembolsar un poco más, ahí fui yo al Kaufhaus a desembolsar unos 80 euros por un sartén. Y compré uno de los baratos.

Si durará mucho, no sé, pero me quedo con la consciencia tranquila de que este sartén a diferencia de otros no desprende gases terribles y además calienta las cosas más rápido, con lo que no hay que gastar mucha energía al encender la hornilla.

Ahora ando tras una lavavajillas, pero ésta sí me cuesta las perlas de la Virgen.

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