lunes, febrero 06, 2006

* Sin satisfacción, con todo y Satisfaction, o ¿por qué Lombardi no está aquí? (El Super Bowl en Berlín)

Extracto de un texto difundido previamente a mis amigos. Es una experiencia más en Berlín y por eso la cuelgo aquí.

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El ambiente no fue lo que me hubiera imaginado. La cita fue en un Irish Pub en el barrio más chic de Berlín, el Prenzlauer Berg, ahí donde Angelina Jolie estuvo caminando por la calle como si nada la semana pasada. Quedé de verme con unos gringos, esos que se hacen llamar expats, por expatriados, o aquellos más jóvenes que se han mudado porque es cool man, uh! y no hacen nada más cool que dar clases de inglés. Pero está bien, con eso se puede vivir en una de las capitales más baratas de Europa. Yo vivo de vender textitos miserables a un pasquín mexicano. Ya no sé qué es mejor.

Cuando entré al bar a las 23:00 horas del domingo 5 de febrero, sólo se escuchaba al fondo un grupo en vivo tipo The Chieftains, tocando sus violines, bodranes y flautas. No parecía que fueran a transmitir el Súper Tazón, pero ahí nos citó un amigo que estaba seguro de ello. Había que confiar.

Los gringos fueron llegando poco a poco, hey dude, what's up man, y los irlandeses se fueron saliendo. El bar se quedó para nosotros y aunque todos estábamos emocionados por ver el partido, el ambiente no se encendía. Faltaban 40 minutos para el comienzo del partido y en la televisión había un programa de crítica literaria. Alemanes. Sólo a ellos se les ocurre poner en ese momento (23:50 horas de Alemania, 17:50 tiempo del Este de Estados Unidos) a un tipo que toma los libros de las listas de "los mejor vendidos" para contarnos los finales "ahora matan a la oveja y el pastor es investigado, ¿y qué?" y tirarlos a un bote de basura.

Con esos libros se acabó mi primera Guinness.

De donde nosotros venimos, Estados Unidos, México, América pues, estamos acostumbrados al pre-game, dos horas o más, previas de chelas, estadísticas y recuerdos, "no mames, ¿a poco tiene tanto tiempo que Randall Cunningham se retiró?", "no shit man". Pero los alemanes no se dan cuenta de ello.

Una Guinness, bitte.

La transmisión del partido fue en alemán, por una cadena pública que compró los derechos sólo del Súper Bowl. A los productores les valió madres que nunca transmitieron un solo partido de la temporada regular ni de playoffs. Esto significaba que los canales de cable en inglés no lo pasarían. Los gringos se fueron enterando conforme llegaban al bar. Oh my God, ¿futbol americano en alemán? Toda una experiencia. Los primeros comentarios del partido eran "¡pañuelo! eso significa, meine Damen und Herren, que algo anda mal en el partido, esperemos a ver qué dice el árbitro". Y sí, claro, acá es árbitro porque no existen esos conceptos americomexicanizados de umpire, referee u oficial.

Otra Guinness por favorcito.

Para el medio tiempo creíamos que nos castigarían con la segunda mitad de los libros que faltaban por criticar, pero no, aquí también se quiere y se adora a los Stones. La única duda es, ¿cuándo van a dejar de tocar esos cabrones? Estoy seguro que Vince Lombardi ya había escuchado Satisfaction cuando el primer Súper Tazón, en 1967. La canción fue compuesta dos años antes. ¡Y todavía la seguimos escuchando! Qué lejanas parecen aquellas victorias de los Empacadores.

Otra Guinness.

Al final no ganaron los que tenían que ganar. A la Conferencia Nacional ya le hace falta un título. Y sobre decir que uno que gane algún equipo relacionado con alas, porque ni Atlanta pudo con Denver hace unos ocho años, ni las Águilas con los Pats ni ahora los Halcones con Pittsburgh. Roguemos por ello por favor. Ah, claro y roguemos por que la NFL piense en su expats de Europa para que haga la transmisión un sábado por la noche o un domingo más temprano. Eso de llegar a casa a las 5 de la mañana por ver el futbol... es la muerte.

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Yaotzin.

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