martes, enero 30, 2007

El Sr. No

El teléfono suena y él lo descuelga. No pasa mucho tiempo cuando él grita "nein" y azota el auricular cuando cuelga.

"Nein" es "no" en español y es cómo la Wika y yo hemos bautizado a nuestro vecino. Él vive, ejem, exactamente atrás de nuestro diván de visitas, por un lado, y exactamente al lado de nuestra tina de baño, por otro. Con una vista de rayos X podríamos verlo a él ahí, sentado, rascándose las barbas largas y blancas que tiene, con las noticias a todo volumen y alimentando a su perrita Honey: "Jani, anda, come algo", le dice.

Hace casi dos años que estamos en el refugio de Kreuzberg. Un lugar cercano a todo el movimiento de uno de los barrios más populares de Berlín pero escondido en una callecita que da al río Spree. Sólo se escucha el viento encarrilarse al río, dos o tres autos al día y al Herr Nein, que está casi en todo momento. Todos estos años lo hemos estado escuchando.

Al principio no sabíamos cómo era y no podíamos imaginar cómo sería una persona que sólo habla por teléfono gritando todo el tiempo. Y negando todo el tiempo. "Neeeeeeiiiiin, te dije que así no, neeeeeiiiiiin". Yo había pensado en un hombre alto y corpulento. Normalmente así me imagino a los que gritan.

Un día salimos a pasear por el barrio y vimos a un hombre con un pastor alemán. Le gritó "Jani" y fue cuando terminamos de cuadrar algunas suposiciones. Él era el Herr Nein. Y todas nuestras visitas ya saben de quién hablo porque en algún momento los ha despertado con sus gritos. Era el hombrecito delgado y chaparrito que se la pasa hurgando en los basureros de la cuadra para sacar botellas qué revender. Gorra de chofer, cabellos malhechos y blancos que se unen con sus barbas iguales. "Jani, ven".

El Herr Nein es un desempleado como muchos de los que hay en Berlín. Después de tanto tiempo de conocerlo y de escuchar sus conversaciones cuando me tomo un baño en mi tina, puedo asegurar que no hace nada más que pelearse con burócratas que, de seguro, quieren pasar a cobrarle la renta, a incautarle inmuebles, a subirle los precios de algo. Nein, nein, nein, neeeeeiiiiiin. Él está cómodo en un departamento de unos 60 metros cuadrados, si es como el mío, con una línea telefónica y alimento para él y su perra. La Honey debe de costarlo algo de dinero mantenerla. ¿Y quién paga todo esto? El Estado.

Vamos, yo no pago impuestos en Alemania pero sí me enoja que haya personas que puedan vivir así del sistema. ¿Cuántos pobres no hay en México o en otros países que no pueden comer ni un pan duro al día? Y el Herr Nein está ahí en su departamento cómodo, rascándose las bolas y saliendo a la caza de sus botellas a las cuatro de la mañana o a las seis de la tarde, cuando necesita dinero para ir a comprar otro alcohol o comida para la Honey. La otra vez lo escuché por primera vez viendo una película porno, así que quizás también se gasta su dinero en esas cosas. Eso sí, el cabrón tiene los huevos de gritarme para que cierre yo bien el bote de la basura cuando bajo a tirarla: "Nein, ciérralo bien, así no va a oler mal todo el patio".

Maldita sea, miren quién viene a decirme eso.

El Herr Nein es una figura de mi barrio pero es una escoria social. Con ese carácter, esa energía tan negativamente argumentativa y las camisas de tipo Magnum que usa en verano, podría conseguirse algún buen trabajo.

Y como él no sólo hay cientos de alemanes adultos, sino jóvenes que viven chupando el dinero de las cajas alemanas.

¿Hasta dónde es justo?

sábado, enero 27, 2007

¿Hay alguien que lo pueda negar?

Gracias al colega Augusto por hacer buen uso de la memoria. Muchas veces no nos acordamos de lo que ha pasado en nuestro alrededor si no fuera por los días conmemorativos y este 27 de enero fue el del Holocausto (aquí en alemán para el que quiera echarse una clase de idioma)


Y fue justo en ese día que el Memorial del Holocausto en Buchenwald abrió un sitio en internet con un banco de datos donde se encuentran mas de 600 fotografías clasificadas. El semanario Der Spiegel también lo reportó en una historia titulada como "Trabajo detectivesco contra los negadores". Aquí está la liga a algunas de las fotos que se pueden encontrar ahí y que publicó el semanario alemán.
Yo dejo aquí abajo una historia que hice alguna vez sobre el Campo de Concentración de Sachsenhausen, al norte de Berlín, un lugar que vale muy bien la pena visitar. Hace tres años ahí abrió una de las exposiciones más interesantes sobre el uso de esos campos, Medicina y Crimen. Aquí abajo el texto.

Yaotzin.




Exploran la ‘medicina’ nazi
Una muestra con más de mil documentos estudia los experimentos médicos realizados en el campo de concentración Sachsenhausen

Después de casi 60 años de haber sido liberados, los campos de concentración siguen revelando misterios y el de las afueras de Berlín, Sachsenhausen, acaba de montar una exposición en la que se revisan los experimentos criminales que en él fueron hechos.

“Medicina y Crimen, la enfermería del campo de concentración Sachsenhausen”, es el título con que hace dos semanas quedaron bautizadas las dos barracas que en tiempos del Nacionalsocialismo fueron ocupadas para atender a los enfermos y experimentar en ellos los efectos de enfermedades y contagios entonces poco conocidos.

Ahí bajo supervisión de generales de la SS (la policía de Hitler) se realizaron experimentos en prisioneros, judíos en su mayoría, con fines militares, bacteriológicos y farmacéuticos, entre los cuales estaban exponerlos a gas mostaza, inyectarlos con hepatitis, castrarlos o drogarlos con cocaína y pervitina para aumentar su rendimiento.

“Los crímenes que cometió el Nacionalsocialismo no se han olvidado. Hay muchos ciudadanos que se oponen al olvido y que se han mantenido despiertos para conocer los crímenes de los nazis y después transmitirlo. A cada generación se le debe de transmitir y regenerar el conocimiento sobre esos crímenes cometidos y las víctimas que los sufrieron, y esto aplica particularmente a las generaciones que ya no tienen nada que ver directamente con el horror de la guerra”, comentó Ulla Schmidt, la ministra de Salud y Seguridad Social de Alemania.

En “Medicina y Crimen” se reúnen unas mil obras consistentes en testimonios de sobrevivientes, fotos, documentos sobre los procesos médicos y objetos que habían coleccionado tanto familiares de víctimas como los mismos sobrevivientes, y todo con el propósito de hacer un examen más profundo sobre el funcionamiento de este campo que comenzó a funcionar en 1936.
“La mejor obra de arte de esta exposición son las dos barracas originales de la enfermería, no sólo por todo el significado que cargan, sino por el proceso de restauración que llevaron desde 1996 donde se invirtió más de 4 mil millones de euros”, dijo Günter Morsch, director del memorial y uno de los dos curadores de la exposición.

En dichas barracas, los nazis querían averiguar los efectos del gas mostaza en caso de un ataque del enemigo. Así, exponían a grupos de prisioneros a este agente irritante también llamado mostaza azufrada. Dejaban que los escogidos tuvieran todos los síntomas en ciertas áreas de la piel que semana tras semana les iban cortando para analizarlas.

A las víctimas de los experimentos, heridas o muertas, se las llamó eufemísticamente en los reportes como “casos” o “vacunados”.
En el cuarto número 51 se ve una ofrenda floral. Ahí están los testimonios de los 11 niños judíos que fueron trasladados de Auschwitz a Sachsenhausen para probar en ellos los efectos de la hepatitis, una enfermedad muy estudiada en la época. Los niños quedaron encerrados en ese cuarto entre agosto de 1943 y abril de 1945. Uno de ellos es el israelí Saúl Hornfeld, quien en aquella época tenía 14 años y que ahora ayudó en la documentación, además de asistir a la inauguración de esta muestra permanente el 7 de noviembre pasado.

“Todos los días temblábamos de miedo frente a la SS (la policía de Hitler), no teníamos duda que al final nos matarían para no ser testigos de sus hechos”, recordó Hornfeld, quien estuvo acompañado de sus otros dos compañeros sobrevivientes, Salomon Feldberg de Argentina y Karl Reitzenstein de Estados Unidos.
Para los trabajos forzados que se realizaban en el campo, entre ellos el de probar nuevas suelas de zapatos para fábricas que encargaban estos procesos, a los prisioneros se les inyectaba cocaína o pervitina con el fin de resistir los 40 o más kilómetros que les ponían a caminar sobre pistas de grava con pedazos de concreto y otras pequeñas piedras.

En los documentos que se muestran, destaca también que la pervitina quería ser utilizada por los doctores de las fuerzas navales para maniobrar el submarino “Seehund”, el cual requería cuatro días de sumergimiento con sólo dos tripulantes, quienes debían estar todo el tiempo despiertos y con un nivel alto de desempeño.
En el sótano de una de las dos barracas se encuentra lo que fue la sala de operaciones, una habitación de unos 60 metros cuadrados donde se practicaron las castraciones a homosexuales y que al final brindaron a los nazis algunos resultados satisfactorios: “se notó que después de la operación algunos de ellos estaban satisfechos y que su ‘actitud al trabajo’ había mejorado (...) Entre otros síntomas, presentaron pérdida del apetito sexual, grasa acumulada en las caderas y falta de pelo en la cara”.

En muchos de estos experimentos los pacientes no morían o al menos no lo hacían de manera instantánea, como sí en la prueba de las municiones envenenadas con 30 miligramos de aconitina y con las cuales se planeaba realizar el asesinato de Stalin.
“Los prisioneros que sobrevivían siempre lograron encontrar un pequeño nicho de personalidad dentro de toda la impersonalidad a la que estaban expuestos en el campo. Fue difícil reunir la información y agradecemos mucho a los sobrevivientes que nos ayudaron con el tormento que ello significó”, señala la historiadora y una de las curadoras de la exposición Astrid Ley.

El campo de concentración Sachsenhausen fue liberado por los rusos el 22 de abril de 1945 y en él todavía se encontraron unos 3 mil convalecientes en la enfermería, muchos de los cuales murieron días después. En total, hubo 200 mil presos y se calcula que 100 mil fueron liquidados.

También recuerdan Auschwitz
Casi al mismo tiempo que “Medicina y Crimen”, fue inaugurada en Berlín “El Proceso de Auschwitz”, otra muestra que destapa el pasado nazista.
Esta exposición temporal que termina el 19 de diciembre detalla el proceso judicial contra los involucrados en ese campo de concentración de Polonia que se realizó hace 40 años en Francfort del Meno, entre el 20 de diciembre de 1963 y el 20 de agosto de 1965.

En las entrevistas que se pueden leer o escuchar, los acusados nunca reconocen los trabajos en que participaron.
Además de toda la serie documental, hay algunas instalaciones y objetos de arte que se hicieron parodiando los efectos del proceso. La información se puede encontrar en la página de internet del Instituto Fritz Bauer, el cual financió esta exposición.

viernes, enero 26, 2007

Mi presidente en Berlín (4)

No es que esté a favor del presidente, no. Lo reitero. Apenas y lo conozco. Pero ayer me asaltó en varias ocasiones la pregunta ¿por qué lo llaman asesino?

Me llamaron de un periódico alemán para preguntarme la relación entre la palabra asesino y el Presidente mexicano. "Mmm, no sé, apenas lleva menos de dos meses como presidente", contesté.

Pero algo que me llama más la atención es que el grupo que hace esto está integrado más por alemanes que por mexicanos. No quiero decir que los alemanes hagan una intromisión. Quiero ver porqué les interesa tanto. Pero también quiero ver dónde están los mexicanos, quienes son los directamente afectados.

Entiendo que el gobierno pasado haya enviado a la policía para resolver los conflictos de Atenco y Oaxaca, y estoy en contra de ello, pero ahora de esto se culpa al nuevo presidente. Supongo que es por ser del mismo partido que Vicente Fox, el PAN.

Si hay algo en México es la falta de continuidad, aunque el presidente entrante sea del mismo partido. Así pasó con el PRI durante 71 años. Cada gobierno era muy diferente hasta en los errores que cometía. Yo, en lo particular, no me atrevería a gritarle asesino a alguien que no ha sido responsable de ello y que, al menos en los primeros pasos de su gobierno, trata de erradicar tajantemente el poder del narcotráfico, un poder que corrompe todo cuanto encuentra, y no sólo en México, sino en América Latina. El narcotráfico funda prácticamente un nuevo cartel cada sexenio, y si en este sexenio se evita eso y además se logra eliminar alguno de los que hay, yo aplaudiría.

Ayer estuvo Calderón en Alemania e hizo algunas promesas. Lo mínimo que se esperaba de él aquí: arrancar proyectos de energías renovables, acabar con inseguridad y fortalecer las relaciones con empresarios. ¿Cumplirá con todo? no lo sé. ¿Es bueno lo que prometió? parece que sí.

Por lo menos está fungiendo como el líder y el contacto entre América Latina y Europa.

Veremos qué pasa.

Yaotzin.

jueves, enero 25, 2007

Mi presidente en Berlín (3)

Entrevista con Carlos Monsiváis
'Es indispensable mirar hacia Europa'



Para el escritor mexicano Carlos Monsiváis la extradición de los capos de la droga a Estados Unidos no son más que maniobras mediáticas del Presidente Felipe Calderón.

“Y es lo único que va a poder presumir ahora en su viaje a Europa”, me dijo.

Calderón comenzó su gira Europea este jueves con una parada en Alemania, donde Monsiváis estaba por coincidencia dando conferencias en el Instituto Cervantes sobre nueva forma de pensar América Latina. Y aprovechó el foro para recomendar al Presidente disminuir la relación con Estados Unidos y acercarse a Europa.


Desde Alemania se ve a América Latina como un lugar donde sólo hay violencia y, ahora, un socialismo de la Edad de Piedra, ¿tiene razón el primer mundo?

Hay un supremo desdén en ese calificativo. Además no veo socialismo, hay intentos organizados de justicia social en varios países, pero socialismo no creo que se dé. A menos que la afirmación de Hugo Chávez se dé por buena y sea socialismo del Siglo 21. En Bolivia es un intento de modo de vida más equitativo. En Ecuador, Chile, Argentina y Brasil, la lucha es por la democracia. En última instancia el debate se concentra en dos países, Cuba y Venezuela.

Batallas por la democracia…¿dónde quedó entonces México?
México vive un capitalismo centrado en la impunidad y sobre eso creo que nadie diría algo distinto. ¿Qué le queda a México? Lo que el proceso democrático decida. Por el momento yo no veo un gobierno de centro en la medida en que se mantenga la impunidad del capitalismo salvaje. El mismo Calderón habla de los monopolios sin que hasta el momento se advierta ninguna tendencia ideológica, crítica, política o administrativa para en verdad limitar la acción de los monopolios, sólo declaraciones vagas.

¿Se separan México y AL?
La realidad es la misma. Las mayorías sometidas en una vida invivible, salarios mínimos que merecen del clero la calificación de indignos, aplicación demasiado selectiva de la justicia que contradice el Estado de Derecho tan proclamado y una dignidad humana que está siendo tasada por las clases propietarias de un modo radicalmente abominable.

Entonces ¿se puede aprender algo de Europa?
Muchísimo. La capacidad organizativa, la riqueza cultural, se puede aprender del modo en que se han superado tragedias tan profundas, como la de la Segunda Guerra Mundial.

¿Indispensable para México el acercamiento a Europa?
Indispensable para un país que tiene el 92 por ciento de sus operaciones comerciales con Estados Unidos. Sino diversifica su vida económica, continuará la incapacidad real de la economía mexicana y continuará el sometimiento a todo un esquema de desarrollo puesto por los intereses de las grandes compañías norteamericanas. La relación con Estados Unidos es importante, pero también hay que darle piso a Europa.

¿De qué puede presumir el Presidente Calderón en Europa?
Lo único que puede plantear con claridad es la lucha contra el narcotráfico. Es una pesadilla total en América Latina. Pero es muy pronto para celebrar las mínimas victorias. Tiene que hacerse algo porque está devastando al País. La exportación (sic) de los capos tiene un sentido muy mediático. No se trata de enviar a delincuentes a Estados Unidos que podrían ser procesados en México, sino de ver de qué modo se destruyen las redes de poder tan conspicuas que han corrompido todo. Nos hace falta terminar con esa estructura de demolición de los derechos humanos.

A mediados de año Alemania mandará una comisión para verificar los derechos humanos América Latina, incluido México, ¿no hay ahí derechos humanos?
El movimiento de Derechos Humanos es uno de los aspectos más conmovedores de América Latina en estos años. En México, si no ha sido por esto, la devastación represiva hubiera sido mucho mayor. Ahí no hay extranjerías, es una parte muy positiva de la globalización.

Mi presidente en Berlín (2)

Ayer se dio la noticia de que se cancelaría un evento del Presidente mexicano con los empresarios e industriales alemanes. Así circuló en Alemania. México la desmintió y dijo que el evento sí se realizaría. Y así será, pero ahora a puerta cerrada.

¿Qué pasó? Nadie lo sabe. Pero todo mundo cree que la Policía alemana sugirió a los originales organizadores de este encuentro empresarial tomar medidas de seguridad por una manifestación de izquierdistas que quieren reivindicar los derechos humanos de México. Pero esas medidas de seguridad, siguen las especulaciones, se transformaron en miedo y llevaron, primero, a la cancelación del evento, y luego, a la reubicación de éste. Pero, como ya dije, ahora a puerta cerrada.

¿Por qué el miedo? Porque de acuerdo con las autoridades y la misma Embajada de México estos protestantes son peligrosos. En noviembre pasado se manifestaron frente a la embajada y se pelearon con la policía, trataron de llenar de pintura la fachada de la embajada y hasta se metieron más personas de las que debían. Esto en Alemania y para las autoridades mexicanas en Alemania se transforma fácilmente en un miedo terrible que ya ha llevado a la segunda alerta contra estos manifestantes.

En fin...

Mi periódico lanzó un concurso para encontrar al doble del Presidente mexicano, Felipe Calderón. Quizás después el gobierno lo querrá utilizar para mandarlo a otro país para distraer a los altermundistas o manifestantes mientras el verdadero concreta una pacífica visita de Estado.

Dígame usté, ¿por cuál vota?


El Original.















Las copias.



Yaotzin.

Mi presidente en Berlín (1)

El recién elegido Presidente de México, Felipe Calderón, llega hoy a Europa. De hecho, en estos momentos debe de estar siendo recibido en el aeropuerto. Hace una escala en Berlín de algunas horas y se va para el Foro Económico Internacional de Davós, Suiza.

Aquí en Berlín le esperan muchas protestas de grupos izquierdistas, confusión en su agenda porque le cancelaron un evento pero por ahí dicen que se hará en otro lado, y mucha, pero mucha nieve.

Y.

miércoles, enero 24, 2007

Recuerdos enterrados

Después de 20 años de trabajar como guía de turistas, Pietro, un italiano de nacimiento, pero berlinés de corazón, atendió a un visitante que le exigió algo sin igual: ir al Búnker de Hitler.

No es que nunca antes nadie haya pedido verlo, pues todo mundo pregunta por él, sino que haya habido alguien que llegó a exigirlo de esa manera. “Mi hijo es historiador, y él me dijo que en Berlín no podía perderme la visita del Búnker de Hilter”, dijo el turista italiano, con un dejo de amenaza. Piero dudó por un momento y después le dijo: “bueno, si usted asegura que hay un Búnker de Hitler, por favor lléveme ahí porque es lo único de Berlín que no conozco”.

***

Si todavía existiera, el Búnker de Hitler sería con seguridad el atractivo más visitado en Alemania. Pero en diciembre de 1947, tan sólo dos años después de que terminó la Segunda Guerra Mundial, miembros del ejército soviético lo hicieron explotar una y otra vez. Y como no lograron hacerle mucho daño, pues esta construcción estaba diseñada para retener fuertes ataques aéreos con un techo de concreto reforzado de 4.2 metros, procedieron a rellenarla de tierra. Mucha tierra. Hasta formar una pequeña colina. Y fue así como el Búnker de Hitler, donde se suicidó de un balazo en la cabeza, quedó enterrado y casi a punto del olvido.

Durante la Guerra Fría, el búnker quedó del lado de Berlín del Este. El gobierno comunista lo destapó para documentarlo fotográficamente y lo volvió a enterrar. Pasaron los años y se perdió la ubicación. Para el momento de la Reunificación Alemana, en 1989, se eligió el lugar para erigir unos horripilantes edificios multifamiliares que todavía siguen en pie. Más tarde se añadiría a la zona los edificios de las representaciones de algunos estados de Alemania. Fue en este momento cuando unos obreros encontraron rastros del búnker y cuando se levantó el debate de si el edificio que albergó a un personaje endemoniado debía ser desenterrado.

Los campos de concentración se han conservado y rescatado. Otros búnkeres han sido rescatados y sirven como museos o como centros culturales. Las huellas del nazismo no están del todo borradas en Alemania, pero el Búnker de Hitler no. Así se determinó. Al menos, ya se sabía donde estaba y para no dejarlo en el olvido, el presidente de la asociación Berliner Unterwelten, Mundos Subterráneos en español, Dietmar Arnold, que ahora se sabe con exactitud el sitio correcto del búnker. Arnold luchó por poner una placa justo en el sitio donde se encontraba el Búnker de Hitler, donde se puede ver una crónica de su construcción y destrucción, además de unos gráficos que muestran cómo debían de haber estado distribuidas las habitaciones. Más no hay.

***

La esquina de las calles Gertrud-Kolmar-Straße e In den Ministergärten parece la de un vecindario normal. Ahí están esos edificios multifamiliares de la época comunista, con fachadas entre café y gris. Por ningún lado se ve señal de lo que hubiera sido un búnker, tan sólo la placa que logró poner Dietmar Arnold. Y si él está en lo correcto, el que lee la placa está parado justo en lo que fuera la entrada del Búnker de Hitler. Con un poco de imaginación vamos ocho metros bajo tierra y vemos un poco lo que rescató un periódico de Berlín del Oeste de aquella época, Der Telegraf, justo unas semanas antes de que los rusos lo hicieran explotar:


Cuarenta escalones llevaron hacia el búnker que estaba ocho metros bajo la superficie (…) Todavía hay unos 20 centímetros de un agua negruzca, llena de aceite. El camino hacia delante se ve inseguro. Mucha suciedad, alambres y basura por todos lados. Justo al lado de la entrada principal había una escalera de mano que llevaba a una torre de observación. En la pared hay nombres escritos en ruso. Un perchero se ve solo en una esquina y dos tanques cobrizos de agua bloqueaban una puerta. Al fondo del búnker de 30 metros por 30 se ve un respiradero. Adentro el aire es muy bueno, cada cuarto del búnker está muy bien aireado. No se puede ver nada más. Incluso los interruptores de luz han desaparecido.


En la gráfica de la placa se puede ver que el Búnker de Hitler era apenas una décima parte de todo el complejo antiaéreo. Estos 30 metros por 30 todavía podrían ser rescatables porque justo arriba hay sólo un estacionamiento, pero lo demás no. A diestra y siniestra se ven los multifamiliares y nadie se ofrecerá a derribarlos para destapar un lugar que ahora es identificado como un lugar de odio. Nadie quiere rescatar a Hitler en cualquier forma. Incluso el lugar del Führer trató de ser opacado porque ahí, casi encima, fue construido a principios del 2006 el Holocaust Mahnmal, el monumento a los judíos asesinados más grande de Europa. Está ahí, en dirección a la Puerta de Brandeburgo, es del tamaño de un estadio de futbol y sólo hay que dar un par de pasos para llegar a él.

La necesidad por recordar prevalece. Esa esquina de la Gertrud-Kolmar-Straße e In den Ministergärten nunca podrá ser olvidada. Y un gran apoyo para ello, además de la visita al lugar, podría ser el nuevo libro del periodista francés Nicolas Bourcier, J'étais gard du corps d'Hitler (Yo era guarda del ejército de Hitler), una recopilación de historias del último soldado alemán que dejó el búnker después del asesinato de Hitler.

Quizás este viaje al pasado es el que interesaba a los turistas italianos. Y a los de todo el mundo.

jueves, enero 18, 2007

Una tormenta azota Berlín

Con esto se comprueba muy claro cuán importante es el clima en Alemania.

Ayer miércoles se avisó que habría una tormenta. Mmmm, bueno, podría decir, una terrible tormenta.

Comienza el jueves. Uno de los primeros correos electrónicos que recibo de un colega periodista: "Y cuidado al salir este día, no te vaya a caer un rayo en la cabeza".

Con todo esto yo me imaginaba un día negro. Tapado de nubes desde la mañana y con aguaceros y truenos en algún momento. O quizás un tornado como el que se llevó a Dorothy y a Toto.

Nada.

Salí al mediodía a conocer el Búnker de Hitler, un lugar tan mítico del que sólo había oído hablar, pero nunca visto personalmente. Estaba lloviznando. Uno podía estar en la calle sin empaparse. Después de un rato, claro, uno podía hacerse una sopa, pero había que quedarse más de una hora afuera. Y eso me pasó, mas no fue una tormenta la que me atacó.

Llego a casa a escribir un poco. Veo más expectativas alemanas sobre una supuesta tormenta, pero con la experiencia que tuve hace algunas horas ya no me creo nada. De tormenta tenía lo que yo de azteca, el nombre na'más (bueno, con el pie de atleta que me cargo ahora, seguramente tengo más semejanzas).

Salgo a mi curso de ajedrez y en el metro hay un grupo de chavitos hablando en voz alta de una tormenta. Es el tema del día, no cabe duda. Se esperan viendos de más de 150 kilómetros por hora, truenos, aguaceros, pero yo seguía sin ver nada. En el ajedrez sólo había cuatro colegas de 16. Seguro que no vinieron por la tormenta. Y aunque en un momento de las partidas de entrenamiento que hacemos se escuchó un gran trueno que sí hizo retumbar la sala, uno sólo aclaro, la verdadera tormenta fue un invitado al ajedrez que se autoproclama el rey del ajedrez en Berlín y quien, en tan sólo 20 minutos, nos barrió a los cuatro escolares y al profesor juntos. La dinámica de este "blitz" era que cada quien estuviera con su tablero y su reloj, y el Rey del Ajedrez Berlinés pasaría a cada mesa a hacer sus jugadas. Así barrió con todos.

Salgo del ajedrez y en mi celular encuentro un mensaje de texto de la Wika: "dicen que empieza entre las 19:00 y las 20:00, tengo mucho miedo de la tormenta, ya se murieron unas personas", y como cinco llamadas perdidas. ¿Será que ese sólo trueno que escuché en el ajedrez mató a algunas personas? Camino a casa ni siquiera me despeino.

Llegando al refugio Kreuzbergiano me encuentro con unos vientos esperándome en la puerta de mi casa. Sopló fuerte el condenado y sí me dieron ganas de volar. Enciendo el televisor y, en efecto, algo había pasado porque los trenes de Alemania detuvieron su servicio y hubo siete personas muertas. ¿Eh? Sí. De árboles que se cayeron o de ataques al corazón. Ofrezco una nota a mi periódico pero ni me contestan el correo.

Y recibo uno de un colega estadounidense que me dice, "ja, esto de ma cosquillas, si los alemanes vieran lo que tenemos en Estados Unidos".

Yaotzin.

miércoles, enero 17, 2007

¿Se puede reír de Hitler? **

No es fácil presentar a Hitler dentro de una tina jugando con su barquito de guerra. De hecho, en general no es fácil hacer una comedia sobre Hitler.

Después de más de 60 años de que la Segunda Guerra Mundial llegó a su fin, se podría pensar que es fácil reírse de Adolf Hitler. Ya hace 10 años uno se rió y se conmovió con La Vida es Bella de Roberto Benigni o incluso durante la guerra, en los años 40, con El Gran Dictador de Charlie Chaplin y Ser o No Ser de Ernst Lubitsch. ¿Por qué no retomar a Hitler y su perrita Blondie en este Siglo 21?

Eso intentó hacer el cineasta suizo Dani Levy, con su película Mi Führer, La Verdad Más Verdadera Sobre Hitler, quien ya antes había tenido éxito burlándose de la condición de los judíos en Alemania con su película El Juego De Zucker. Ahora quiso hacer una película chistosa sobre el dictador. Pero todavía no se había estrenado cuando la sociedad alemana tomó la tribuna para cuestionar el hecho: ¿puede uno de verdad reírse de Hitler? ¿se puede caricaturizar al dictador austriaco aunque es un símbolo de terror?


Para los alemanes no es nada chistoso. Levantaron un debate en dos niveles, protegiendo a la figura del Führer de ser banalizada en bromas y criticando la baja calidad humorística del filme.

“La Caída del Gag”, tituló el periódico Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, haciendo una parodia del título en alemán de la película de Hirschbiegel, Der Untergang. En el semanario Der Spiegel se escribió: "El humor con el que Levy ridiculiza a Hitler rechina con una biografía seria del pobre judío Grünbaum y su acabada familia. Muchos de los gags no funcionan (…) Otra crítica es que Hitler es mostrado de una forma tan patética que el espectador podría sentir lástima por él”. El diario Tagesspiegel secunda: “¿Debería uno de reírse de Hitler? ¿de llorar por él? ¿de buscar apapacharlo por haber tenido una niñez terrible? No hay nada más vulgar que ello, y es lo que impulsa esta película”. El izquierdista Die Tageszeitung: “Hace 65 años uno era echado a un campo de concentración si hacía bromas sobre Hitler. Y ahora parece como si uno necesitara licencia para reír, como si hubiera una autoridad más arriba que decide si está permitido reír o no. Con Levy uno prefiere que prevalezca la precaución. Es una idea tan fija en la autoridad como el mismo Nacional Socialismo”.

En Alemania no hay lugar para el valor humano en Hitler. Es considerado un monstruo y todos los símbolos nazistas que salieron de esa época están prohibidos por la Constitución, llevando al arresto y pagos de multas por representarlos en público. Y precisamente por tratar de presentar un lado “humanizado” de Hitler, compasivo, enfermo y desvalido, la película La Caída fue duramente criticada en su país de origen.

Al parecer, los alemanes estaban esperando con ansiedad la comedia. Sí querían reír del dictador de antaño, pero como la obra resultó mal lograda cayó en el purgatorio de la ira. Por ahí se dijo que el director judío no se atrevió a hacer algo verdaderamente chistoso.

Incluso el debate se puso colorado cuando el actor que interpreta a Hitler, el cómico alemán Helge Schneider, se distanció del proyecto porque dijo que con la edición de postproducción se hizo que toda la historia se enfocara en el judío Grünbaum y no en Hitler mismo, como originalmente estaba planeado.

Uno entra al cine a ver Mi Führer… para reírse pero sale más bien pensativo.

Mejor ríamos de nuevo con El Bónker de Adolf.

Yaotzin.

** Extracto de una de mis publicaciones.

jueves, enero 04, 2007

Sólo el clima es intermedio. ¿Y el verde del Ampelmännchen?

Así se veía el clima para hoy, mañana y pasado mañana:



Esto es lo único que no soportamos por acá, lo grisáseo de las nubes, pero por lo demás todo es correcto, o blanco o negro.

Más allá de la lluvia, de la nieve o de los vientos huracanados que conlleven, estas nubes grisáseas destapan otro fenómeno: el alemán explota. Se disculpa, se queja todo el tiempo.

A mí muchas veces me han pegado esos peatones que nunca se quieren fijar por donde pasan, cilcistas también; me dejan esperando al atenderme en las tiendas, me dan mal el cambio, las personas llegan tarde a una cita o discuten conmigo sin tener la razón, pero nunca me ofrecen una disculpa. En cambio, si las nubes están grises y así se quedan por días, hasta me llaman por teléfono para decirme cuánto lo sienten.

En los bares o cafés es la forma de iniciar una conversación, "oh, das Wetter, wie schrecklich! oder?"

Si hubiera una "línea caliente" (hotline) del clima, las líneas estarían saturadas. Thor, probable nombre del administrador, tendría que contratar a decenas, no qué va, miles de telefonistas que atiendan las quejas de los alemanes.

Pero sin nubes, los alemanes no se quejarían y muy pocas veces mostrarían una parte débil de su ser. También son las nubes las que los mantienen en casa o en la oficina, trabajando y siendo productivos.

Y aquí estoy yo ahora, haciendo lo mismo. Quejándome apasionadamente y esperando que mi mensaje cibernético lo lea el dios Thor. Yo mismo he asimilado esta forma de ser.

Pero las nubes son el único punto intermedio que he podido encontrar en este pueblo. Es además la temporada de las artes, de ir a los museos, de ir al cine, de empaparse de cultura. De ahí en fuera, todo funciona como los semáforos peatonales. Si es verde, se camina, si es rojo uno se detiene.

¿Alguien ha visto como en muchos cruceros de Alemania, quizás ya no tanto los de Berlín, la gente se queda detenida con el rojo peatonal? grandes y chicos, mujeres y hombres. Y sí, es lógico, pero ¿dónde está la capacidad de razonar para adecuar la realidad al bienestar humano? Me explico: el semáforo peatonal permanece en rojo por un minuto, quizás a veces más, pero no viene auto alguno. El crucero es convencional, dos calles rectas en las que se puede ver bien a lo lejos si pasan los autos. Si no se ve peligro ¿por qué no romper la regla?

No se trata de ganar tiempo porque ¿qué son 30 segundos o un minuto o más? No se trata de alcanzar el metro porque atrás viene otro, no se trata de ser rebelde porque sí, se trata sólo de dejar ese espíritu cuadrado de decir que no o que sí y de considerar espacios intermedios. Ejemplos me han tocado muchos, como el no puede usted registrarse para este evento un día antes, no nos hizo usted la solicitud antes, no dejo abierta la tienda un minuto más, no le doy su paquete si no me muestra una credencial de diputado, no te puedo ver hoy aunque me importas mucho porque ya tengo una cita, etc.

Yo he respetado muchos de esos "no", pero no por eso voy a dejar de cruzarme la calle cuando esté en rojo y no vengan autos, y más aún cuando las nubes estén grises y estén a punto de echarme sus truenos encima.

Yaotzin.
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