lunes, agosto 22, 2005

* Historias desde dentro (Marienfeld 5)

BERLÍN.- Todavía lo recuerdo muy bien. Estos sentimientos se quedan en el recuerdo y pasan a formar parte de la histotria hablada: Planeé como un alemán y tuve suerte de mexicano.

Me subí en el primer autobús que saldría del Marienfeld. Ayer. Después de la misa de Benedicto XVI. Salí a tiempo y caminé mis tres kilómetros para llegar a una de las tantas filas de autobuses. Todo iba bien, llegaría a tomar mi tren al centro de Colonia a tiempo para poder trabajar en Berlín. De Marienfeld a Colonia se hacían como 40 minutos sin tráfico. Lo comprobé con la venida, y yo tenía ahora dos horas y media para llegar a la estación de tren. Todo iba muy bien. Demasiado bien.

El chofer arrancó. Tuvo algunos problemas con la transmisión, no podía ser nada malo, ya nos habría cambiado de autobús. Empezó a bajar la colina. Estábamos saliendo. Seguíamos las desviaciones como las había establecido la policía. Pero, en un momento, pasó un autobús lleno de peregreinos por el otro carril. Sí, por el lado contrario. Algo había raro. Pasó otro. Otro más. Y entonces nos detuvimos. Llegamos a una fila de tráfico donde se veía adelante un grupo de peregrinos. Parecía que sólo retrasaban el paso de los automotores. No, no era eso. Estaba bloqueado el paso por completo. No, ¡peor! resultó ser una de las tantas filas de los autobuses que recogían a las personas para llevarlas a Colonia, y de repente mi autobús, bueno, nuestro autobús, el de los primeros peregrinos en salir, estaba en esa fila. ¿Qué hacía ahí? ¿cómo llegó ahí?

El chofer no quería dar vuelta porque 'estaba prohibido'. Y no entiendo. Recuerdo tantas veces como un chofer de autobús mexicano apenas ve un síntoma de tráfico y se brinca con su armatoste de 50 pasajeros cualquier barda o zanja para irse a otro lado. Pero no, este chofer no, a pesar de que todas las reglas estaban rotas ya con el millón de peregrinos sueltos por ahí. Se metió más y más en la fila y ya no había ni la posibilidad de pensar que se daría la vuelta. Grité, le grité. No sé cuántas y cuáles palabras utilicé en alemán, yo estaba ya fuera de mis casillas. Yo no quería peregrinar más, y menos en un autobús atrapado. Así que me bajé y empecé a caminar junto con otros peregrinos, cuesta abajo. Cinco kilómetros más hasta que encontramos otro paradero.

Hoy lunes pienso en el futuro que habrá deparado a mis colegas de autobús. Todos eran alemanes y si tenían la misma filosofía del chofer: 1.- o no quisieron romper la regla de bajarse sin ver un futuro concreto, 2.- o creyeron que saldrían de ahí en algún momento, no sé, quizás con una mano grandototototota que hubiera tomado el autobús y lo hubiera puesto de nuevo en camino. Así es Dios ¿no?

Yaotzin.

PS. ¿Y la suerte de mexicano? bueno, pues es que siempre nos pasa que cuando todo se ve muy bien es porque es irreal. Siempre nos pasa que ya logramos algo pero no podemos concluirlo. No sé si sólo es a mí, pero es un estado psicológico que he visto manifestado en mucha gente. Y a mí me sigue pasando.

* ‘Con sólo verlo me lleno de energía’ (Marienfeld 4)

‘Con sólo verlo me lleno de energía’ El promedio era de 100 mil por hora. Esa era la velocidad de entrada de los peregrinos al Marienfeld para oír misa con Benedicto XVI, hasta que el campo se saturó y obligó a los organizadores a utilizar radio y televisión para avisar a los espontáneos visitadores que ya ni se acercaran.

Pero todos querían un lugar con el nuevo Papa. Todos querían vitorear Bee-ne-de-tto, Bee-ne-de-tto. Todos querían estar presentes durante su primer viaje al extranjero.

La era de Juan Pablo II parece terminada. Él todavía se queda en la mente de algunos y en los recuerditos de las tiendas. Benedicto XVI está en las almas.

El Marienfeld está a 27 kilómetros de distancia de Colonia y no era fácil llegar ahí. El ejército y más de cuatro mil miembros de la policía de toda Alemania se encargaron además de cercarlo para dejarlo como una zona aislada.

Nadie que no hubiera acampado ahí la noche anterior o nadie que no hubiera tomado un autobús fletado antes de las siete de la mañana podía llegar después de otra forma a esta planicie que alguna vez sirvió como mina de carbón en medio de un frondoso bosque.

Grupos de amigos, familias enteras, niños y personas con discapacidades estaban ahí, entre el lodo y los sacos de dormir, y no se trataba de un Woodstock, ni tampoco de un evento para apoyar a países del Tercer Mundo, era sólo un acto de fe.

Por la noche algunos cantaron, otros sólo durmieron lo más que el clima los dejó, pues bajó hasta 12 grados. Las fogatas estuvieron prohibidas. La mañana del domingo sólo se esperaba la misa, nada más. Benedicto XVI llegó, dio una vuelta en el Papamóvil, ofició misa y se fue. No hubo otra actividad. Y para eso llegó más de un millón de personas.

“Míralo, míralo, ¿a poco no vale la pena estar aquí por él? ¿no sientes la fuerza que le inyecta a tu alma? No se trata sólo de una persona, sino de un ejemplo a seguir y con sólo verlo creo que me llenaré de energía”, exclamó Guido, un chavo italiano de 22 años de edad que alcanzó un lugar hasta el frente de todas las filas para ver al Pontífice.

Pero verlo lo más cerca no era el objetivo principal. Los últimos llegados al Marienfeld se quedaron a más de 800 metros de distancia y ni siquiera alcanzaban a ver alguna de las megapantallas que estaban instaladas a lo largo del campo. Lo único que importaba era estar presentes.

“Es algo especial lo que se siente, no te lo puedo explicar, si ves cómo todo mundo se emociona tan sólo por escucharlo o verlo, también te contagia. Necesitarías estar aquí con nosotros”, dijo la francesa Marie-Pierre, de 23 años.

Benedicto XVI estuvo en dos momentos en el Marienfeld, una el sábado por la noche para presidir la Vigilia, y la otra el domingo por la mañana para celebrar la misa de despedida de la Jornada Mundial de la Juventud, y en ninguno de los dos sorprendió con mensajes moralistas. Él sólo quería que los jóvenes, sus ahora jóvenes, empezaran a sumergirse en el concepto de religión que él tiene, una no sea individualista.

Homilía

 


Un sacerdote alemán comulgando (pizza) antes de la misa dominical. En este momento todos estaban abriendo las cajitas de desayuno que ya habían recogido desde la noche del sábado.

domingo, agosto 21, 2005

* El martirio (Marienfeld 3)

Son casi las doce de la noche del domingo. Y ya no estoy en el Marienfeld, sino en Berlín después de un largo peregrinar.

Yo quería estar informando de lo que pasaba ahí en tiempo real, pero me perdí. Las multitudes me comieron. Un millón de personas se dice fácil, pero son muchos kilómetros a la redonda. Son 8 mil 500 autobuses de turismo, son 250 estadios de futbol juntos llenos hasta el nivel de la cancha, son, son, son un mundo de gente.

Los autobuses terminaron por desquiciarse. ¿Cómo pueden ir tantos autobuses en la misma dirección? ¿cómo se los puede abordar con calma? Todos íban en son de paz, menos yo que tenía que trabajar. Pero aún así, en paz o en guerra, los humanos somos unas bestias al hacer todo en bola. Y eso fue lo que pasó al tratar de alcanzar Colonia, al tratar de hacerlo en autobuses.

Todo empezó con la misa, esa famosa misa del domingo. La conexión a internet se acabó en ese momento. El blog perdió su actualidad por eso. Había que escuchar a Benedicto, Benedikt, Benoît, Benedetto, decir misa en todos los idiomas posibles. Al mismo tiempo tuve que estarme aproximando a la salida con cada amén que daba. Y la salida estaba como a dos kilómetros de distancia dentro del campo. Poco a poco, paso a paso, oración tras oración. La señal de la cruz final fue la marca de la salida a galope. El Papa terminaba, pero lo nuestro comenzaba, y vaya que fue la peregrinación más larga.

Ahí me perdí. No llegué a Colonia sino en tres horas y sólo para trabajar. Llegué a Berlín a lo mismo y ya me dio la hora de dormir.

Benedicto XVI es un cabrón. Lo supo hacer desde el principio. Pero, ¿qué es realmente en lo que la gente cree?

Yaotzin.

* Un amigo siempre es un amigo... ¡y ahí estará! (Marienfeld 2)

Son las 10:16 de la mañana. La misa está por comenzar. El Papa ya está en el terreno de juego. Los peregrinos dejaron de hacer sus largas, laaaargas filas para el baño y fueron a tomar posesión del mejor lugar que pudieron para ver lo más cerca posible al Papa. Imposible. Hay que tolerar las pantallas gigantes y verlo como si se tratara de un concierto de rock.

Entre los 5 mil mexicanos que debe de haber por ahí, me encontré con un amigo. Hacía años que no lo veía y nunca hubiera imaginado que hubiera alguien tan, no sé si es la palabra, ¿fanático? de estos eventos religiosos como él. Esta es su cuarta Jornada Mundial de la Juventud.

Cuatro.

Y lo encontré en medio de un terreno del tamaño de 270 estadios de futbol.

¿Será obra de 'alguien'?

Y.

* Así sea (Marienfeld 1)

Son las 8:15 de la mañana en el Marienfeld, o Campo de María. Los 700 mil jóvenes que vinieron a Colonia para ver al Papa y estar en la Jornada Mundial Juvenil se están despertando apenas. Todos durmieron al aire libre. Todos están mojados.

Todos creen en algo.

Cuando digo que yo reniego el catolicismo, las personas a las que he entrevistado me insisten que aquí fui enviado por algo. Que hay "alguien" que me guió hasta acá.

Mi periódico se equivocó estúpidamente y en lugar de publicar mis notas publicó unas provenientes de las agencias de noticias. Pero aún así creo que aquí yo fui enviado para reportar. Al menos eso intento hacer.

Espero que así sea.

Yaotzin.

viernes, agosto 12, 2005

Desatan debate extranjeros en Alemania

Era agosto de 1992 cuando, en la ciudad de Rostock, al norte de Alemania, un grupo de neonazis incendió un edificio que servía de asilo para extranjeros. Eran 800 militantes de la extrema derecha que gritaban "Alemania para los alemanes, extranjeros fuera", mientras el edificio estaba en llamas.

El pasado martes 9 de agosto un edificio en Berlín se incendió y murieron nueve de sus habitantes, todos extranjeros. Esta vez no hubo nadie que festejara el hecho, pero sí quien se aprovechó de este para desacreditar a los extranjeros.

Después de que el fuego fue apagado, el jefe de bomberos hizo declaraciones que molestaron a algunos políticos y que dejan los tinteros vacíos en los artículos de los diarios.

"La causa de una alta cifra de víctimas se debe a los escasos conocimientos de alemán de los que ahí habitaban", dijo Albrecht Broemme, de 52 años, y que ocupa desde hace más de una década la jefatura de bomberos.

También un político del partido conservador, la Unión Democristiana (CDU), Volker Liepelt, se aprovechó del asunto de cara a la elección de septiembre.

"Esta catástrofe es una trágica muestra para que los extranjeros vean cuán importante es aprender alemán aquí. Se debe luchar contra la tendencia de los ghettos. Se debe poner en práctica el principio de que quien no esté listo a aprender el idioma de este país, donde piensa vivir por mucho tiempo, no tiene el derecho de recibir ayuda del Estado", dijo Liepelt, político de larga carrera que está postulado para un asiento en el Parlamento.

En varias declaraciones, los testigos y vecinos dudaron que las víctimas se hubieran podido salvar de haber hablado bien el alemán, pues adentro había un infierno de 800 grados celsius y gases intoxicantes.

Las víctimas, entre ellas cuatro niños, un adolescente y cuatro adultos, podían haber estado ya muertas al momento que se les daban las indicaciones para salvar su vida.

"El incendio terminó y no se debía de culpar a alguien, se debería de hablar de que ya no estamos en la posición de pensar fácilmente en lo humano cuando se trata de migrantes en el país", reflexionó Guenter Piening, diputado berlinés, de la comisión de Integración.

Mencionar la palabra "extranjero" en Alemania es meterse en la boca del lobo por el significado que ésta tomó durante la época fascista, y cualquiera que lo hace hoy en día es con conciencia y con un tono político para ganar adeptos socialistas o derechistas, opinó el sociólogo Nikolai Genov.

La fiscalía no descartó que este fuera un incendio intencional porque entre las víctimas había polacos y kosovares, representantes de los grupos de inmigrantes que en Alemania acaparan la fuerza laboral y el mundo musulmán, respectivamente.

El Ministro del Interior de Berlín, Eckhart Koerting, salió a echar su balde de agua al decir que esto no se debe de tomar como un ataque racista ni criminal.

Yaotzin.

* El significado del silencio electrónico (o los efectos de la distancia moderna)

Mis tíos o antepasados que tuvieron que emigrar de su tierra por alguna razón parecieron no tener este problema. El problema de la distancia.

Imagino que alejarse de su país implicaba la pérdida total de la familia o los amigos. Claro, tomando las distancias adecuadas. Uno siempre podía viajar de regreso al país en cuanto lo quisiera y podía reencontrarse con cuanto ser querido se haya quedado abandonado.

Sin regresos, alguien debió de haberse subyugado al poder de la distancia. ¿Qué significa después de todo una carta postal que, al menos en México, siempre tarda más de dos o tres semanas en cruzar el Atlántico? ¿o una llamada tan cara que te pone más nervioso y te hace decir menos cosas, aunque quizás las más tiernas? Eso era antes. Hoy no es menos frío, tan sólo por el hecho de que no hay contacto humano, pero sí es más inmediato. Videoconferencia, chat, teléfono con compañías baratas, correo electrónico, blogs, fotografías instantáneas, todo, sólo falta tocarnos por las ventanas y sentir el beso o el abrazo de aquel ser querido.

Hoy, a un año y dos meses de haber emigrado, he tenido que pensar mi amistad con... uy, me hacen falta los dedos de la segunda mano, ¿seis personas? ¿siete? Ya no sé y creo que mejor no quiero saberlo, me lastima cada vez más. No quiero decir todavía que he perdido amigos o que éstos ya no quieren ningún contacto conmigo, pues cuán común es decir que un amigo es para siempre, es más, cuántas veces yo he dicho esa frase también. Y creo que es cierto, pero también creo que una relación puede evolucionar, sufrir una metamorfosis, para mal o para bien, y todo a causa de la distancia.

Uno de mis amigos nunca me escribe por correo. Peor, nunca me contesta las preguntas personales que le hago; sin embargo siempre es el que más tiempo me dedica a mis pláticas cuando nos encontramos, ya dos veces en México y una en Alemania. Otro de ellos nunca quiere escribir pequeños detalles de su vida y se espera hasta que en cuatro meses ha juntado un correo electrónico novelesco tan lleno de información como un libro de Umberto Eco; la comunicación ahora está completamente rota. Otro amigo sólo me escribe para que le corrija sus textos o para ver cosas de él, él, él y nunca se le ha cruzado en sus líneas alguna pregunta con la intención de saber más o menos cómo estoy. Otro de plano sólo me manda chistes por internet, no tiene tiempo para escribir pero sí para adjuntar archivos de más de un mega. Otro hay que decir que es más constante, el más constante de todos, pero muchas veces es porque nos encontramos en un juego electrónico que se lanza cada dos veces en la red.

Y el último... el último de mis ejemplos --que conste que dejo otros fuera-- es el de mi más querido amigo, quien no sólo dejó de escribirme, sino que me ha mandado silencios como respuesta. Ésa puede ser la parte más cruel de la historia, cuando te escribes con alguien, tratas de ser sincero, de entregarte, incluso de ser un pesado con lo que se dice pero no por ello dejar de ser amigo, y te dan una patada por el culo con un silencio, con dos, con tres.

No responder a la inmediatez que provocan los sistemas electrónicos puede ser causa de un ataque cardiaco para quien espera la respuesta. Me pregunto cómo estará el que no responde, ¿tendrá una cara demoníaca y con un dedo aprieta el botón 'delete'? Pero no responder a la no inmediatez, cuando ya hubo un espacio de tiempo no sólo de unas horas, sino de días y hasta de un par de semanas, se me hace cruel, sobre todo cuando hay preguntas y un "diálogo" de por medio. ¿Qué es entonces un correo electrónico de una persona querida? no es un "spam" o un correo no solicitado. No es un anuncio publicitario. No es uno propagandístico. Vaya, yo no escribo para eso y creo que nadie que esté de mi lado tampoco lo haga.

El teléfono puede ser algún medio eficaz. Las compañías baratas en Alemania no son siempre buenas y a veces las comunicaciones están con eco, se cortan o tienen basura en la línea. La diferencia de horario también juega un papel importante. En este caso prefiero utilizar las palabras escritas porque tienen mucha más fuerza, porque puedes pensar lo que quieres decir y contestar, porque puedes jugar de otra forma con el lenguaje, porque es una experiencia nueva. Y así ha funcionado con mis nuevos conocidos, con algunos amigos, con mi familia con quien se ha estrechado mucho la relación.

Otras personas que me importan sólo se comunican con silencios.

Yaotzin.

jueves, agosto 11, 2005

* El castigo divino

Hoy, en un día de verano, utilicé por primera vez mi abrigo de invierno.

Sí, el verano ha sido tan malo y corto que la gente ya no sale en playeritas, minifalditas y huaraches, sino abrigos, rompevientos, gorros y paraguas. Bueno, la otra vez, como una excepción, vi a una alemana con sandalias y una bufanda. Fue el colmo pero quizás era la nueva moda de ropa que ni Hugo Boss ni nadie ha podido diseñar para climas tan imprevisibles como los de esta parte continental de Europa.

¿Qué hicimos, bueno, no, qué hicieron los alemanes y demás países de la periferia para tener, primero, solo unos cuantos meses de verano y luego para que este verano del 2005 fuera tan espantoso?

Estúpido, sí, nadie puede hacer nada contra eso. El continente y el clima no están determinados por la condición humana, pero mi reflexión, en estos días católicos (viene el encuentro con el Papa en Alemania la próxima semana) es más del lado del castigo divino.

Alemania tiene las mismas características de un país latinoamericano, menos el clima. Se ha demostrado recientemente que es un país tan corrupto como cualquiera de América Latina. Los políticos prometen y no cumplen. En el parlamento hay shows de circo como en la Cámara de Diputados de México. Se habla de una culpa por crímenes a la humanidad como en Chile se castiga el recuerdo de Pinochet. Los sectores médicos y laborales se van a la huelga como en Ecuador o Bolivia. Hay ataques a extranjeros como en Colombia o algún otro país. La izquierda extrema gana poder como en México, Uruguay, Bolivia y Venezuela, por poner ejemplos. Pero el clima permanece el mismo.

¿Qué hacer?

Resignación. Jugar basquetbol en una cancha lluviosa, tomar un café y leer el periódico en contra del viento. Caminar y observar a la gente.

Yaotzin.

miércoles, agosto 10, 2005

* Metamorfosis

Llevo un año aquí.

Bueno, no, un poco más.

En ese tiempo he sufrido cambios. Y tengo que escribirlos para que alguien lo atestigue, perdón, lo atestigüe, con la diéresis.

1.- Soy más puntual. En lugar de llegar 15 minutos tarde, más o menos, como un colchón de tiempo para asegurar que mi interlocutor o interlocutora ya esté en el lugar de la cita cuando yo llego, ahora llego a la hora en punto o cinco minutos más tarde. Es el promedio. No es completamente puntual, pero ahí no radica el cambio. El cambio es que ahora me estresa estar a la hora citada. Me preocupa tratar de lleguar unos minutos antes o no más de cinco minutos tarde.

2.- Hablo del clima. Mi papá siempre me ha preguntado por el clima en casi todas las conversaciones por teléfono. Es algo más tierno y como la primera sensación con la que él puede percibir mi bienestar, antes que pura plática barata o... alemana. Yo he aprendido a odiar el clima. En octubre pasado me deprimí. En el verano de ahora me muero de frío. Si hay un pequeño hoyo de sol en las nubes, trato de aprovecharlo. Si hay un buen día soleado, también pienso cómo puedo aprovecharlo. Así es la vida, por algo las flores se sienten felices cuando les apunta el sol.

3.- Planeo. Ya no sólo me preocupo por el horario de las citas, sino por las cosas que voy a hacer. Que una no interfiera con otra, cuáles efectos habrá, en qué momento puedo hacer algo, y leer las pinches y malditas letras pequeñas de cada estúpido contrato social que se contrae con las diferentes instituciones. Bueno, todavía no soy un gran estratega, pero en esas ando, estoy en este proceso, por eso se llama metamorfosis.

4.- He cambiado las muletillas. En México existen esas odiosas muletillas en las que cada vez que uno se saluda o despide se dice ¿cómo estás? sin de verdad pensar en lo que se está preguntando. Ahora, cada vez que las uso, estoy conciente de lo que digo.

5.- Me quejo. Si la calle tiene una caca, es culpa del Estado.

6.- Luften, luften = airear. Aunque como algunos otros conceptos no creo que sea propio de los alemanes, sí he visto que muchos tienen la costumbre de airear, o sea, abrir las ventanas de la casa u oficina durante un espacio temporal determinado para impregnar un ambiente más natural. Y yo no lo hacía antes y ahora sí.

7.- La panza desapareció. Escaleras y pocos tacos, y no un ideal norteamericano de belleza, han hecho que mi panza deje de tocar la fría hebilla del cinturón.

Yaotzin.

lunes, agosto 08, 2005

* Identificación oficial por favor, o-fi-cial De la seguridad o la pérdida de la confianza

De cara a las decenas de atentados, al reciente anuncio de un islamista arrestado que tenía marcados en rojo en su mapa Bonn y Fáncfort (no seguramente para hacer compras), y con la venida del Papa y el Mundial de futbol, Alemania está en un estado de alerta.

Y estado de alerta o no, le seguridad aquí tiene que ver más con un código no escrito de reglas, como ésa en la que si uno está invitado a una fiesta tiene que llevar la invitación en papel; si hay que recoger un paquete hay que mostrar una identificación o si hay que registrarse en un evento como periodista hay que llenar un formulario previo con no sé cuántos meses de anticipación.

Patrañas.

Las reglas se pueden romper, yo las he roto, y sólo es cuestión de confianza. Así que yo diría que Alemania está perdiendo poco a poco la confianza. Ese es el tema. Hace unos tres años recuerdo que al ir a la tienda de discos más grande de la ciudad, Dussmann, veía los CD sin un celofán que los cubriera y cualquiera que lo tomara podía ver el disco y, en todo caso, tomarlo. Hoy en día las cajas ya tienen celofanes y hasta cajas de plástico de seguridad. Así es el mundo y, aclaro, yo nunca tomé ninguno de esos discos, si es que alguien llegó a ver una caja vacía.

Pero, bueno, estábamos con la confianza. En Alemania uno puede, o podía hacer lo que fuera. Dejar la bicicleta afuera sin cadena, dejar algunas cosas en la mesa, dejar sin llave las puertas de los edificios, vaya, algo normal, no exagerado, todo por un momento, pero es ese precismo momentito el que en México ya ni existe; es ese preciso momentito el que hace la diferencia. Aquí el 'lost & found' sigue siendo una institución que sirve.

Pero llegan los problemas internacionales y las instituciones internacionales y todo debe de tener carácter de oficial, de inquebrantable, de cuadrado. Con un par de aventuras he conocido, entendido, asimilado y aprendido a utilizar el significado de la palabra "spießig", léase shpisig para entender más o menos cómo se pronuncia. Literalmente, la palabra refiere a alguien que es cuadrado o poco flexible. Muchos dirían que es uno de esos conceptos en los que se encuadra a todos los alemanes, pero la verdad es que no me aventuraré a clasificarlos a todos dentro de este género porque también he conocido excepciones.

Hace unas semanas tuve que ir a recoger un paquete que me llegó al correo. El día era bonito y la semana prometedora. Ergo, toda la gente era alegre para mí. Hice mi larga, perdón, mi siempre larguísima fila para el correo (que funciona como banco, como tienda y como escritorios de envoltorio de regalos). llegué con la cajera y con la sonrisa en la cara le dije que tengo un paquete esperándome. Le enseñé el mensaje que me dejó la empresa en mi buzón y un comprobante de mi identificación oficial. Ya, claro, eso lo tengo que explicar. Mi única identificación oficial, oficial, oficial aquí en Alemania es mi pasaporte, pero justo esa semana me lo pidió la Oficina de Prensa para resellar mi visa y quedarme un año más. Y justo esa semana me llegó el mentado paquete de mi periódico preferido. El pasaporte me lo regresaban hasta un día después de que mi paquete podía estar en el correo, después éste se iría de vuelta a su lugar de origen por no haber sido reclamado.

Bien, pues yo mostré un comprobante que ya me había dado la Oficina de Prensa para casos como éste y, además, mostré un juego de naipes con todas las credenciales con foto que pude conseguir. La oficial de México, la de prensa que me dio la misma Oficina de Prensa, la de prensa de una asociación de acá, otra de prensa de otra asociación (para las que tuve que haber mostrado mi pasaporte para tramitarlas), mi tarjeta de descuento con foto de los Ferrocarriles de Alemania y hasta mi tarjeta de crédito. No podía haber pierde, tenía que ser yo. Bueno, además, ¿cómo chingaos pude haberme hecho yo de un mensaje de Correos que me decía que tengo un paquete esperándome? ¡Hasta llevaba la llave de mi buzón de la casa!

La mujer de la ventanilla sólo me miró y me dijo, con toda la paciencia del mundo: a ver, la hoja comprobante de la Oficina de Prensa mmmmmm, no va, no está certificada; las tres de prensa no son oficiales, la oficial de México tiene la firma por detrás y cosas que no se entienden, y la de los trenes mmmmmm, pus no. A ver, aquí en la pantalla de mi computadora dice que usted me debe de presentar un pasaporte y aquí no veo uno, mmmmmm, una identificación de militar, una de diputado, una de funcionario de algún ministerio, bla, bla, bla.

¿Por qué no se han facilitado las cosas para los periodistas?

Me di la media vuelta y me fui. No era yo y no quería dejar de ser yo con un grito que pude haber dado.

Tengo más ejemplos, pero con uno es más que suficiente por el momento. La gente que me ha dejado entrar a sus fiestas sin invitación, a las conferencias de prensa sin enlistarme o que me ha dado acreditaciones sin pasaportes ni cartas, ¡viva!

Yaotzin.

Así que
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...