martes, octubre 31, 2006

Directo y de golpe a los días de muertos

El domingo fue un día terrible: regresamos al viejo horario.

Quien lo haya vivido en Berlín o sus cercanías podrá estar de acuerdo conmigo. El atraso del reloj comenzó con lluvias, vientos y temperaturas bajas. Este jueves y viernes rondaremos los menos uno o menos dos grados centígrados. Pero, esto no es lo peor, pues a mí me fascinan los fríos polares. Lo peor es que la oscuridad de la noche nos cubre mucho más rápido. Aquel domingo 29 de octubre el sol ya se había ido a las 17:20. En unas semanas más se irá a las 16:30.

Yo soy de la idea de que en lugar de horario de verano, haya un horario de invierno. Así los días de depresión podrían convertirse en días de tardes más aprovechadas. Tardes que sirven para el trabajo y para la vida privada. Ojalá haya alguien que me lea y haga una propuesta de ley.

Con este domingo las cosas cambiaron terrible. De por sí ya era el preámbulo de que nuestras vacaciones, las de la Wika y las de este servidor, terminarían pronto, como para ahora añadir que habría un cambio terrible en clima y luz. De una semana de otoño veraniego a la otra vivimos en Berlín y quizás en muchas partes de Europa un verdadero otoño invernal.

Lo único que alivia estos días es tratar de mantener viva la tradición del Día de Muertos.

Asi como mis conciudadanos musulmanes, yo, mexicano de nacimiento, me traje arrastrando desde mi país una tradición. No tiene que ver con velos ni burkas ni nada por el estilo, sino con altares, velas y, sobre todo, calaveras. Sí, como esas con las que estuvieron jugando los soldados alemanes en Afganistán. Para nosotros la muerte es más un juego. La vemos con gracia, jugamos con ella, la alimentamos incluso.

Y una gran parte de esta tradición es la instalación de un altar. Así que la Wika y yo, justo antes de terminar las vacaciones, nos dimos la tarea de preparar nuestro altar. Queríamos picar un poco de papel picado para hacer algo así:


Pero con la falta de práctica (estos años fuera de México) y la falta de una pequeña herramienta poco sofisticada pero necesaria, nos quedó algo así:



Afortunadamente yo no estoy a cargo de la institución que trata de preservar muy bien esta tradición en Berlín desde hace más de 10 años, que un buen trabajo ha hecho. Por favor, nunca me encarguen hacer papel picado. Yo buscaré mejorar en esto pero creo que podría tardar unos años más.

Y para completar mi práctica del Día de Muertos, este 1 y 2 de noviembre, cuando festejamos los días de muertos en México, yo me iré con unos amigos que habrán comprado un pan de muerto que debería de verse así:

Espero no caer en más decepciones.

miércoles, octubre 18, 2006

Vacaciones en Berlín


Los paquetes de último minuto no son de último minuto.

Esto lo descubrí en estos días cuando la Wika y yo estábamos tratando de escaparnos del frío de Berlín. Ella obtuvo unas vacaciones tan merecidas después de haber trabajado 24/7 durante el Mundial de Futbol y yo, mmm, pues yo por haber mantenido este buró de corresponsalía ya por dos años y tres meses.

Pero, claro, esta mini familia más mexicana que alemana olvidó de reservar sus viajes con anticipación y se confió a las numerosas ofertas de último minuto. Y vaya que había de dónde agarrarse para las ofertas, pues Alemania tiene decenas de agencias de viajes especializadas en los paquetes de último minuto y de aerolíneas de bajo costo, con la variedad de los vuelos de último minutos. PERO NO ES CIERTO. Checamos todos los paquetes y ninguno dio positivo. Tuvimos que ir a una agencia de viajes para que nos informaran, y sólo había uno disponible para salir dentro de dos días, pero teníamos que ir a Hannover y costear además el boleto del tren y organizar las conexiones. Fue muy complicado que ahora estoy a la media noche de entre el miércoles y el jueves escribiendo esto en la cama.

Ahora pasaremos las vacaciones en la Ópera de Berlín, con unos amigos viendo cine experimental neoyorquino, como hoy viendo el futbol (la Champions League), yendo al cine u organizando salidas a probar los nuevos restaurantes de Berlín.

Yo, en lo particular, he aceptado más trabajo y de reportar la reinauguración del Museo Bode, una joya prusiana dañada durante la Segunda Guerra Mundial, he tenido que organizarme citas para aprovechar el tiempo como la entrevista de hoy con el líder del partido de derecha de Alemania, mañana con unos politólogos franceses por teléfono y con unos líderes islamistas de Alemania para investigar sobre el enfrentamiento entre Europa y el Mundo Árabe, y con algunos políticos alemanes para que me hablen de la derecha y del Islam.

Ya después nos daremos un tiempo para ir al sauna, ya que empezaron los tiempos de fríos.

En fin, veremos qué pasa.

lunes, octubre 09, 2006

Una buena mirada a la RDA

Una pequeña distracción para ver las fotos de Manfred Beier, un trabajo difundido hoy por el Tagesspiegel.

Yaotzin.

Las ferias como un atractivo cultural

Ya desde Berlín pero todavía sobre la Feria del Libro de Francfort.

El último día que estuve en Francfurt fue el sábado. La Feria del Libro se inundó de estudiantes y familias. Y no llegaron porque no tenían nada que hacer, al contrario, fueron impulsados por el mágico interés de la literatura.

Yo no recuerdo que, como niño, mis padres me hayan llevado a una feria así. Vaya, por un lado, puede ser porque en México, cuando yo era niño, no había esas ferias. Las únicas ferías que yo conocí fueron las de los tíovivos y ruedas de la fortuna. Pero llego aquí a Alemania y veo que estos eventos llevan más de 20 años de ser realizados. Bueno, no voy más lejos, la feria de los camiones que mencioné aquí en algún momento, ya va en su edición 55. Y hasta la gente de la RDA tuvo su feria internacional en Leipzig, por eso es una de las ciudades del Este alemán más "integradas" al mundo capitalista de ahora. Perdón por esta simplificación, pero ahora no tengo tiempo de hablar más sobre esto. Es un tema interesante y algún día lo tocaré de nuevo.

En resumen, si yo como chamaco (documento PDF sobre el término) hubiera leído El Tambor de Hojalata, me habría gustado mucho que mis padres me llevaran a la Feria del Libro de Francfort no sólo para tomar muy buenas ofertas de compra de libros, hasta 50 por ciento más baratos (¡y de todos los países, sin tener que pagar precios de importación!), sino para ver a Günter Grass, en el caso del libro que puse como ejemplo, o a otros autores haciendo lecturas o interactuando con el público.

Por cierto, recomiendo mucho un libro que, aunque no descubrí en la Feria, sí me reencontré ahí con él y con su editora, una mujer que tiene tanta pasión por Berlín como yo y muchos otros lectores de este blog: Crónicas Berlinesas, de Joseph Roth.

Yaotzin.

viernes, octubre 06, 2006

Grass: fueron mis padres.

FRANCFORT.- Fue terrible: invitan a Günter Grass a la Feria del Libro de Francfort y le dan el lugar más chico, donde casi nadie lo puede ver.

Es el personaje más controvertido de Alemania por el momento y es, además, el ídolo de muchos alemanes, y para ver una plática de una hora con él nos ponen en el stand del periódico Die Zeit que no tiene espacio más que para 20 personas sentadas y unos 50 parados. Pero además el stand estaba lleno de libreros y pancartas que imposibilitaban más verlo y escucharlo. Para este tipo de cosas hay salones y stands que acogen a más de 100 personas, pero, vaya, todo sea en nombre de la comercialización y de decir que Die Zeit lo tuvo ahí.

La plática fue con el director de ese semanario alemán, Giovanni di Lorenzo, quien le hizo una pregunta que hasta el momento no se había tocado: ¿por qué hay otros contemporáneos y críticos de Grass que no estuvieron en los ejércitos de Hitler o que lo tratan como un secreto? Y fue ahí donde el escritor se lanzó a decir que su familia era clasemediera y sus papás muy poco educados como para orientarlo y decirle 'no vayas a esos ejércitos paramilitares m'ijito, son peligrosos'.

Grass admitió que nunca hizo preguntas sobre por qué desaparecían personas ni sobre la realidad política y que sus críticos Joachim Fest y Hellmuth Karasek, por ejemplo, sí tuvieron familias más metidas en la política que pudieron ayudarlos.

A mí particularmente me gusta más la justificación que dio alguna vez sobre su pertenencia a la Waffen SS, de que en esa época todo mundo quería ser un héroe y que cuando uno era llamado a luchar al frente para defender la capital alemana de la invasión de las tropas rusas y estadounidenses, tenía la oportunidad de ser el 'salvador' de su edificio o de su colonia. No estoy a favor de que esto haya pasado, no, pero creo que con el contexto de su realidad belicosa era más que suficiente. Grass ya no debería de justificarse más veces y echar más culpas a quien ya no las merece. uno era joven y vivía en época de guerra, ¿qué más?

Pero, bueno, Grass fue lo que trabajé hoy.

Yaotzin.

Un cachivache digital en lugar de una tonelada de libros cargando

FRANCFORT.- Eso de que uno deba de estar cargando una especie de Palm gigantesca en la que se puedan hojear centenas, no, miles de páginas de libros escaneados, todavía no me convence, pero es lo que plantean los chicos de Google y de algunas empresas de digitalización de libros aquí en la Feria del Libro de Francfort.

Por cierto, "digitalización" no debería de ser la palabra y ahora busco algunos sinónimos, pero parece que, como la palabra Internet, ésta ya se expandió como un virus y ya se usa para el registro informático o computacional de los anticuarios. Digitalizar querría decir, en un estricto sentido, hacer viable de ser tocado con el dedo ¿o me equivoco? ¿o soy purista?

Estoy sentado en la sala de prensa de la Feria del Libro, aquí donde internet es gratis y se pueden hacer estas cosas, como publicar digitalmente en línea. En las salas de la feria el acceso a internet cuesta como 60 euros el día, pero eso es el presupuesto que me dio mi periódico para comer estos dos días de feria, así que no me puedo sobrepasar.

Estuve buscando varios eventos que tuvieran que ver con la digitalización de los libros y no me encontré con uno, me encontré con muchos, al grado que estuvo saltando de uno a otro para ver si cada uno decía cosas diferentes. Palabras como eBooks, librerías virtuales, libros libres de derechos, PDF portátiles y hasta mapas de piratas digitalizados son muy comunes. Hay salones completos de locales que venden o promueven todas las formas de electrónicas de un libro, pero éstos todavía no puede ser comercializados tan fácilmente.

No es como la industria de la música, porque los librerios y anticuarios todavía luchan contra algo que las disqueras no pudieron justificar: el romanticismo de coger, hojear y oler un libro. Un tipo de una empresa de catálogos electrónicos me dijo que en Alemania la lucha todavía puede durar más porque la discusión abarca niveles políticos y socioeconómicos. Las pequeñas librerías y editoriales no quieren soltar los derechos de sus libros para la publicación de sus ediciones en forma electrónica porque se quedarían sin clientes.

Es una cuestión de percepción y movilidad, ¿bajar un libro en sábado por la mañana por medio de la computadora del estudio de la casa o salir a pasear, visitar una librería y tomar un café?

Un tipo de Google me dijo algo todavía más práctico: ¿quieres cargar cuatro mamotretos de química, biología o de Paco Ignacio Taibo, o prefieres tener una especie de Palm grandota donde puedes almacenar no sólo libros, sino periódicos en su formato original pero digital?

Yaotzin.

Necesito tu llamada

FRANCFORT.- Bien, ya estoy en Francfort y en lugar de libros estoy viendo un par de tetas.

En mi hotel de tres estrellas, que parece más bien de menos tres estrellas, estoy viendo la televisión al terminar mi primer texto. Quiero ver si hay algo más sobre la Feria del Libro de Francfort que se me haya escapado. Pero paré en un canal donde hay una chica con el torso descubierto. Los primeros segundos no me queda claro lo que anuncia, pero la estrategia de estar desnuda de arriba funciona bien. Pide que la llamemos, que la cantidad de dinero ya se elevó mil euros más, y mil más, y mil más. Que le hace falta una letra para resolver el acertijo que nos llevará a ganar ese dinero.

"Necesito tu llamada, ¿qué esperas?", dice. Y lo repite una y otra vez. No hace nada más. Y por si fuera poco, nos lee el número telefónico que aparece en la pantalla (debería de decir mejor lo que nos cuesta marcar ese número, que está en unas letras más chicas que sus pezones encogidos por el frío estudio de televisión). Yo pensaría que leer los teléfonos sería para aquellos que estén ciegos y quieran participar en un sorteo de televisión, pero, qué bah, ¿cómo un ciego estaría viendo este programa si no puede ver las tetas de esta mujer?

Ver la televisión es absurdo, pero ver, participar y hacer estas emisiones es patético. Fueron unos 20 minutos que escuché/vi el canal mientras terminaba mi texto, y en esos 20 minutos la mujer dijo siempre lo mismo. Se toca las tetas mientras menciona de nuevo el número de teléfono y dice como cuatro veces "faltan 90 segundos para que hagan su llamada", "hooooola, ¿nadie va a llamar? no tengo ninguna llamadaaaa". ¿Qué es lo que quiere? que llamemos para decir la letra que falta en una marca de autos alemana, como si ningún alemán, hombre sobre todo, lo pudiera hacer. Cuando dice el último "faltan 90 segundos", se acaba de verdad el tiempo y, voilà, hay una llamada (yo creo que es el telefonista de la empresa al que le pidieron fingir la llamada). Se gana mil euros con la última letra de la marca de autos pero por mala suerte no se gana los 50 mil que se promocionaron durante más de 20 minutos. Lás-ti-ma Mar-ga-ri-tooooo.

Caí en una pequeña trampa y por poco dejo de hacer un buen final para mi texto sobre la Feria del Libro. Que Google amenaza a todos los libreros, que los anticuarios venden el primer libro de cocina del mundo por 40 mil euros, que Günter Grass estará mañana Peland0 la Cebolla en la Feria, que India es el país invitado y que se dieron cuenta que es un país analfabeta, por lo cual hay que hacer una gran campaña comercial y mundial de alfabetismo, que, que, que.

Mi cama truena y siento que podría terminar en el suelo en cualquier momento. El baño hace un ruido infernal con el extractor de aire cuando enciendo la luz. La puerta del cuarto se cierra con chapa (yo pensé que ya todos los hoteles tenían cerraduras electrónicas). Y la televisión tiene programas estúpidos. Sólo puedo agradecer esta conexión inalámbrica a internet casera y que la recepcionista me cambió de habitación cuando le hice una cara de tristeza porque mi cuarto no tenía baño. Lo malo es que me dio la habitación de alguien que había hecho una reservación pero que "ya no quería esperarlo más". Y me cambió de una sencilla sin baño a una doble con baño por el mismo precio. "Yo tomo el riesgo", me dijo.

Y aquí ando.

Yaotzin.

jueves, octubre 05, 2006

La dura vida en el extranjero

Ser corresponsal no es fácil.

Después de muchos años me di cuenta que eso es lo que yo quería ser. Y ahora me gusta mucho, pero no es tan fácil como me lo imaginaba.

En aquellos años mozos yo llegaba a la universidad después de no dormir por hacer mis tareas y aún así "fresquecito" para un nuevo día. Viendo el cielo azul de México me imaginaba muy interesante la vida de un colega resumiendo la vida de otro país en diferentes entregas a un periódico.

Ahora, en carne propia, veo cómo ese sueño se cumple a costa de hartos dolores de cabeza. Despertarse en Alemania, primero, no siempre significa tener un cielo azul. Con eso los sueños se van volando muy rápido.

Ayer miércoles por la noche participé en una discusión de periodistas sobre la difícil situación política de México. ¿A dónde llegará mi querido señor López con su movimiento de resistencia y qué pasará en el ingobernable estado de Oaxaca? La discusión fue en alemán y yo creí que después de dos años aquí podría decir algo por lo menos divertido. Nein. Ya desde mi primer comentario me di cuenta que todavía no puedo pensar en alemán. Busqué palabras y más palabras para salir de ese nerviosismo que me asaltó, pero no pude encontrar ninguna. En español habría podido decir cualquier cosa, porque el tema me lo conozco mejor que el baño de mi casa, que no ha tenido un buen aseo desde que leo y leo textos sobre México. Y es que yo estuve invitado ahí porque por ser corresponsal, soy una especie de portavoz de México. Soy, digamos, el embajador no oficial de México porque soy mexicano (y como chiles muy picantes todos los días), estoy al tanto de la realidad mexicana y, mejor, no manejo una posición oficialista como lo hacen todas las embajadas.

Hasta esa parte de ser corresponsal es muy difícil.

Y pues ahora, justo ahorita, tengo que salir de viaje hacia Fráncfort para cubrir la Feria del Libro, dejando atrás la tranquilidad que había empezado a tomar con mi mujer y mi casita después de estar dedicado a algunas visitas que nos cayeron en nuestra casa por seis semanas.

Pero así es el trabajo. Así que la redacción de este buró se mueve por estos días físicamente (la versión online se queda en su lugar).

Yaotzin.
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